PINTURA ECUATORIANA

 

LAS IMÁGENES PRECOLOMBINAS DE

ANÍBAL VILLACÍS

Fernando Ureña Rib

 

 

Anibal Villacis, Arte EcuatorianoF

 

 

ANÍBAL VILLACÍS (1927) se apodera de la superficie pictórica del lienzo para hurgar misterios que se se remontan  a tiempos milenarios en los que el hombre de los Andes y del Altiplano se enfrascaba con el barro y el fuego para hallarse a si mismo en medio de la naturaleza desbordante, esplendorosa y salvaje de las sierras.

Ese deslumbramiento ante la magia de la existencia misma se percibe aun en las pinturas del ecuatoriano Aníbal Villacís.   Como en los mapas geodésicos, los símbolos acuden al ojo, convocados por el encantamiento que surge y surte  los dedos del hombre y de la piel misma de la tierra.  El lienzo no es mas que esa vasija ancestral que contiene esos símbolos, Aníbal Villacís los defiende con las uñas y los dientes, lo moldea paciente y laboriosos y los rememora en medio de un ambiente urbano y globalizador que tiende a aniquilar esos símbolos primigenios. 

La obra de Aníbal Villacís es pues poderosa e intensa porque encierra las huellas de un pasado inmanente del que el es un testigo presente y avizor. Aníbal Villacís es uno de los grandes pintores ecuatorianos y universales de hoy . Su influencia y proyección internacional quizás no sea tan plausible, pero se deja sentir con fuerza desde hace ya muchos años, en museos y  exposiciones internacionales donde se manifiesta que lo único que cabe ante su obra es el asombro. 

FERNANDO UREÑA RIB 

 

Ficha Crítica de Marco Antonio Rodríguez

Anibal Villacis

La realidad que el ser humano es capaz de aprehender es solo una interpretación de esa realidad. "El mundo es mi representación", decía Schopenhauer. En efecto, el hombre no conoce ningún sol ni ninguna tierra ni ningún mar, sino solo ese ojo suyo e intransferible que ve un sol, solo esa mano suya que toca una tierra o que hunde en la ola del mar.

Y solo conoce ese espíritu suyo que capta sol, tierra, agua y todo lo demás y lo interpreta según sus conocimientos, sensaciones, voliciones.
 

"En todo mi trabajo quiero que se vea la materia, que se vean mis manos: es esto lo que da sensibilidad a las construcciones plásticas", afirma Aníbal Villacís (Ambato, 1927). Y el histórico aporte de Villacís a nuestras artes visuales es, sin duda, el tratamiento de la materia que él construye con sus propias manos; luego vendrá la resolución de sus temas, obsesivamente coadunados a nuestro ancestralismo: historia y fantasía, pensamiento y prodigio, nuestras raíces más antiguas aliadas a recursos novohispanos (la imaginería) y recursos de la modernidad (colores cautivados en los raspados e incisiones únicos del maestro). Creación continua la vida consciente, el pasado sobre el presente acumulado para engendrar el futuro. El pasado, en la obra de Villacís, tiene vida de hoy, vida que se realiza en nosotros, los actuales, y cuando la contemplamos, en nuestra conciencia van aguzándose nuestros ojos, y vamos viendo también la vida de ayer. Las sombras del tiempo toman cuerpo, se congelan en formas hermosas y perennes. Y ahí quedan, para quienes vengan después.

Lo conocí en su casa del tradicional barrio de El Placer. Hacía tiempo que había rastreado en su arte y que su figura humana rondaba en mi imaginación. Siempre lo imaginé nervudo, encastillado, capaz de sostener el mundo oscuro y portentoso, milenario y pujante que él había creado. Pero Villacís es un hombre pequeño y amable, menudo y frágil, solidario y solitario, lúcido y sensitivo en extremo. Quien se aproxima a él se prenda de su transparencia y humildad. Su buen humor, vigente no obstante los infortunios vividos, le ha permitido desairar varias veces a la muerte y mantener sus manos intactas para seguir forjando su obra. Su amor por la vida está nutrido por su amor por los olvidados de la tierra y su compromiso con la historia de su pueblo, en plenitud.

