ARTE LATINO

LAS FIGURACIONES de

Fernando Ureña Rib

PEDRO MIR

 

MUSAS. Pintura al óleo de Fernando Ureña Rib,pintor dominicano

MUSAS.ÓLEO SOBRE LIENZO DE FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

 

Todavía no se han secado bien las hermosas pinturas de aquella colección denominada Oceánica, que su autor colgó en las paredes de la añeja Casa del Cordón para una de las grandes noches de fiesta artística del país, ni se han disipado en la memoria las palabras que allí se dijeron para celebrarlas, cuando ya tenemos una nueva y responsable colección, esta vez denominada Ninfas por la gracia de los dioses y de sí mismas. Y por la de su autor, nuestro ecuménico (Oslo, Siena, Quebec) Fernando Ureña Rib.

Porque este artista, aparte de viandante y competente, es un productor incansable de objetos de belleza.

Y qué belleza.

Aquí Zeus, el dios de los dioses, tan aficionado a este tipo de bellezas, multiplicaría una, o de un solo golpe muchas, de sus milagrosas transformaciones.

No solo por las convincentes razones que le indujeron a convertirse en "cisne" (el de Leda), o en "toro" (el de Europa) o en esta rutilante "lluvia de oro" (desde entonces la más convincente y actual de las transformaciones galantes) que le permitió entrar en la alcoba de Dánae. Sino también por aquellos atributos que Ureña Rib como Rubens, el de "Las tres gracias", les ha otorgado: La gracia en la autenticidad de sus movimientos. En la trasparencia del colorido como de acuarela. En la soltura de la línea melódica como de violines. Y en las modulaciones rítmicas de sus cuerpos danzantes, y efectivamente danzarios, que materializan en términos de color y movimiento una visión nueva, moderna (porque la de Rubens es la del siglo XVII) de la belleza corporal.

Y sobre todo, por la modernidad de su comportamiento artístico.

Y aquí volvemos al punto en nos dejó la colección denominada Oceánica: el punto de la modernidad en la obra de Ureña Rib.

Porque ahora el maestro da un paso de avance más firme hacia el siglo XXI, el de la ruptura total y completa con el "lenguaje hablado", o discursivo, que allá por los años sesenta había decretado "la muerte de la Estética" a manos de los lingüistas (estructuralistas) , y diez años después la "muerte del arte" a manos de los propios artistas (el manifiesto del arte conceptual ) en 1970.

De modo que ésta es una anticipación ciertamente vertiginosa, porque entronca en la presente encrucijada histórica, con ese delirio de la "globalización" de la comunicación humana que impregna, sin socialismo y sin teoría sobre el futuro inmediato (pero con Internet) no la conciencia sino el comportamiento plenamente humano del hombre moderno..

En realidad se trata del desenlace del proceso de la comunicación humana en su conjunto y solo de la comunicación artística, involuntariamente advertida y utilizada por Kandinsky en su famosa teorización de la pintura abstracta (Lo Espiritual en el Arte) a principios de este agónico siglo XX. En 1925, en una obra posterior como nos lo cuenta Herbert Read, decía el mismo Kandinsky que "El arte moderno solo puede nacer donde los signos se convierten en símbolos." Y así fue

El arte "moderno" o sea la "pintura abstracta" nació allí donde los símbolos (con la ayuda de Freud) devoraban alegremente los signos. Pero Kandinsky, a quien hay que reconocerle el haber avizorado precozmente la "Teoría de la Información" de Shannon y Weber (que eventualmente desencadenó en la informática y en última instancia en el Internet) reducía sus formas superiores (el signo, el símbolo y la obra de arte) , a una sola de ellas: el símbolo. Por su parte la lingüística estructuralista también reducía esas tres formas a solo una: el signo. Y claro, la consecuencia sería la muerte de la Estética por un lado y la muerte del arte por el otro.

