YORYI MOREL (1906-1979)
La obra pictórica de Yoryi Morel se destaca por la limpidez
y precisión de sus pinceladas, que atrapan al vuelo un
instante de la realidad, inmortalizándolo en el paisaje del
Cibao que aparece en sus lienzos impregnado de las luces y los
olores propios del campo. La técnica es comparable a la de
ciertos pintores impresionistas europeos, pero los temas son
otros y no hay duda de que los impresionistas franceses
hubieran envidiado la luz desbordada y las sombras iluminadas
de la campiña nuestra, que cobra vida y se hace trascendente
en los mejores lienzos de Morel.
Aunque algunos afirman que fue autodidacta, el dominicano
Yoryi Morel comenzó a estudiar pintura a los once años con el
pintor santiaguero Juan Bautista Gómez, quien reconoció la
habilidad natural del niño. Morel realizó su primera
exposición individual en Santo Domingo en 1932.
Fue el fundador de la Escuela de Bellas Artes de su ciudad
natal. Se dedicó por largos años a la labor pedagógica en
Santiago y en Santo Domingo. Participó en la Primera Bienal
celebrada en el país en 1942. Sus obras han concurrido a
exposiciones celebradas en importantes ciudades de América y
de Europa.
Obtuvo en 1952 el Primer Premio de Pintura en la VI Bienal.
Es el artista dominicano que, en su tiempo, mejor plasma la
luz y el paisaje en rítmicos y admirables colores, razón por
la que ha sido el maestro por excelencia de varias
generaciones de pintores. Sus pinturas, dibujos tienen el
sello característico de un estilo pictórico con libertad y
disciplina.
También trató la figura humana: retratos, desnudos y otras
composiciones, dentro de un amplio diseño y monumento de
síntesis pictórica. Sus cuadros se distinguen par los profusos
caseríos y montanas envueltos por un aire claro y sutil. Lo
panorámico en su paisaje se convierte en metáfora, en
infinidad de interpretaciones, por el enfoque plástico y el
ambiente costumbrista en que los envolvió. EI color en su
pintura esta relacionado a las emociones de artista, a su
contorno y a su contacto con la naturaleza. En algunos cuadros
como "Nocturno", tiende hacia una visión del sentido artístico
y a fortalecer los caracteres de la vida del hombre del campo.
Según expresa Danilo de los Santos: "Su entusiasmo
revitalizador por la circunstancia nacional, que no busca como
los pintores de 'tendencias románticas' la idealización o el
recuerdo, sino una objetivación franca de lo autóctono; la
inspiración tomada de la visión directa para exaltar, como en
el impresionismo, la luz y el color. EI tropicalismo expuesto
en el panorama cielo-mar-montaña, montañas-valles,
vegetación-pueblo, hombre-paisaje. Su insistencia en el
tipicismo que toma como modelo lo mismo al campesino que a la
marchante, al buhonero, a la mujer del río, al limosnero, al
pescador o al muchacho de la calle, y nos da un retrato donde
desnuda hasta la tristeza resignada, condición psicológica del
hombre dominicano".