DANZA contemporánea

 

LAS FUSIONES coreográficas DE

CARLOS VEITIA

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

Danzas, Pintura al Oleo de Fernando Ureña Rib,

 

 


LAS FUSIONES DE CARLOS VEITIA




Una refrescante e inusitada vitalidad impregna las actuaciones recientes del Ballet Nacional Dominicano. Carlos Veitía, quien lo dirige, se anota un triunfo al presentar su espectáculo Fusión, en la hermosa y acogedora Sala Manuel Rueda, de la Escuela de Bellas Artes.


El espectáculo empieza con “Tiempo de Espera”, una coreografía del mismo Veitía bajo el marco luminoso y evanescente del escenógrafo José Miura. Como coreógrafo, Veitía maneja los hilos narrativos de una danza y cuenta una historia con pasos y con gestos, que develan misterios. Visualmente rica, esta fusión de Veitía consiste en incorporar al ballet algunas ideas de la danza contemporánea. La iluminación de Hjalmar Gómez y la música de Villalobos, de considerable intensidad dramática, inducen al espectador a imaginar las peripecias amorosas de una pareja.


Las interpretaciones que de esta pieza hicieron en días sucesivos Silvia Crespo y Pastora Delgado son remarcables. Pastora Delgado es una bailarina de grandes dotes histriónicas y de poderosa presencia escénica. Silvia se destaca a su vez por la precisión y donosura de sus movimientos. La contraparte masculina estuvo a cargo de Armando González, un bailarín cuya fuerza y destreza no dejan de asombrarnos. Salta como gacela a campo traviesa y sin embargo no pierde nunca su imagen varonil ni el encanto de su juventud.


Habíamos visto ya un par de veces la simpática pieza “Muñecos”, una idea coreográfica del cubano Alberto Méndez. Grato entremés interpretado por Lisbell Piedra, Maikel Acosta y/o Elvis Guzmán. La pericia y jocosidad de estos bailarines es siempre provocante. Una mezcla de sensualidad e inocencia subvierte a la audiencia que no puede menos que reír de buena gana.


Guillermo Cordero, inspirado en la poesía del Último Encuentro entre los mártires dominicanos Minerva Mirabal y Manolo Tavárez, realiza una coreografía plena de amor exaltado por la inminencia de la muerte. Aquí se conjugan la densidad del tema, la música solemne de John Barry, la formidable iluminación y el sobrio vestuario de Adelfina Lluberes. Estos elementos se aúnan para que Pastora Delgado (o Silvia Crespo) y Armando González expresen de manera convincente la angustia y el dolor de una pareja que advierte que la tragedia los ronda, los circunda.


Como coreógrafo, Guillermo Cordero sabe que una pieza no puede perder en ningún momento la dinámica de su acción interna. La pieza no languidece nunca, no insiste en repeticiones vacuas, sino que sigue un ciclo vertiginoso de acontecimientos que se suceden con precisa prontitud.


Fusión, la pieza central del espectáculo, no logró convencerme. Y sin embargo, reconozco en ella elementos de gran belleza y plasticidad. Pero no basta con la sensualidad de los bailarines, ni con lo novedoso de la música africana de Zap Mama. Pedro Pablo Peña, experimentado coreógrafo de Miami, no logra integrar los bailarines al humor, los juegos, la gracia y la dinámica que sugieren estos ritmos africanos. Hay actuaciones individuales dignas de nota. Las de Carolina Silvestre, Ariadna Roblejo, Alejandra Dore, Elvis Guzmán y Maikel Acosta demuestran que un bailarín clásico puede zafarse de las rígidas disciplinas del ballet parisino y sumergirse, dejándose llevar, a los mundos primigenios del África.


La noche terminó con “Canciones”, de Carlos Veitía que revela ricos tesoros de música dominicana, folklórica, contemporánea. En esta pieza coral, los bailarines exorcizan demonios y los dejan libres en movimientos rituales de gran sensualidad. Grato asombro el de la nueva música de Xiomara Fortuna, rica, profunda, misteriosa. Otra sorpresa fue la de Avelino Mejía y los Chineros de Baní. Se destacaron Laura Ramírez, Carolina Silvestre y Susana Fortuna. Claudia Peña David realza esta pieza con el donaire y la gracia de su juventud. El Ballet Nacional logró, sin dudas, una velada esplendorosa.


Fernando Ureña Rib
 

 

Veitía se despide del Ballet Nacional


El artista asegura que su renuncia no deja ningún tipo de malestares
Por Frances Rodríguez / elcaribecdn.com
Jueves 11 de marzo del 2004 actualizado a las 1:47 AM


El artista tiene ya diseñada una amplia agenda de proyectos ligados a Ballet Concierto Dominicano, entre ellos la adaptación del clásico “La cenicienta”.