Afortunadamente un día también tendría que morir esa modernidad. Morirían el estructuralismo y el fanatismo del discurso, así como también el abstraccionismo con su condenación fanática de la figuración. Y, obviamente la modernidad artística que deberá reivindicar el siglo XXI no podría ser otra que la de la emancipación de la obra de arte por medio de la ruptura cabal y completa con la comunicación lingüística el signo y con la comunicación simbólica, el símbolo.

Y así desembocamos en la última muestra de Fernando Ureña Rib. Ya no quedan en ella las trazas sígnicas o simbólicas que contaminaban el arte moderno. Solo queda, fulgurante, la obra de arte en su más prístina y auténtica pureza. Sin embargo, hay que hacer un señalamiento inevitable porque bien puede sostenerse, ahora que estamos en el centro de la ruptura de Ureña Rib con el pasado abstracto, que la belleza estuvo muy lejos de ser la dominante de la pintura (aunque sí de la Estética) del siglo XX .

Pocos de aquellos artistas, Kandinsky y su grupo, quizás colocaron la belleza en un lugar amoroso de sus composiciones pictóricas. Pero en su mayoría los otros rompieron abiertamente con la belleza. Pero en su mayoría los otros rompieron abiertamente con la belleza. Y no solo Picasso, que siempre fue cruel con la figura femenina (y que dicho sea de paso, ni siquiera en su época cubista abandonó la figuración).

Y he aquí que Ureña Rib, al mismo tiempo que rompe con el signo y el símbolo, lo que significa romper con el abstraccionismo en su conjunto y con toda la cháchara antiestética y antiartística que arrastraba consigo, reivindica la belleza. Parecería una contradicción si no una maldición.

Pero no hay nada de eso. Ureña Rib reivindica la belleza como realidad sensible, y hasta sensual. No conceptual. Se vale de ella como recurso artístico de primer rango, de la misma manera que los egipcios se valían del humo como recurso lingüístico de primer rango para comunicar las crecientes del Nilo, o los monjes medievales se servían del vino como un recurso simbólico de primer rango para evocar la presencia de Cristo en la Eucaristía.

Porque ni la comunicación humana en su conjunto, ni la práctica artística ni la teoría estética, podrían prescindir jamás de la belleza (ni de ningún otro aspecto sensible de la realidad) como recurso comunicativo de primer rango. Pero sí del concepto de belleza como esencia del arte.

Y, precisamente.

En esta obra, y en definitiva en toda la obra de Ureña Rib, la belleza parece ser una tónica dominante. En todo su esplendor y su pureza. A veces, literalmente, en toda su desnudez.

Eso debemos agradecerle.

Y también la ruptura con el signo y con el símbolo, a reserva de que se guarde de romper con las otras formas de la comunicación humana, al abandonar los predios del arte.

Y su reivindicación de la belleza. Y la gloria de las figuraciones. Y así arribamos al momento de saludar su soberbia entrada en el siglo XXI con toda las banderas desplegadas. Como los grandes navíos en los grandes puertos. Pero más que nada, que sostenga de manera tan feliz y tan convincente la grandeza del arte (y no solo del arte nacional) haciendo valer todas, y no solo una, de las facultades sensibles de la obra de arte verdadera. Y en fin, desearle que sus Ninfas lo arrastren danzando y cantando por los bosques y lo coronen con hojas de olivo y de laurel por todos los siglos venideros.

 

Pedro Mir

Poeta Nacional. Santo Domingo

 

FERNANDO UREÑA RIB

 

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FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

 

 
ALUCINANTE

Emotivo recital del maestro Molina, la OSN y Maridalia
 

Pachico Tejada - 6/26/2008




EL MOSAICO SONORO DE LA DOMINICANIDAD SE REALIZÓ CON EL AUSPICIO DE INDOTEL

El maestro José Antonio Molina, con la batuta, dirigiendo al principal grupo musical del país.
SANTO DOMINGO.- La Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el maestro José Antonio Molina, ofreció la noche del martes una experiencia estética alucinante. El décimo aniversario de la Ley de Telecomunicaciones fue celebrado con el “Mosaico sonoro de la dominicanidad”, presentado con el auspicio del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel) en la sala principal del Teatro Nacional Eduardo Brito.