La moneda de oro

"Todo pintor auténtico viene con una moneda de oro en la mano", comenta Aníbal Villacís, y rememora con tristeza a aquellos compañeros que desperdiciaron ese don, alejándose del arte o enceldándose en imposturas. Así es, de todas las expresiones del arte, la pintura es la que más se fragua en lo sensorial. Todo pintor va tras la aparición de una final e inasible verdad que pervive en la raíz de la materia y que designa la realidad otorgando sentido al universo de las aparencialidades, tornando el caos de lo representado en un medio que se alimenta de aquél y sostiene la tensión a través de la cual se evidencia la vida en toda su desmesura. La incesante búsqueda y construcción es lo que señala la tarea específicamente humana; la realización artística radica en precisar (elucidar y demostrar) esta realidad erigida, y en expandir el horizonte de la conciencia coherente, en descubrir nuevos atributos y signos para los refinamientos del sentimiento. En esta línea persevera la creación de Aníbal Villacís y de ésta se han sustraído ­por fatiga o comodidad­ muchos de los artistas de su generación a quienes evoca con afecto pero con pesadumbre.

Villacís cree que dibujó desde el vientre de su madre ­¡es tanta la pasión por su oficio!­ Lo cierto es que a los cuatros años, en su Ambato natal, ya tallaba en balsa, tiza, yeso, greda Por allí conserva nimias calaveras talladas en pepas de capulí. A los seis años perdió a sus padres. Su primera desgarradura. El primer enfrentamiento al vacío. Más tarde será su averiguación empecinada de la verdad en el arte la que lo deje inerme, solo. Una amiga de su madre, Olga González, se encarga de él. Lo hará con amor y abnegación. Al nombrarla, el artista no puede reprimir lágrimas de gratitud.

Las paredes de su nueva casa se convierten en espacios milagrosos para que el precoz artista dibuje con los carbones que consigue ­al descuido de su madre adoptiva­ del fogón hogareño. Poco después, su obsesión por los muros blancos lo inducirá a utilizar las grandes paredes de la ciudad. Nadie sabía quién era el perturbador nocturno que infringiendo ordenanzas municipales y buenas costumbres 'rayaba' paredes de casas y edificios. Una noche lo descubre en su febril jornada la esposa del intendente y avisa a éste para que castigue al irresponsable. El funcionario policial llega al sitio indicado, pero vacila ante los dibujos de Villacís; no, no eran simples 'rayas' o 'manchas', algo había en esos entramados de líneas que lo sorprendieron; halla, quizás, ese misterio del arte visual que impresiona hasta a los más alejados de éste. Se aproxima y distancia, mira y remira los dibujos, y en vez de reprender a su autor, lo premia con elogios.

La tauromaquia

Nada dejó la conquista salvo su sangre refundida (instinto, pero en muchos casos, amor también) que fraguó el mestizaje, y una religión que, muchas veces, fue cómplice de la aniquilación. Hubo extinción: no quedaron vestigios de muchos pueblos aborígenes, pero se unieron dos hemisferios que estaban separados por mil abismos. Y este hecho cambió la historia de la humanidad. De las grandes empresas que ha generado el ser humano a lo largo de los siglos, pocas tienen la significación y la grandeza de la gestación del Nuevo Mundo que es América. Y en cuanto a la religión, es verdad que se constituyó en una devastadora calamidad para quienes fueron conquistados, pero en nuestro continente empezó una reflexión de sus crímenes ­los perpetrados en Europa y en América­ a partir de que un cura dominico, Bartolomé de Las Casas, declaró que los indios eran 'ciudadanos' lo mismo que él, y denunció a los cuatro vientos el genocidio. Ese acto es, quizás, el más cristiano de esa época en el mundo.

Como quiera que fuese, el mestizaje no solo es la avenencia de la religión cristiana con la aborigen, como se ha asegurado, sino un colosal soporte, del cual la religión es únicamente un segmento. Esto explica muchos hechos, entre ellos, el que la fiesta de los toros se haya imbricado tan resueltamente en las costumbres de ciertos lugares de nuestro país y América (México, Perú, Colombia, Ecuador).

MARCO ANTONIO RODRÍGUEZ

 

 

 

 

 

 

MÚSICA DOMINICANA

SOBRE EL AMONÍACO

Y LA TRANSPARENCIA DE LOS GOBIERNOS

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

 

 
ALUCINANTE

Emotivo recital del maestro Molina, la OSN y Maridalia
 

Pachico Tejada - 6/26/2008




EL MOSAICO SONORO DE LA DOMINICANIDAD SE REALIZÓ CON EL AUSPICIO DE INDOTEL

El maestro José Antonio Molina, con la batuta, dirigiendo al principal grupo musical del país.
SANTO DOMINGO.- La Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el maestro José Antonio Molina, ofreció la noche del martes una experiencia estética alucinante. El décimo aniversario de la Ley de Telecomunicaciones fue celebrado con el “Mosaico sonoro de la dominicanidad”, presentado con el auspicio del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel) en la sala principal del Teatro Nacional Eduardo Brito.

