ARTE CONTEMPORÁNEO

 

LA XI DOCUMENTA DE KASSEL

UNA FRUSTRACIÓN ESPERADA

 

 

 

2002

Documenta XI: una frustración esperada
* Los presupuestos teóricos del curador de la Documenta XI no eran nada estimulantes, no se centraban en los problemas del arte y presagiaban un seguro fracaso. Fue lo que pasó.



Video de William Kentridge.

La elección de Okwui Enwezor como director de la Documenta XI suscitó el entusiasmo inicial y el aplauso casi unánime de los países no europeos. Era la primera vez que un estadounidense (aunque nació en Nigeria, se formó y vive en Nueva York) asumía la responsabilidad del más importante certamen internacional de arte contemporáneo. No es pues una personalidad representativa de las culturas tercermundistas, como algunos, ingenuamente, creen. Formado en literatura y ciencias políticas, con curaduría en una de las bienales de Johannesburgo, ya desaparecida, sin credenciales como crítico o historiador de arte, era inevitable, desde el vamos, el largo camino hacia el fracaso. Los artículos publicados en distintos países (algunos más virulentos en Italia, otros más sinuosos y ambiguos en Alemania, muy directo y demoledor de Jean-Christophe Ammanm, ex director del Museo de Arte Moderno de Frankfurt) no reconocieron como positivo su empeño de cuatro años de labor.

De todas las documentas esta fue, para el asiduo, regular visitante, la de menor atractivo y compromete seriamente su futuro prestigio. Aunque hay que coincidir que las bienales (Venecia, Lyon o San Pablo) ya no son tan atractivas como antes. Se advierte una fatiga en la pesada organización de estas instituciones que intentan abarcar demasiado sin advertir que la situación mundial cambió. Quizá la menos afectada es Lyon, más concentrada en sus propósitos temáticos como la ejemplar dedicada exclusivamente al video y las instalaciones. En cambio, la osadía de la Feria de Arte de Basilea, con el espacio dedicado al sector experimental (Unlimited) se convirtió en el punto de referencia inevitable para conocer la situación actual de los creadores, el encuentro más abierto a los nuevos lenguajes en un ámbito de pujante energía que dura apenas una semana.

La Documenta XI se mantiene cien días. Los talentos de Harald Szeemann (en 1972) y Catherine David (1997) marcaron su espíritu inconformista e innovador, Jan Hoet (1992) lo consiguió en parte y logró, sin embargo, salir airoso en la edición novena. No se puede decir lo mismo de Enwezor, un hombre que demostró sus grandes limitaciones para entender el fenómeno estrictamente artístico, imbuido de una ideología trasnochada.

El plan de Enwezor fue la concepción en cinco actos o plataformas (el término ya fue incorporado en exposiciones montevideanas) que se dispersó por varios continentes antes de recalar como broche ilustrativo en Kassel. En 2001 empezó en Viena el coloquio sobre Democracia, un proyecto inconcluso, siguiendo el pensamiento de Habermas, el segundo en Nueva Delhi al mes siguiente, Experimentos con la verdad: justicia tradicional y procesos de verdad y reconciliación, la tercera plataforma fue un encuentro cerrado en la isla caribeña de Santa Lucía acerca de lo criollo y la cuarta fue una discusión sobre los procesos económicos y urbanísticos en cuatro ciudades Freetown, Johannesburgo, Kinshasa y Lagos, que tuvo lugar en esta última capital.

Con un equipo de cocuradores o consultores (Carlos Basualdo, argentino radicado en Nueva York al igual que el español Octavio Zayas, de la revista mallorquina Atlántica que tiene como colaborador a Enwezor, Ute Meta Bauer, Susanne Ghez, Sarat Maharaj y Mark Nash) el enfoque fue políticamente correcto sobre problemas sociales, culturales y políticos en un mundo poscolonial, seleccionando obras por su belleza y su energía, conceptos tan controvertidos como difusos. Lo que menos le interesó fue la situación social, política y de contextualización cultural del arte en un mundo globalizado. En vez de partir del arte, se hizo al revés. La quinta plataforma difícilmente ilustró la propuesta que, queriendo ser abierta y amplia, resultó más elitista que antes.

