ARTE IBEROAMERICANO

 

MANOLO PASCUAL

Y LOS ORDENADORES

Fernando Ureña Rib

 

 

 

 

 

Una experiencia reciente, relacionada con Manolo Pascual y la red cibernética, ha sido tan remuneradora y misteriosa, que merece ser compartida con todos aquellos que se interesan por el arte y las cosas que ocurren en ese otro mundo, paralelo y virtual, del Internet, con su insondable maraña de laberintos. La historia es verídica.

Mis lectores no ignoran quién fue Manolo Pascual. Lo recuerdan como uno de aquellos artistas que escapó de las atrocidades del Generalísimo Francisco Franco. Saben que algunas de sus esculturas y bocetos se muestran aquí en el Museo Bellapart y en el Museo de Arte Moderno. Y que fue él uno de los fundadores de la Escuela Nacional de Bellas Artes en los albores de la década de los cuarenta. Así que muchos no han olvidado cómo él llegó a Santo Domingo, junto a un grupo de notables músicos e intelectuales y en medio del estupor de la guerra civil e ideológica que desgarró a España de 1936 a 1939.

Pero lo que quizás ignoren o hayan olvidado es que nuestro escultor tenía una hija. Que la hija, fue el producto de su breve matrimonio con una joven judía a quien había él había conocido mucho antes, en París, a principios de los años treinta. Aquella niña fue separada de sus padres a la tierna edad de cinco años y fue a parar a Rusia como parte de un grupo de niños españoles refugiados de la guerra. Durante nueve años vivió la niña en Rusia, alejada de los suyos. La madre murió sola en París, en 1940, como consecuencia del holocausto y del exterminio Nazi ejecutado contra los judíos.

Por más de cinco décadas, el angustioso dolor de aquella madre continuó palpitando en el pecho de su única hermana sobreviviente, llamada Else Englen, quien luego se radicó en Suecia y dedicó gran parte de su vida a buscar a aquella niña abandonada en los campos de refugiados en Rusia. ¿Pero cómo encontrarla? ¿Dónde? ¿Bajo qué nombre? A no ser por una serie de coincidencias y las virtudes del Internet aquel dolor habría podido bajar con ella a la tumba.

Usted no tiene que ser detective para intuir que el único indicio válido para encontrar la sobrina perdida era la referencia del padre escultor. Así que la tía Else se empeñó en seguir su rastro. Escribió cartas a la Academia de Roma, donde nuestro escultor había ganado premios de escultura en el 1936, indagó en ciertas municipalidades de París, hurgó en los archivos de distintos gobiernos y nada. Con el correr de los años aparece el Internet y el correo electrónico y la tía Else pone manos a la obra y utiliza sus recursos de búsqueda con profusión.

Sin embargo, para el tiempo en que el Internet alcanza un gran desarrollo, el escultor Manolo Pascual había muerto. Él había vivido sus últimos años en Nueva York, adonde había huido a finales de los años cincuenta. Manolo había sido víctima de las presiones que le había impuesto el mismo Trujillo. Resulta que Ariadne (que así se llama la hija de Pascual) vino al país a los trece años y empezó a estudiar en el Colegio Santo Domingo. La presencia de una niña "rusa" hija de un escultor español republicano causa revuelo y a él se le acusa de comunista. Así que se trasladan. Al llegar a la Gran Manzana, Manolo empieza a enseñar escultura en la New School for Social Research y entre sus alumnos está la hoy famosa escultora Josephine Hurst, quien le menciona como su maestro en las páginas del Internet.

Un día, mientras hago en el Internet un estudio sobre la obra de Manolo Pascual, caigo en las páginas de Josephine Hurst y le escribo. Ella me dice que había alguien desde Suecia haciendo indagaciones sobre la hija del fenecido maestro y me comunica con ella por correo electrónico. Era la tía Else. Ella barajaba una serie de nombres errados. Imposible encontrarla de esa manera. Gracias al crítico e historiador José Saldaña y a una entrevista publicada por doña María Ugarte pudimos dar con la clave. Utilizando un buscador hallé el nombre y la dirección exactas de la hija de Manolo Pascual. La llamo. Le digo que su tía Else, cuya existencia ella ignoraba, la estaba buscando minuciosamente desde hacía años.

El feliz encuentro familiar no tardó en producirse. Ariadne Palmer Wright, sus siete hijos y sus ocho nietos se reunieron con Else en Austin, Texas poco antes de la Navidad. En la sinagoga, el Rabí dijo un Kaddish por la madre ausente y por las víctimas de Auschwitz. Gracias a esta proeza de los ordenadores se aligeró un gran peso de los hombros de Else y compartimos hoy su felicidad y su alivio con la hija de Manolo Pascual, ese gran escultor nuestro.

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

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Ureña Rib has seen his work exhibited around the World and holds a prominent position on the Art scene in his own country, but he admits to be particularly drawn to Montreal, which he visits annually. Renting a studio in the downtown Belgo Building, he immerses himself enthusiastically in the creative and diverse atmosphere of Montreal producing here his works.

FERNANDO URENA RIB

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Revisado: May 06, 2008
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