ARTE DEL ECUADOR

 

LAS SUTILES IRREVERENCIAS DE

LUIGI STORNAIOLO

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

 

 

LUIGI STORNAIOLO

Luigi Stonaiolo es, fundamentalmente, un pintor lúdico. Lo conocí en Quito en una gira que organizara María Verónica León junto a un grupo de artistas quiteños. Delgado, el pelo revuelto, las manos huesudas y los ojos anhelantes. Se advertía la destreza de esas manos con tan solo mirarlas. Nos llevó a su taller, dispuesto luego de una enredadera de calles que giraban al igual que nuestras cabezas después de no poco pisco.

En Stornaiolo impresiona el desenfado, la plena libertad expresiva reflejada aún dentro de una evidente y honda angustia existencial. Angustia que implica una crítica, un juicio social no exento de drama.

La técnica, si bien poderosa, encierra un fluir casi melódico y los personajes se retuercen placenteramente, de dolor o de risa, con quejidos y susurros casi audibles.

Su pintura tiene algo de aquellos maestros europeos de antaño, como Brugel o Gerónimo Bosch o de aquellos más recientes de la secesión, particularmente de Egon Schiele o Mark Ernst.

Pero Stornaiolo acentúa simultáneamente lo lúdico y lo dramático, y nos lleva, quizás sin proponérselo, a ejercitar una sobria meditación sobre lo que va mal en la vida y en el mundo.

Fernando Ureña Rib 

 

 

 

Luigi Stornaiolo: Trazos enajenados del arte

Datos

 

 

De repente, entrecierra la mirada melómana, deja de frotarse los antebrazos y levanta una de sus grandes manos para enumerar los instrumentos que escucha en la grabación de Bajo Fondo: “contrabajo, violines, teclados...”, y se transporta, quizás a unos meses atrás, cuando asistió al concierto de Calamaro, con su hija Silvia y su yerno Andrés Villalba. O al tiempo de su última exposición en Buenos Aires. Hubo una multitud en el Museo Eduardo Sívori, incrementada con muchos estudiantes ecuatorianos residentes en Argentina. “Allá paré el tráfico, pero porque me caí en plena avenida Libertador y no podía levantarme”, guiña pícaramente y sonríe.

Stornaiolo es de formación autodidacta. “No sabía que en ese tiempo había la carrera de Arte; en cuanto a la vocación, estoy esperando a que llegue”. Cientos de libros se encolumnan en los anaqueles. Ahí aguardan, en un orden que parece dictado por la neurosis, poemarios, libros de arte, estudios y catálogos. “Desde sus primeros títulos, he leído a Cioran y a Fernando Vallejo”.

Ha expuesto en Melbourne (Australia), Roma y Venecia (Italia), São Paulo (Brasil), Trujillo (Perú)... Apuntalado en lo que los críticos han llamado neo-expresionismo, desenmascara la hipocresía de ciertos segmentos de la sociedad. 

A pesar de su prodigiosa memoria y de que de sus labios emanan a granel fechas y datos precisos, sentencia: “el olvido es la mejor facultad de la mente”. Y bromea: “me he enterado de que jóvenes de dinero se han dedicado a robar en Quito y Guayaquil; el apellidaje y el abolengo remiten a la vergüenza y por eso acertaron los mexicanos con Los ricos también roban”.

Arregla su melena y dice no haberse visto al espejo en más de un año. “No hay por qué verse, si el peor es uno mismo; si te metes contigo mismo, ahí es que te friegas”. Desde hace 5 años, la esclerosis ha perjudicado ciertos movimientos de su parte derecha; por ello se educó y ahora es zurdo. “Es que la vejez es el castigo por haber vivido”.

Su trabajo es intensa radiografía de la cotidianidad, y su humor tiene tintes corrosivos, como su obra entera. Su barba revuelta resalta su figura quijotesca. Luigi toma un trago, que ha permanecido en una repisa de su biblioteca y, elevando el vidrio, brinda: “Saludcita”.
 

Luis Carlos Mussó
cmusso@telegrafo.com.ec
Retratista - Guayaquil

 

LUIGI STORNAIOLO

Nació el 9 de julio, en Quito. Es hijo de Bruno Stornaiolo, de origen napolitano, y de Ángela Pimentel, guayaquileña. Cada año pasaba sus 3 meses de vacaciones en el puerto. Su abuelo materno tenía un local de neumáticos y, al mismo tiempo, distribuía películas de la Columbia Pictures.

Toca la guitarra y algún tiempo se dedicó a la actuación. Su relación con el fútbol encierra una curiosa paradoja: es, desde siempre, hincha de El Nacional capitalino, pero fue arquero del Barcelona, equipo barrial de Urdesa que disputaba diversos campeonatos amateur durante los sesenta.

