Nada más ingresar al estudio de Luigi Stornaiolo, y las dimensiones se alteran; las cosas cambian entre la oscurana y las luces hasta borronearse como las figuras de sus óleos y sus acrílicos. Pareciera que tras franquear los umbrales de aquel aromado espacio de dos ambientes, los claroscuros jugaran y precipitaran su enjuta sombra contra los muros, donde por fin la afincan.
Aunque en poco más de una semana expondrá en la Universidad Católica y prepara algo así como 40 ó 50 cuadros, provoca una pausa en el hervor de su actividad para hablar, con hondura, de su oficio: “El arte es un arreglo de cuentas, nuestra batalla es el poco de alma que nos queda; por eso se prefiere la victoria a la verdad”, ríe, como uno de esos seres esmirriados que pueblan sus pinturas.
Se ha esmerado entre caballetes y bastidores en los últimos 3 meses. El óleo demora en secarse días y hasta semanas; el acrílico, en cambio, lo hace en 15 minutos. Respira profundamente y toma el libro que sobre su obra imprimió la Latinweb Publishing Editorial en 2005. Ahí aparece una panorámica suya desde que empezó con el dibujo figurativo y el retrato. Trabajó el óleo durante 20 años y lleva 10 con el acrílico. Va pasando las hojas de papel couché y aparecen serigrafías, grabados, aguafuertes. Son asombrosas las brechas entre las épocas que ha atravesado: desde que sus detalles eran sinónimo de la minucia hasta ahora, en que sus trazados son casi insolentes pinceladas de color. Como paciente poeta, titula uno a uno sus cuadros. Y aparecen, en variadas posiciones, seres erotizados que se regodean en su lascivia y con fuertes tonalidades y desvergonzados rostros y cuerpos, construyen una sátira social.
Luigi deja el libro y, brazos cruzados sobre el pecho, tuerce su charla de un tema a otro: va del cine mexicano (ahora es el único que ve; las cosas de la edad de oro con su María Félix, su Pedro Infante y otros), el fútbol, las amistades, sus lecturas, la pintura. Y los pasajes vividos en estas décadas que ha llevado el pincel en ristre.
“No hay por qué verse, si el peor es uno mismo; si te metes contigo mismo, ahí es que te friegas”





