PINTURA ECUATORIANA

 

LOS MUNDOS PRIMORDIALES DE

ENRIQUE TÁBARA

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

Las imágenes ancestrales de Enrique Tábara

 

 

 

 

ENRIQUE TABARA es uno de los pintores ecuatorianos de mayor trascendencia universal. Por supuesto, Tabara comparte ese pedestal con maestros de la talla de Camilo Egas, Eduardo Kingman, Oswaldo Guayasamin y Anibal Villacis, audaces creadores y forjadores de toda una cultura pictórica y plástica latinoamericana. 

Enrique Tabara sin embargo es un creador que lejos de refugiarse en el cómodo hallazgo de una imagen que le es propia, indaga y desmitifica su propia imagen y deja que en ella encuentren refugio mil y una imágenes que dialogan en el seno de la suya propia y que permanentemente la renuevan.

Ese espíritu renovador e innovador es en Enrique Tabara una constante que revela el espíritu inquieto y versátil del maestro. Experimentación que no olvida sus raíces ni el proceso o trayectoria que el mismo ha seguido con el paso de años de paciente y fructífero ejercicio pictórico.  

Enrique Tábara regresa a la figuración después de una estrenua lucha con la abstracción, a la que sacó piezas fundamentales del arte latinoamericano cuyo origen se remonta al Valle de los Dioses. Al volver a la figuración, la obra de Tábara se ve enriquecida por la experiencia abstracta y es preciso descubrir en esta etapa la impronta de ese acervo.

 

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

La obra de Enrique Tábara (Guayaquil, 193O) es, sin duda, una de las más eminentes de la pintura americana sigloventina y, por mérito propio, invaluable aporte a las artes visuales del mundo.

Creo que seguirá siendo aforístico el que la expresión 'gran arte' quede reservada para el arte metafísico, es decir, para ese arte cuyas realizaciones (creaciones) visibles revelan la realidad subyacente. Y ésta es la lectura (la única) que puede darse a la obra de Tábara. Es así mismo inapelable el que toda representación que no es precisamente autotrascendente, todo cuanto se difumina en meros trabajos decorativos, todo ejercicio que se inclina ­servil siempre­ sólo a complacer los sentidos, no puede llegar más allá de destrezas técnicas vaciadas de contenidos filosóficos. Y esto ocurre siempre que la estética se ha divorciado de los conceptos metafísicos.

En la vasta obra de Enrique Tábara, jamás sucede este fenómeno, ni siquiera en sus tramos iniciantes, cuando con pasión intensa pinta personajes marginales (prostitutas, sobre todo). 'Tendencia al grotesco' ve en este período uno de sus críticos. Tal vez, en unas pocas piezas, pero, de ser así, ¿disminuye la frescura (consistencia y ternura) de las mismas? En este período inaugural hay la anunciación de un extraordinario creador, pues las figuras que la conforman (recuérdese sus antológicas La solterona, 1951, Mujer arreglándose el cabello, 1952, Niños carboneros, 1952 o Retrato de Pichuza, 1950, por citar unas pocas) exhalan ya una poética adensada de lucidez y profundidad que serán, entre otras, constantes de la obra de este artista. ¿Influencias del realismo social? Muy posible. Pero este ciclo de Tábara no tiene que pedir favor a los de los maestros de ese entonces; pienso, es más, que la obra inscrita en esta etapa no ha sido suficientemente valorada. Tábara es un pintor hecho desde sus inicios, y este valor lo poseen pocos. Desde sus primeros trabajos hallamos en él motivos muy bien definidos (ideas matrices), y éstos resueltos a través de cualidades abstractas: movimiento, fuerza interior, armonía en los trazos o desplazamientos, imágenes figurativistas las de Tábara, que acceden a la excelencia plástica.