Cada cual tiene su misión y su tiempo”, expresa como parte de su filosofía de trabajo el coreógrafo y bailarín Carlos Veitía. La frase es además una de las razones que avalan su renuncia, hace tan sólo unas semanas, a su puesto de director del Ballet Nacional Dominicano. Veitía, quien ahora es heredado por la bailarina y directora general de danza, Mary Louise Ventura, explica que su salida de la compañía nacional no tiene un sabor amargo ni deja ningún tipo de desavenencias a su espalda.

El artista plantea que su renuncia se debe esencialmente a que necesitaba más tiempo para sí mismo y para Ballet Concierto Dominicano, una institución creada y dirigida por él. “La escuela requiere más de mí. Hay una nueva generación en espera y entre otras cosas tenía además una operación pendiente y el cansancio de trabajar durante tres años y medio sin descanso”, añade.


Al hacer el balance de los sueños con los que llegó al ballet y cuántos de ellos hizo realidad, Carlos explica que se lleva un poco más de la mitad de todo lo que aspiró para la institución. La reciente edición del Festival de danza de Miami, la producción “Carmina Burana”, presentaciones en la sala Manuel Rueda, de las Escuelas de Bellas Artes y varias ediciones de “Cascanueces” son algunas de las satisfacciones que carga en su equipaje. “Siento el orgullo de saber que hice todo lo que pude. Cuando llegué encontré mucha desorganización en todos los sentidos, artístico y administrativo. Poner en orden todo el panorama fue uno de mis grandes desafíos”, subraya el coreógrafo que también deja espacio para algunas nostalgias. “Lo único que lamento es que creí que podíamos realizar más presentaciones populares y de una u otra manera se vieron frustradas por el factor económico”, dice.

El artista también descartó de plano la hipótesis de que su salida podría tener algún matiz político. Aseguró que no le han hecho ninguna propuesta y que no se le verá detrás de nadie, puesto que sus decisiones y pasos profesionales sólo están avalados en los méritos que ha acumulado a través de los años. “Llegué al Ballet Nacional por mi labor. Es indignante cuando la gente se encarga de politizar todo a su alrededor”, puntualizó Veitía. El manejo burocrático, los recursos financieros y las inconstancias en las entregas de la asignación ya estipulada parecen ser la ‘piedrecilla en el zapato’ de su gestión. No obstante, Veitía aclara que la Secretaria de Estado de Cultura no actuó de forma negligente durante su mandato y que en la medida de lo que le fue posible brindó su apoyo. “Influye también en esto que Cultura es una institución recién creada y que requiere de más tiempo”, añadió.

Por otro lado, el artista explica que la entrada de Mary Louise Ventura al Ballet es acertada porque se trata de una artista de mucha experiencia. Advierte también que tanto el sector gubernamental como el privado deben ofrecer más ayuda, porque sin ese respaldo el trabajo será difícil, no sólo para ella, sino también para cualquier artista que asuma el puesto. “Si no se realiza el compromiso y no hay más apoyo en las necesidades básicas de la institución –como por ejemplo comprar zapatillas, entre otras urgencias– es mejor cerrar el Ballet Nacional”, plantea.

Los proyectos y la energía parecen no tener límites en el universo creativo del coreógrafo. Tan pronto guardó su carpeta de trabajo del Ballet Nacional comenzó a diseñar una agenda que promete mantenerlo cerca de los escenarios el resto del año. Una nueva adaptación de “La cenicienta” prevista para junio próximo y que tendrá como refugio la sala Eduardo Brito del Teatro Nacional es una de las citas que lo emocionan en estos días. “Antes de esta obra tendremos otro trabajo en escena durante abril y una producción a cargo de la escuela de jazz y danza española. Será una función en conjunto que irá a la sala Manuel Rueda para finales de mayo”, señaló el artista que quiere llevar además un espectáculo a Santiago también este mismo año.

Planes con la generación de relevo

Carlos Veitía, quien no descarta reencontrarse en otra oportunidad con la dirección de la Compañía Nacional, ve con optimismo la forma que comienza a adoptar la nueva generación de bailarines del país. Asegura que la escena está llena de talento en espera de espacios. Partiendo de esto es que además visualiza en sus proyectos la idea de rehacer una compañía sobre la base de Ballet Concierto Dominicano. “Me atrae mucho este objetivo porque en la escuela hay mucho talento joven. Pienso que va adquiriendo la fuerza suficiente para sustentar el retorno de la compañía”, concluyó el artista.