“Hacíamos una buena gallada en Guayaquil; recorría infatigablemente la Víctor Emilio, subía el cerro todos los días. Era una locura”. Luigi estudió 4 años para convertirse en arquitecto; “y de algo me sirvió; por ejemplo, yo hice la maqueta del edificio de la Aviación Civil en Guayaquil”.

Tiene 4 hijos: Silvia, Ángela, Cayetano y Luca; y un nieto (Tomás). Vive desde hace 6 años con su novia, la bailarina Rosalba Pérez. Su taller se llena de pintores amigos y familiares. “Hay pintores bravos aquí; Tábara, Viteri, los más jóvenes como Velarde”. Es amante de la música de Ceratti y Calamaro.
 

El crítico Fernando Ureña Rib ha dicho de Luigi: “(En él) impresiona el desenfado, la plena libertad expresiva reflejada aún dentro de una evidente y honda angustia existencial. Angustia que implica una crítica, un juicio social no exento de drama. La técnica encierra un fluir casi melódico...”.

Uno de los nombres imprescindibles de la plástica ecuatoriana contemporánea es también un hombre intenso, delirante y de palabra y pensamiento fecundos.


Nada más ingresar al estudio de Luigi Stornaiolo, y las dimensiones se alteran; las cosas cambian entre la oscurana y las luces hasta borronearse como las figuras de sus óleos y sus acrílicos. Pareciera que tras franquear los umbrales de aquel aromado espacio de dos ambientes, los claroscuros jugaran y precipitaran su enjuta sombra contra los muros, donde por fin la afincan.

Aunque en poco más de una semana expondrá en la Universidad Católica y prepara algo así como 40 ó 50 cuadros, provoca una pausa en el hervor de su actividad para hablar, con hondura, de su oficio: “El arte es un arreglo de cuentas, nuestra batalla es el poco de alma que nos queda; por eso se prefiere la victoria a la verdad”, ríe, como uno de esos seres esmirriados que pueblan sus pinturas.

 Se ha esmerado entre caballetes y bastidores en los últimos 3 meses. El óleo demora en secarse días y hasta semanas; el acrílico, en cambio, lo hace en 15 minutos. Respira profundamente y toma el libro que sobre su obra imprimió la Latinweb Publishing Editorial en 2005. Ahí aparece una panorámica suya desde que empezó con el dibujo figurativo y el retrato. Trabajó el óleo durante 20 años y lleva 10 con el acrílico. Va pasando las hojas de papel couché y aparecen serigrafías, grabados, aguafuertes. Son asombrosas las brechas entre las épocas que ha atravesado: desde que sus detalles eran sinónimo de la minucia hasta ahora, en que sus trazados son casi insolentes pinceladas de color. Como paciente poeta, titula uno a uno sus cuadros. Y aparecen, en variadas posiciones, seres erotizados que se regodean en su lascivia y con fuertes tonalidades y desvergonzados rostros y cuerpos, construyen una sátira social.            

Luigi deja el libro y, brazos cruzados sobre el pecho, tuerce su charla de un tema a otro: va del cine mexicano (ahora es el único que ve; las cosas  de la edad de oro con su María Félix, su Pedro Infante y otros), el fútbol, las amistades, sus lecturas, la pintura. Y los pasajes vividos en estas décadas que ha llevado el pincel en ristre.
 
“No hay por qué verse, si el peor es uno mismo; si te metes contigo mismo, ahí es que te friegas”

 

 

Nació en Quito, Ecuador.

Exposiciones individuales:

1980 – Galería Club de Arte, Quito; Ecuador. Casa de la Cultura; Quito.
1981 – Galería Sosa Larrea, Quito.
1987 – Galería Larrazábal, Cuenca, Ecuador.
1988 – Galería Antiques, Quito.
1989 – Galería Ricardo Florsheim, Guayaquil, Ecuador.
1991 – Doncaster Gallery Melbourne, Australia.
1992 – Galería L’Art, Quito.
1993 – Museo de Arte Moderno, Cuenca. La Manzana Verde, Guayaquil. La Galería Quito.



Exposiciones Colectivas:



1979 – Salón Mariano Aguilera, Quito. Galería Altamira.
1980 – Salón Casa de la Cultura, Quito.
1983 – La Muestra, Galería del Colegio de Arquitectos, Quito.
1984 – Martes 13, Galería Marcus y Arte, Quito.
1985 – Galería San Pascual, Quito.
1986 – Salón Nacional de Acuarela, Quito. Concurso Nacional de Caricatura. Quito
1987 – Bienal de Cuenca Ecuador. Bienal Internacional de San Pablo.
1988 – Bienal de Trujillo; Perú. FLACA, Brasilia, Brasil.
1989 – Bienal de Cuenca, Ecuador. La Galería, Quito.
1990 – Espacios Abiertos; Fundación Kingman; Quito.
 

 

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Revisado: January 10, 2012
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