Esa dispersión geográfica de las discusiones no fueron accesibles sino a públicos locales (las fotografías enseñan una raleada asistencia) y la afirmación de que la mayoría de las obras fue hecha para la Documenta XI es un engaño: El argentino Víctor Grippo las expuso incluso en el Museo Blanes, el uruguayo Luis Camnitzer (hace 40 años en Estados Unidos) con obras anteriores y según un testigo, expuesta en la Bienal del Whitney, los dibujos de Louise Bourgeois recogen varias décadas de realización, las fotografías de Bernd & Hilla Becher están fechadas en 1971-73, el proyecto de Constant es muy conocido desde los años setenta (y aún antes ya en Brasilia), la instalación de Hanne Darboven proviene de 1997-98. Habría que tener un poco de prudencia en las declaraciones y no utilizar las estrellas del arte internacional como un anzuelo o pretexto para un acontecimiento que necesariamente, tiene que registrar la actualidad y no cristalizarse en el pasado.

Como de hecho es la visión del director y numerosos participantes. Hay un aire vetusto en el entendimiento de la realidad social y política como si desde los años sesenta y setenta nada hubiera transcurrido, como si los sistemas de tortura y colonialismo no hubieran tenido desplazamientos más sutiles y aberrantes que los aquí se muestran como documentos y sin imaginación creadora. A

bundaron en exceso las fotografías (todas de excelentes calidad, como es de suponer) y los videos informativos, terriblemente aburridos en una internacional, y sin la intención etnográfica recuperativa de la cultura esquimal del grupo canadiense en sus numerosos monitores que crearon un corredor de convivencia inusual en su variedad operativa.

La Documenta XI se modificó pero no para mejorar. Inclusive su presunta incorporación de artistas del tercer mundo es una farsa y sigue siendo tan paternalista y eurocéntrica como siempre, aunque se revista de ropajes aperturistas. Por lo menos las anteriores no intentaron engañar sin especular con espejitos de colores.

No hay peor cuña que la del mismo palo y el nigeriano Enwezor (afrodescendiente, un eufemismo hipócrita empleado actualmente para nombrar a los negros) afincado en Manhattan, lo demostró fehacientemente.

Y sin embargo, para críticos y artistas, tuvo un enorme interés por la presencia de individualidades que se diferenciaron de los dogmatismos ideológicos que se trazaron.

Quienes pudieron viajar y no lo hicieron quedaron inhabilitados para opinar no sólo sobre la Documenta, obviamente, sino sobre varios aspectos del arte de hoy que, por extensión se suscitaron en en los diferentes locales y parques de Kassel.

Los catálogos (son tres, una guía breve y suficiente, a la que se agregan dos pesados volúmenes, uno de excelentes fotografías y otro que nadie leerá y sin el sentido que le dio Catherine David al suyo que todavía, junto con la organización, sigue siendo un referente insuperado).

 

 

LOS CUENTOS DE UREÑA RIB

 

 
POESÍA DOMINICANA

 

franklin mieses burgos

CANCIÓN DE LA VOZ FLORECIDA

 

 

 

 

 

La poesía del dominicano Franklin Mieses Burgos sobresale en el ámbito de la poesía hispanoamericana por las sutilezas de su musicalidad, la rica profundidad de sus imágenes y la identificación plena entre los mundos físico y espiritual, que coinciden y se transubstancian creando hilos finísimos, vasos comunicantes que conducen a una eclosión etérea y al mismo tiempo apasionada. Esa conjunción abre espacios, sin embargo, para innumeras posibilidades expresivas. El asombro del poeta de ojos ardientes se pasea sobre su propia voz, que personifica y transforma en árbol o en llanto o en canción. Franklin Mieses Burgos es uno de los poetas más sólidos y conmovedores de toda la poética latinoamericana.

 

Fernando Ureña Rib


 

 

 

CANCIÓN DE LA VOZ FLORECIDA

Yo sembraré mi voz en la carne del viento
para que nazca un árbol de canciones;
después me iré soñando músicas inaudibles
por los ojos sin párpados del llanto.

Colgada sobre el cielo dolido de la tarde
habrá una pena blanca, que no será la luna.