Como quiera que fuese, Tábara apenas alcanzó a aprobar los estudios primarios, pues lo suyo, desde siempre, fue la pintura. Así lo asumió él mismo toda la vida. Si en 1945 concluyó la escuela, en 1946 ingresó en Bellas Artes. En la hora de las gratitudes, Tábara nombra invariablemente a Hans Michaelson y a Luis Martínez Serrano como los dos maestros que en este tiempo lo marcaron profundamente, los dos pintores, pero antes que nada maestros, en esa connotación ­noble y proverbial­ de enseñar, con amor y sin reticencias, todo lo que se sabe. Y en el horizonte más remoto de la sangre de Tábara ­ardiente, apasionada, tumultuosa­ bulle el recuerdo de su madre, pues fue el aliento más vivo y fresco que tuvo para perseverar en el duro, ímprobo oficio de pintor. Entre búsquedas, hallazgos y consagraciones inaugurales

Carlos A. Aerán 'culpa' el paso de Tábara a la neofiguración por el acercamiento con César Andrade Faini. No coincido con opinión de tan ilustre crítico. Tábara es un buscador consuetudinario, él está condenado a buscar, nunca a hallar; es decir, pertenece a esa raza de artistas que no se represa en tal o cual cantera, sino que va siempre en pos del arte y, sabido es que éste (¿como el amor, la verdad, la libertad, la paz?) apenas se lo encuentra, se escapa de las manos de su hacedor. Sin embargo, hay un hilo conductor ­sabio y misterioso­ que hilvana toda su ingente producción. El abstracto mágico-mítico, que es otra de las vertientes de su obra, aparece en este ciclo de su vida, en forma, si se quiere, insinuativa, pero ya está instalada en el mundo de su creación.

Por 1955 viaja becado a España y es en este país que empiezan a reconocer sus dones excepcionales. Juicios críticos de Moreno Galván, Teixidor, Crilot o Círice, convienen en que Tábara es una revelación como artista. Hallan en él a un creador cuajado precozmente y no una 'promesa' como se habla de los más. ¿Por qué en nuestro medio no se dio la resonancia que merecían estos primeros pasos consagratorios del pintor, así como poco o nada trascendió su estupendo Premio Internacional de Pintura Abstracta en 196O, convocado por Georges Kaspers y la promoción que de él obtuvo logrando éxitos sucesivos en Europa? Prefiero creer que fue por el peso del realismo social ­me refiero a su ominoso dogmatismo­ y por la indiferencia en nuestro país a las expresiones culturales, mas no a mezquindades de grupúsculos de intelectuales empeñados en marginar a Tábara y a otros que siguieron su camino libertario. Pero Tábara continuó ascendiendo, nada ni nadie sería capaz de detenerlo. Fue André Breton quien lo invitó para que represente a España ­ironía impensable que refrenda el enorme valor de Tábara­ en el Homenaje al Surrealismo, junto a figuras de la talla de Salvador Dalí, Eugenio Granell y Joan Miró.

Enrique Tábara es, en su estructura más íntima, hombre sobre todos los planos humanos, nunca antepuso a la responsabilidad social los fueros legítimos de sus secretos individuales. Sí, sobre todo, Tábara ha sido un rastreador de los trasfondos del arte, también lo ha sido de la vida, del amor, temerario peregrino de los meandros más ocultos del tránsito existencial en suma. "Los amorosos buscan, / los amorosos son los que abandonan, / son los que cambian, los que olvidan. / Su corazón les dice que nunca han de encontrar / no encuentran, buscan" Ahora, a sus setenta años ­altivo y enhiesto huayacán florecido­ mantiene un episodio afectivo reposado y profundo junto a Dolores Castro, con quien se halla unido desde 1975. Sus once hijos son otra de las siembras de su reciura de hombre que ha vivido y vivirá intensa, plenamente, sensual y hondo, abominando convencionalismos y pacaterías.

MARCO ANTONIO RODRÍGUEZ

 

 

 
POESÍA DOMINICANA

 

franklin mieses burgos

CANCIÓN DE LA VOZ FLORECIDA

 

 

 

 

 

La poesía del dominicano Franklin Mieses Burgos sobresale en el ámbito de la poesía hispanoamericana por las sutilezas de su musicalidad, la rica profundidad de sus imágenes y la identificación plena entre los mundos físico y espiritual, que coinciden y se transubstancian creando hilos finísimos, vasos comunicantes que conducen a una eclosión etérea y al mismo tiempo apasionada. Esa conjunción abre espacios, sin embargo, para innumeras posibilidades expresivas. El asombro del poeta de ojos ardientes se pasea sobre su propia voz, que personifica y transforma en árbol o en llanto o en canción. Franklin Mieses Burgos es uno de los poetas más sólidos y conmovedores de toda la poética latinoamericana.