La Sinfónica supo interpretar el “Bolero” de Ravel con gracia y maestría, como una pirámide invertida, desde la más mínima percusión, extendiéndose a los vientos y las cuerdas, hasta culminar en un apoteósico final en que toda la orquesta participa.

El emotivo concierto de gala concluyó con la magistral interpretación de la reconocida pieza de Ravel, que ratificó la calidad del maestro Molina y de nuestra Sinfónica.

Hubo una ovación de pie de la audiencia en un momento emocionante, al dejarse envolver por la magia de la música y la manera de llevar la batuta de Molina, como una danza, por momentos frenética y calmada, en otros instantes saltando, agachándose, dejando que la melodía lo llevara en su vuelo.

Dos horas antes, el evento había iniciado con imágenes de los puntos más bellos del país: playas, montañas, gente, al son del “Compadre Pedro Juan” de Luis Alberti.

Luego de la introducción audiovisual, la música dio inicio con “Porgy and Bess: un cuadro sinfónico”, del compositor norteamericano George Gershwin.

Los sutiles acordes del conocido “Summertime” llenaron de belleza sonora la sala entre vientos y cuerdas. En el segundo movimiento, el maestro Molina ejerció con energía la dirección y así respondió la percusión al entrar con su sonido fortalecido.

Antes del momento final, con la obra de Maurice Ravel, Molina condujo “Romeo y Julieta, Obertur a - f ant a s í a en Sí menor”, de Tchaikovsky, uno de sus autores más admirados.

Maridalia Hernández, la solista
La cantante Maridalia Hernández estuvo magnífica cuando interpretó dos momentos de “El amor brujo” de Manuel de Falla, esto es, “Canción del amor dolido” y “Canción del fuego fatuo”.

La cantante parece haber robado el duende gitano para realizar una interpretación llena del dramatismo que merece este tipo de canción.

De España, la noche se trasladó musicalmente a América del Sur. “Balada para un loco”, del argentino Astor Piazzolla fue la continuación del excelente programa pautado para el espectáculo.

La parte dominicana llegó con el “Popurrí de canciones románticas dominicanas”.

Maridalia hizo temas de, entre otros autores, Anthony Ríos, (“La distancia”), José Dolores Cerón (“Como me besabas tú”), Juan Lockward (“Luna sobre el Jaragua”) y Salvador Sturla (“Amorosa”). Por la familiaridad de los temas, Maridalia invitó al público a cantar con ella, pero al parecer la solemnidad de la sala pudo más que las ganas de acompañarla con las conocidas letras y solo unos pocos se animaron a hacerle coro.

Esta actitud de respeto no fue rota ni siquiera cuando, en la segunda parte de este segmento, Maridalia y la orquesta realizaron la interpretación de “Popurrí de merengues”, autoría de Julio Alberto Hernández, abuelo de la cantante.

Indotel
El secretario de Estado y presidente del Indotel, José Rafael Vargas, expresó que se trata de un majestuoso “concierto para el recuerdo”, mediante el cual la Indotel celebró los diez años de aplicación de esta ley que creó.

Sostuvo que en estos diez años de la Ley número 153- 98 “han dejado frutos positivos” que el país celebró en grande, con el exquisito concierto que ofreció la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección del maestro José Antonio Molina, con Maridalia Hernández como solista.

Vargas manifestó que al patrocinar este concierto, el Indotel no solo se adentra en lo que han sido estos diez últimos años de telecomunicación en el país, sino que, además, reconoce el extraordinario talento musical que brota de las entrañas mismas del pueblo dominicano.




 

FERNANDO UREÑA RIB 

 

 

 



 

 

Ureña Rib has seen his work exhibited around the World and holds a prominent position on the Art scene in his own country, but he admits to be particularly drawn to Montreal, which he visits annually. Renting a studio in the downtown Belgo Building, he immerses himself enthusiastically in the creative and diverse atmosphere of Montreal producing here his works.

FERNANDO URENA RIB

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Revisado: July 31, 2008
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