NARRATIVA LATINOAMERICANA

 

VIENTOS DEL NORTE

VIENTOS DEL SUR

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

 

 

 

VIENTOS DEL NORTE, VIENTOS DEL SUR

No han soltado las aguas. Nubes rojas se retuercen en silencio contra una pared albuminosa que segrega un líquido iridiscente y viscoso. Mi mano empuña una antorcha que busca imágenes en el infinito. Me siento pequeño y obedezco con toda sumisión impulsos desconocidos. El olor es dulce y penetrante. La habitación sigue inexplicablemente en penumbras. Tropiezo con el baúl y caigo. En el pasillo iluminado Dionis lee en voz alta, con esporádicos estallidos de risa, mientras camina hacia el punto de fuga de una perspectiva imposible como las de Eyscher.

No han soltado los vientos. La casa se llena poco a poco de un vapor tangible en el que se mezclan los olores del vino, el vaho de coles fermentadas, el aroma de la majorán, mejorana, de la yerbabuena y de almácigas. El silencio se convierte en un vacío inmenso y agobiante. Siento la presión en mis tímpanos. Mi mano izquierda ha encontrado tu mano.

Aura tiene los ojos cerrados, cubriéndose el rostro con las manos, temblando. No han cerrado las puertas y sin embargo esta muy oscuro. Solo tengo la antorcha y tu mano. Hemos sacado del baúl viejas bufandas, pulóveres, guantes, sobretodos, medias de lana, botas y nos hemos acurrucado usando mantas y cobijas. Comienzan los vientos. Los primeros, los glaciales. Cortantes, afiladísimos, silbantes, rugientes, amenazan derribarnos. Primero cayeron los anaqueles con mis libros, luego tus caracoles recogidos con paciencia en caminatas solitarias por las playas del mundo. Vi rodar mis pinturas. Retratos de la muchedumbre innominada, rostros de viajeros desconocidos. Muchachas desnudas que pude haber amado si tal vez hubiera dicho una palabra.

Noto con qué facilidad pueden desmoronarse los ideales de libertad. Hay que cerrar las puertas. Caminamos con dificultad espantosa, de espaldas al viento, empujándonos con las manos, revolcándonos, asiéndonos a los entrepaños del corredor, sobrecogidos de angustia.

Dionis, de regreso, ha cerrado las puertas. Aliviados empezamos a despojarnos de las ropas de invierno y a buscar agua tibia para los pies helados. Dionis manipula sin prisa palancas, timoneles, brújulas y bielas, aun con el libro debajo del brazo. Él ha dicho que abrirá las puertas de todos los vientos. Los del Norte y del Sur, los alisios, los terrales, que soltará las corrientes de agua y el harmatán. Que dejará escapar tifones, ciclones, tornados, remolinos.

Aun tengo tu mano, pero te siento distante. Respondes con un ademán de la cabeza cuando Dionis advierte que debemos permanecer dentro de los límites. Descubro en tu rostro una serena melancolía que hace que tus ojos naveguen en una secreta luz interior que no alcanzaría a describir. Permaneces tranquila, lejana. Tan lejana que no sé si estas aquí conmigo y dudo ahora de si es tu mano la que tengo entre las mías en esta oscuridad que reempieza.

Se escucha un rumor inmenso, sordas detonaciones y un rugido amplio y grave que inunda los sentidos. Han soltado las aguas.

 

FERNANDO UREÑA RIB

FÁBULAS URBANAS

 

 

 

 

 

Ureña Rib has seen his work exhibited around the World and holds a prominent position on the Art scene in his own country, but he admits to be particularly drawn to Montreal, which he visits annually. Renting a studio in the downtown Belgo Building, he immerses himself enthusiastically in the creative and diverse atmosphere of Montreal producing here his works.

FERNANDO URENA RIB

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Revisado: March 04, 2009
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