 

Fernando Ureña Rib


 

 

 

CANCIÓN DE LA VOZ FLORECIDA

Yo sembraré mi voz en la carne del viento
para que nazca un árbol de canciones;
después me iré soñando músicas inaudibles
por los ojos sin párpados del llanto.

Colgada sobre el cielo dolido de la tarde
habrá una pena blanca, que no será la luna.

Será una fruta alta, recién amanecida,
una fruta redonda de palabras
sonoras, como un canto:

maravilla sonámbula de un árbol
crecido de canciones, semilla estremecida
en la carne florecida del viento:
-mi voz.




ESTA CANCIÓN ESTABA TIRADA POR EL SUELO

Esta canción estaba tirada por el suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
la hallaron unos hombres que luego me la dieron
porque tuvieron miedo de aprender a cantarla.

Yo entonces ignoraba que también las canciones,
como las hojas muertas caían de los árboles;
no sabia que la luna se enredaba en las ramas
náufragas que sueñan bajo el cristal del agua,
ni que comían los peces pedacitos de estrellas
en el silencio de las noches claras.

Yo entonces ignoraba muchas cosas iguales
que eran todas posibles en la tierra del viento,
en donde la leyenda no es una hierba mala
crecida en sus riberas, sino un árbol de voces
con las cuales dialogan las sombras y las piedras.

Yo entonces ignoraba muchas cosas iguales
cuando aún no era mía
esta canción que estaba tirada por el suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
pero ahora ya sé de las formas distintas
que preceden al ojo de la carne que mira,
y hasta puedo decir por qué caen de rodillas,
en las ojeras largas que circundan la noche,
las diluidas sombras de los pájaros.




 

Franklin Mieses Burgos

 

 

Franklin Mieses Burgos
(1907 – 1976)



Nació y murió en la ciudad de Santo Domingo. Autor de una breve e intensa producción poética. Resalta por su exactitud a la técnica, su profundo lirismo y conceptos filosóficos de tinte existencial. Mieses Brugos fue uno de los iniciadores del movimiento literario de su país llamado "Poesía Sorprendida". Se determina por el acendrado Surrealismo y por su posición antidictatorial, en este caso, contra el gobierno del dictador Rafael Trujillo. Otros poetas que formaron parte de este grupo otros autores como Freddy Gastón Arce, Aída Cartagena y Gilberto Hernández Ortega, entre otros.

Fue, con el crítico y poeta chileno Alberto Baeza Flores y los poetas dominicanos Mariano Lebrón Saviñón y Freddy Gatón Arce, uno de los fundadores de La Poesía Sorprendida (1943-1947). Como anunció Alberto Baeza Flores en el primer número de la revista, “No sabemos si la poesía nos sorprende con su deslumbrante destino, si nosotros la sorprendemos a ella en su silenciosa y verdadera hermosura”. Ya en la contracubierta, se anuncia “estamos por una poesía nacional nutrida en lo universal, única forma de ser propia; con lo clásico de ayer, de hoy y de mañana; con la creación sin límites, sin fronteras y permanente; y con el mundo misterioso del hombre, universal, secreto, solitario e íntimo, creador siempre”. Así, por las páginas de la revista, pasaron Jules Supervielle, Paul Eluard, Robert Desnos, Pierre Reverdy, André Gide, Paul Claudel, James Joyce, George Santayana... para sólo mencionar los autores que aparecieron en los primeros tres números.

        Mieses Burgos fue, también, director ejecutivo del Instituto Dominicano de Cultura Hispánica y dirigió su revista, Hispaniola. Codirigió también la colección "La Isla Necesaria", la cual editó varios volúmenes de autores dominicanos.

