|
TRES MISTERIOS SALINOS
S e trata
ni más ni menos de la obra sobresaliente de Fernando Ureña Rib. Ante los
ojos: 20 cuadros. En aquella maravillosa pintura la luz tenía una calidad
pastosa, como la de ciertos rumores marinos y una especie de temperatura
corporal no menos oceánica le insuflaba a las formas una especie de
sensualidad dolorosa. Solo a veces se intuye algo que evoca la vorágine
íntima del caracol o la superficie externa de las conchas. A veces el
movimiento de las corrientes oceánicas. Y la única orientación del gozador
es la onda rítmica esa cadencia de la línea y del color, que es como el
soporte delirante de cada cuadro.
P or supuesto se trata del ritmo visual, no del ritmo
sonoro, con toda la musicalidad que domina el conjunto. Hay quien rechaza
el concepto de exploración en el supuesto de que si se tiene algo que
decir, la forma viene dada automáticamente. Pero en la obra de Fernando
Ureña Rib hay una actividad exploratoria que bien podría ser, no
necesariamente la de los mundos oceánicos, pero sí la de un mundo próximo
a manifestarse cuando irrumpa el siglo venidero.
Tal
vez esta obra sea el anuncio de un repertorio de formas que constituirán
el vehículo de la comunicación pictórica en los tiempos venideros. La
pintura de Ureña Rib constituye, ya hoy, una visión rotunda de la pintura
del siglo inmediato. Ojalá que así sea. No solo par la gloria de su país,
sino también para la de aquellos que nos regocijamos con el esplendor de
los muchos aspectos perdurables de su pintura.
Pedro Mir, (1913 ) Poeta Nacional de la República
Dominicana.
|