Será una fruta alta, recién amanecida,
una fruta redonda de palabras
sonoras, como un canto:

maravilla sonámbula de un árbol
crecido de canciones, semilla estremecida
en la carne florecida del viento:
-mi voz.




ESTA CANCIÓN ESTABA TIRADA POR EL SUELO

Esta canción estaba tirada por el suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
la hallaron unos hombres que luego me la dieron
porque tuvieron miedo de aprender a cantarla.

Yo entonces ignoraba que también las canciones,
como las hojas muertas caían de los árboles;
no sabia que la luna se enredaba en las ramas
náufragas que sueñan bajo el cristal del agua,
ni que comían los peces pedacitos de estrellas
en el silencio de las noches claras.

Yo entonces ignoraba muchas cosas iguales
que eran todas posibles en la tierra del viento,
en donde la leyenda no es una hierba mala
crecida en sus riberas, sino un árbol de voces
con las cuales dialogan las sombras y las piedras.

Yo entonces ignoraba muchas cosas iguales
cuando aún no era mía
esta canción que estaba tirada por el suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
pero ahora ya sé de las formas distintas
que preceden al ojo de la carne que mira,
y hasta puedo decir por qué caen de rodillas,
en las ojeras largas que circundan la noche,
las diluidas sombras de los pájaros.




 

Franklin Mieses Burgos

 

 

Franklin Mieses Burgos
(1907 – 1976)



Nació y murió en la ciudad de Santo Domingo. Autor de una breve e intensa producción poética. Resalta por su exactitud a la técnica, su profundo lirismo y conceptos filosóficos de tinte existencial. Mieses Brugos fue uno de los iniciadores del movimiento literario de su país llamado "Poesía Sorprendida". Se determina por el acendrado Surrealismo y por su posición antidictatorial, en este caso, contra el gobierno del dictador Rafael Trujillo. Otros poetas que formaron parte de este grupo otros autores como Freddy Gastón Arce, Aída Cartagena y Gilberto Hernández Ortega, entre otros.

Fue, con el crítico y poeta chileno Alberto Baeza Flores y los poetas dominicanos Mariano Lebrón Saviñón y Freddy Gatón Arce, uno de los fundadores de La Poesía Sorprendida (1943-1947). Como anunció Alberto Baeza Flores en el primer número de la revista, “No sabemos si la poesía nos sorprende con su deslumbrante destino, si nosotros la sorprendemos a ella en su silenciosa y verdadera hermosura”. Ya en la contracubierta, se anuncia “estamos por una poesía nacional nutrida en lo universal, única forma de ser propia; con lo clásico de ayer, de hoy y de mañana; con la creación sin límites, sin fronteras y permanente; y con el mundo misterioso del hombre, universal, secreto, solitario e íntimo, creador siempre”. Así, por las páginas de la revista, pasaron Jules Supervielle, Paul Eluard, Robert Desnos, Pierre Reverdy, André Gide, Paul Claudel, James Joyce, George Santayana... para sólo mencionar los autores que aparecieron en los primeros tres números.

        Mieses Burgos fue, también, director ejecutivo del Instituto Dominicano de Cultura Hispánica y dirigió su revista, Hispaniola. Codirigió también la colección "La Isla Necesaria", la cual editó varios volúmenes de autores dominicanos.

        La poesía de Franklin Mieses Burgos, está caracterizada por un profundo lirismo: a veces existencial, otras veces política... y casi siempre surrealista. Su producción poética podía dividirse en tres categorías: la hermética, donde se manifiesta la influencia surrealista; la que sigue modelos clásicos (los sonetos); y la de temas populares. La primera, creemos, contiene quizás sus mejores poemas.
 

Podemos citar, entre sus múltiples obras poéticas, cronológicamente, las siguientes: Torre de voces (1929 –1936), Trópico íntimo (1930 –1946), Propiedad del recuerdo (1940 – 1942), Clima de eternidad (1944), 12 sonetos y una canción a la rosa (1945 – 1947), Seis cantos para una sola muerte (1947 – 1948), El ángel destruido (1950 –1952) y Al oído de Dios (1954 – 1960). Aquí presentamos un florilegio entresacado de varios de estos libros.