        La poesía de Franklin Mieses Burgos, está caracterizada por un profundo lirismo: a veces existencial, otras veces política... y casi siempre surrealista. Su producción poética podía dividirse en tres categorías: la hermética, donde se manifiesta la influencia surrealista; la que sigue modelos clásicos (los sonetos); y la de temas populares. La primera, creemos, contiene quizás sus mejores poemas.
 

Podemos citar, entre sus múltiples obras poéticas, cronológicamente, las siguientes: Torre de voces (1929 –1936), Trópico íntimo (1930 –1946), Propiedad del recuerdo (1940 – 1942), Clima de eternidad (1944), 12 sonetos y una canción a la rosa (1945 – 1947), Seis cantos para una sola muerte (1947 – 1948), El ángel destruido (1950 –1952) y Al oído de Dios (1954 – 1960). Aquí presentamos un florilegio entresacado de varios de estos libros.

En cuanto a su poesía resumir algunas de las características que se encuentran en su poesía. Escribe al estilo tradicional con la misma facilidad con que escribe de acuerdo a la vena modernista y posmodernista. Al lado de una poesía sumamente elaborada y difícil encontramos poesía de formato popular, extremadamente musical y fácil. Puede seguir los moldes métricos de los antiguos como incurrir en los del momento vanguardista, etc.

Pero lo más admirable es que, bien escriba de una u otra manera, siempre se muestra auténtico en sus metros y temas. Emplea a veces metáforas sorprendentes, hasta llegar a lo audaz. Se nota con frecuencia mucho colorido sensual como substrato de lo onírico y psíquico y surrealista. Pero sobre todo ello, sobresale su apego al trópico: el sol, la vegetación exuberante y el mar. El mar es la marca común de casi todos los poetas isleños

Las nuevas formas de poesía tendrían en Franklin Mieses Burgos (1907-1976) a su figura puente. Mieses, autor de Sin mundo ya y herido por el cielo (1944), Clima de eternidad (1947) o Presencia de los días (1949), se caracterizó por su musicalidad lírica. Más sensual e imaginativo, casi lorquiano, fue Rafael Américo Henríquez (1899-1969), quien dirigió la revista La poesía sorprendida, editada de 1943 a 1947 y en torno a la cual se integraron importantes personalidades literarias dominicanas; además, escribió Rosa de tierra (1944).
 

 


LITERATURA

ANTONIO FERNÁNDEZ SPENCER

JOSÉ ALCANTARA ALMÁNZAR

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EFRAIM CASTILLO

PEDRO MIR

JEANNETTE MILLER

ABIL PERALTA AGUERO

SALOMÉ UREÑA

PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA

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HILMA CONTRERAS

FRANKLIN MIESES BURGOS

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ANDRES L. MATEO

AMADO NERVO

ANTONIO FERNÁNDEZ SPENCER

CARLOS FUENTES

ENRIQUILLO SÁNCHEZ

JOSÉ RAFAEL LANTIGUA

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JULIA ÁLVAREZ

JULIO CORTÁZAR

JUAN BOSCH

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GABRIEL GARCIA MARQUEZ

MARCIO VELOZ MAGGIOLO

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PABLO NERUDA

PEDRO HERNRÍQUEZ UREÑA

HILMA CONTRERAS

RITA INDIANA HERNÁNDEZ

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PEDRO MIR

PEDRO PEIX

MANUEL DEL CABRAL

SALOME UREÑA 

 

 

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MALENANORADA

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LA PORTEÑA

LA TOSCANA

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LA TORRE VIGILADA

LA SOLUCIÓN EN EL OMBLIGO

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LA VINDICACIÓN DE OMAR

EL ABRAZO

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ABSTRACCIONES

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FORTUNA

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LÚDICA

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OCEÁNICA

ORGÁNICA

DEL LIBRO DECIR LA PIEL

 

 

LITERATURA

 

 

 

 

Ureña Rib has seen his work exhibited around the World and holds a prominent position on the Art scene in his own country, but he admits to be particularly drawn to Montreal, which he visits annually. Renting a studio in the downtown Belgo Building, he immerses himself enthusiastically in the creative and diverse atmosphere of Montreal producing here his works.

FERNANDO URENA RIB

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Revisado: January 01, 1901
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