La Sinfónica supo interpretar el “Bolero” de Ravel con gracia y maestría, como una pirámide invertida, desde la más mínima percusión, extendiéndose a los vientos y las cuerdas, hasta culminar en un apoteósico final en que toda la orquesta participa.

El emotivo concierto de gala concluyó con la magistral interpretación de la reconocida pieza de Ravel, que ratificó la calidad del maestro Molina y de nuestra Sinfónica.

Hubo una ovación de pie de la audiencia en un momento emocionante, al dejarse envolver por la magia de la música y la manera de llevar la batuta de Molina, como una danza, por momentos frenética y calmada, en otros instantes saltando, agachándose, dejando que la melodía lo llevara en su vuelo.

Dos horas antes, el evento había iniciado con imágenes de los puntos más bellos del país: playas, montañas, gente, al son del “Compadre Pedro Juan” de Luis Alberti.

Luego de la introducción audiovisual, la música dio inicio con “Porgy and Bess: un cuadro sinfónico”, del compositor norteamericano George Gershwin.

Los sutiles acordes del conocido “Summertime” llenaron de belleza sonora la sala entre vientos y cuerdas. En el segundo movimiento, el maestro Molina ejerció con energía la dirección y así respondió la percusión al entrar con su sonido fortalecido.

Antes del momento final, con la obra de Maurice Ravel, Molina condujo “Romeo y Julieta, Obertur a - f ant a s í a en Sí menor”, de Tchaikovsky, uno de sus autores más admirados.

Maridalia Hernández, la solista
La cantante Maridalia Hernández estuvo magnífica cuando interpretó dos momentos de “El amor brujo” de Manuel de Falla, esto es, “Canción del amor dolido” y “Canción del fuego fatuo”.

La cantante parece haber robado el duende gitano para realizar una interpretación llena del dramatismo que merece este tipo de canción.

De España, la noche se trasladó musicalmente a América del Sur. “Balada para un loco”, del argentino Astor Piazzolla fue la continuación del excelente programa pautado para el espectáculo.

La parte dominicana llegó con el “Popurrí de canciones románticas dominicanas”.

Maridalia hizo temas de, entre otros autores, Anthony Ríos, (“La distancia”), José Dolores Cerón (“Como me besabas tú”), Juan Lockward (“Luna sobre el Jaragua”) y Salvador Sturla (“Amorosa”). Por la familiaridad de los temas, Maridalia invitó al público a cantar con ella, pero al parecer la solemnidad de la sala pudo más que las ganas de acompañarla con las conocidas letras y solo unos pocos se animaron a hacerle coro.

Esta actitud de respeto no fue rota ni siquiera cuando, en la segunda parte de este segmento, Maridalia y la orquesta realizaron la interpretación de “Popurrí de merengues”, autoría de Julio Alberto Hernández, abuelo de la cantante.

Indotel
El secretario de Estado y presidente del Indotel, José Rafael Vargas, expresó que se trata de un majestuoso “concierto para el recuerdo”, mediante el cual la Indotel celebró los diez años de aplicación de esta ley que creó.

Sostuvo que en estos diez años de la Ley número 153- 98 “han dejado frutos positivos” que el país celebró en grande, con el exquisito concierto que ofreció la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección del maestro José Antonio Molina, con Maridalia Hernández como solista.

Vargas manifestó que al patrocinar este concierto, el Indotel no solo se adentra en lo que han sido estos diez últimos años de telecomunicación en el país, sino que, además, reconoce el extraordinario talento musical que brota de las entrañas mismas del pueblo dominicano.




 

FERNANDO UREÑA RIB 

 

 

 



 

 

Ureña Rib has seen his work exhibited around the World and holds a prominent position on the Art scene in his own country, but he admits to be particularly drawn to Montreal, which he visits annually. Renting a studio in the downtown Belgo Building, he immerses himself enthusiastically in the creative and diverse atmosphere of Montreal producing here his works.

FERNANDO URENA RIB

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Revisado: July 31, 2008
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