En cuanto a su poesía resumir algunas de las características que se encuentran en su poesía. Escribe al estilo tradicional con la misma facilidad con que escribe de acuerdo a la vena modernista y posmodernista. Al lado de una poesía sumamente elaborada y difícil encontramos poesía de formato popular, extremadamente musical y fácil. Puede seguir los moldes métricos de los antiguos como incurrir en los del momento vanguardista, etc.

Pero lo más admirable es que, bien escriba de una u otra manera, siempre se muestra auténtico en sus metros y temas. Emplea a veces metáforas sorprendentes, hasta llegar a lo audaz. Se nota con frecuencia mucho colorido sensual como substrato de lo onírico y psíquico y surrealista. Pero sobre todo ello, sobresale su apego al trópico: el sol, la vegetación exuberante y el mar. El mar es la marca común de casi todos los poetas isleños

Las nuevas formas de poesía tendrían en Franklin Mieses Burgos (1907-1976) a su figura puente. Mieses, autor de Sin mundo ya y herido por el cielo (1944), Clima de eternidad (1947) o Presencia de los días (1949), se caracterizó por su musicalidad lírica. Más sensual e imaginativo, casi lorquiano, fue Rafael Américo Henríquez (1899-1969), quien dirigió la revista La poesía sorprendida, editada de 1943 a 1947 y en torno a la cual se integraron importantes personalidades literarias dominicanas; además, escribió Rosa de tierra (1944).
 

 


LITERATURA

ANTONIO FERNÁNDEZ SPENCER

JOSÉ ALCANTARA ALMÁNZAR

JOSÉ MÁRMOL

JUAN BOSCH

MANUEL DEL CABRAL

MARCIO VELOZ MAGGIOLO

ENRIQUILLO SÁNCHEZ

EFRAIM CASTILLO

PEDRO MIR

JEANNETTE MILLER

ABIL PERALTA AGUERO

SALOMÉ UREÑA

PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA

RITA INDIANA HERNÁNDEZ

HILMA CONTRERAS

FRANKLIN MIESES BURGOS

FERNANDO VALERIO HOLGUIN

ANDRES L. MATEO

AMADO NERVO

ANTONIO FERNÁNDEZ SPENCER

CARLOS FUENTES

ENRIQUILLO SÁNCHEZ

JOSÉ RAFAEL LANTIGUA

JUAN JOSÉ ARREOLA

JULIA ÁLVAREZ

JULIO CORTÁZAR

JUAN BOSCH

FERNANDO UREÑA RIB

GABRIEL GARCIA MARQUEZ

MARCIO VELOZ MAGGIOLO

MANUEL RUEDA

MARIO VARGAS LLOSA

MARTA TRABA

PABLO NERUDA

PEDRO HERNRÍQUEZ UREÑA

HILMA CONTRERAS

RITA INDIANA HERNÁNDEZ

OCTAVIO PAZ

PEDRO MIR

PEDRO PEIX

MANUEL DEL CABRAL

SALOME UREÑA 

 

 

LA OBRA DE UREÑA RIB

CUENTOS

LA INICIACIÓN

CELAJES

MALENANORADA

EL NAHUAL

PULPO A LA GALLEGA

LA PORTEÑA

LA TOSCANA

LA PUTANA DE PERPIGNAN

LA TORRE VIGILADA

LA SOLUCIÓN EN EL OMBLIGO

LA VENUS DE TABOGA

VIENTOS DEL NORTE

LA VINDICACIÓN DE OMAR

EL ABRAZO

DEL LIBRO FÁBULAS URBANAS

OBRA PICTÓRICA

ABSTRACCIONES

ALEGORÍAS

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CRISÁLIDAS

DESNUDOS

DIBUJOS

FIGURACIONES

FORTUNA

ONÍRICA

LÚDICA

ORÁCULOS

DADORAS

NINFAS

OCEÁNICA

ORGÁNICA

DEL LIBRO DECIR LA PIEL

 

 

LITERATURA

 

 

 

 

Ureña Rib has seen his work exhibited around the World and holds a prominent position on the Art scene in his own country, but he admits to be particularly drawn to Montreal, which he visits annually. Renting a studio in the downtown Belgo Building, he immerses himself enthusiastically in the creative and diverse atmosphere of Montreal producing here his works.

FERNANDO URENA RIB

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Revisado: January 01, 1901
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