Tomado de El Caribe

 

 

 

 

 

 

MÚSICA DOMINICANA

SOBRE EL AMONÍACO

Y LA TRANSPARENCIA DE LOS GOBIERNOS

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

 

 
ALUCINANTE

Emotivo recital del maestro Molina, la OSN y Maridalia
 

Pachico Tejada - 6/26/2008




EL MOSAICO SONORO DE LA DOMINICANIDAD SE REALIZÓ CON EL AUSPICIO DE INDOTEL

El maestro José Antonio Molina, con la batuta, dirigiendo al principal grupo musical del país.
SANTO DOMINGO.- La Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el maestro José Antonio Molina, ofreció la noche del martes una experiencia estética alucinante. El décimo aniversario de la Ley de Telecomunicaciones fue celebrado con el “Mosaico sonoro de la dominicanidad”, presentado con el auspicio del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel) en la sala principal del Teatro Nacional Eduardo Brito.

La Sinfónica supo interpretar el “Bolero” de Ravel con gracia y maestría, como una pirámide invertida, desde la más mínima percusión, extendiéndose a los vientos y las cuerdas, hasta culminar en un apoteósico final en que toda la orquesta participa.

El emotivo concierto de gala concluyó con la magistral interpretación de la reconocida pieza de Ravel, que ratificó la calidad del maestro Molina y de nuestra Sinfónica.

Hubo una ovación de pie de la audiencia en un momento emocionante, al dejarse envolver por la magia de la música y la manera de llevar la batuta de Molina, como una danza, por momentos frenética y calmada, en otros instantes saltando, agachándose, dejando que la melodía lo llevara en su vuelo.

Dos horas antes, el evento había iniciado con imágenes de los puntos más bellos del país: playas, montañas, gente, al son del “Compadre Pedro Juan” de Luis Alberti.

Luego de la introducción audiovisual, la música dio inicio con “Porgy and Bess: un cuadro sinfónico”, del compositor norteamericano George Gershwin.

Los sutiles acordes del conocido “Summertime” llenaron de belleza sonora la sala entre vientos y cuerdas. En el segundo movimiento, el maestro Molina ejerció con energía la dirección y así respondió la percusión al entrar con su sonido fortalecido.

Antes del momento final, con la obra de Maurice Ravel, Molina condujo “Romeo y Julieta, Obertur a - f ant a s í a en Sí menor”, de Tchaikovsky, uno de sus autores más admirados.

Maridalia Hernández, la solista
La cantante Maridalia Hernández estuvo magnífica cuando interpretó dos momentos de “El amor brujo” de Manuel de Falla, esto es, “Canción del amor dolido” y “Canción del fuego fatuo”.

La cantante parece haber robado el duende gitano para realizar una interpretación llena del dramatismo que merece este tipo de canción.

De España, la noche se trasladó musicalmente a América del Sur. “Balada para un loco”, del argentino Astor Piazzolla fue la continuación del excelente programa pautado para el espectáculo.

La parte dominicana llegó con el “Popurrí de canciones románticas dominicanas”.

Maridalia hizo temas de, entre otros autores, Anthony Ríos, (“La distancia”), José Dolores Cerón (“Como me besabas tú”), Juan Lockward (“Luna sobre el Jaragua”) y Salvador Sturla (“Amorosa”). Por la familiaridad de los temas, Maridalia invitó al público a cantar con ella, pero al parecer la solemnidad de la sala pudo más que las ganas de acompañarla con las conocidas letras y solo unos pocos se animaron a hacerle coro.

Esta actitud de respeto no fue rota ni siquiera cuando, en la segunda parte de este segmento, Maridalia y la orquesta realizaron la interpretación de “Popurrí de merengues”, autoría de Julio Alberto Hernández, abuelo de la cantante.

Indotel
El secretario de Estado y presidente del Indotel, José Rafael Vargas, expresó que se trata de un majestuoso “concierto para el recuerdo”, mediante el cual la Indotel celebró los diez años de aplicación de esta ley que creó.

Sostuvo que en estos diez años de la Ley número 153- 98 “han dejado frutos positivos” que el país celebró en grande, con el exquisito concierto que ofreció la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección del maestro José Antonio Molina, con Maridalia Hernández como solista.

Vargas manifestó que al patrocinar este concierto, el Indotel no solo se adentra en lo que han sido estos diez últimos años de telecomunicación en el país, sino que, además, reconoce el extraordinario talento musical que brota de las entrañas mismas del pueblo dominicano.




 

FERNANDO UREÑA RIB 

 

 

 



 

 

Ureña Rib has seen his work exhibited around the World and holds a prominent position on the Art scene in his own country, but he admits to be particularly drawn to Montreal, which he visits annually. Renting a studio in the downtown Belgo Building, he immerses himself enthusiastically in the creative and diverse atmosphere of Montreal producing here his works.

FERNANDO URENA RIB

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Revisado: July 31, 2008
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