VER
las pinturas de
José Perdomo
equivale a adentrarse en las entrañas mismas de su tierra candente, de
su isla de fuego, de sus ritos ancestrales. Esa isla es la de Santo
Domingo y esos ritos son los de la magia exaltada de un pueblo que sabe
vivir y que aprendió, a través del dolor y la amargura, a descubrir el
color, la alegría, la esperanza. Memorias infantiles, exaltadas por
ese ritmo mágico de tambores y atabales, asaltan estos lienzos y lo
reclaman para un paraíso en que todavía no se impone la fatalidad.
Pintura de untura libre y de
arriesgada composición que estremece el sentido de la vista,
desbordando los límites de lo hasta ahora permitido y jugando con
riquezas texturales y estridencias cromáticas que sólo
José Perdomo
puede manejar con intuitiva sabiduría.