ÓRFICA
LA ETERNA AVENTURA DE LAS FORMAS
Las
formas palpitan en las sombras y rumorosamente se tocan, se retuercen
y se vuelven sobre sí mismas, articulándose, como en una melodía o en
un canto. Palpitan las membranas, henchidas, tocadas por la luz y
crecen, se agigantan y exhalan suspiros, ternuras, esperanzas,
lamentos.
Fernando Ureña Rib nos conduce a
la eterna aventura de las formas. La exploración es intensa. Los
poderes musicales, la lucha del amor y de la pureza contra el destino,
la fatalidad y la muerte (evocados de la leyenda del tracio Orfeo)
nos acompañan a las profundidades del Hades en la búsqueda de la
redención de la ninfa amada.
La obra de
Ureña Rib no es ilustrativa, sin embargo. Aunque Órfica nos refiere a
las narraciones y a los cantos sagrados de Orfeo asistimos, en
esencia, a la íntima relación entre las artes de la pintura, de la
poesía y de la música. Es decir, al más puro ejercicio de la
imaginación donde el contenido viene dado ya en la forma en sí. Y
esto conviene señalarlo hoy, particularmente, cuando los críticos de
arte tienden a ubicar el énfasis en la significación y en el concepto
y no en el acendrado oficio artístico que produce las formas y que las
hace bellas. Recordamos aquí el principio que Borges aplicara a la
poesía. "Muchas veces he sospechado que el significado es un valor
añadido del verso. Sé a ciencia cierta que sentimos la belleza de un
poema antes incluso de que empecemos a comprender su significado".
Despojadas del pretexto
mitológico, libradas de la conjetura literaria, del oráculo (que
excluye la belleza de los predios del arte) y de la significación que
las inspira, estas formas se desplazan ahora libres, vitales en las
ignotas regiones del hipotálamo en las que el dolor y el placer se
funden en eterna danza sagrada.
El arte es la forma. Nada más.
Es la materia reinventada, transformada, labrada, bruñida, pulida y en
permanente transito por tiempos paralelos. Tiempos que transcurren
hoy como ayer, en los últimos círculos, o en los círculos áulicos. ¿O
son estas formas (íntimas y extrañas) aquellas que nos habitan y que
reconocemos porque tienen todo el peso de lo real? ¿Son esas que
intuimos, viscerales, latiendo físicamente dentro de nosotros o en
alguna remota región de la memoria?
Cada espectador hará sus
conjeturas, esbozará acertijos, solucionará a su modo los enigmas. Y
cada quién será seducido o provocado por estas imágenes de Ureña Rib
en que los volúmenes son torneados de manera esplendente, sensual y
efusiva. Las formas órficas, orgánicas y lúdicas de Ureña Rib nos
llevan de la mano, a un universo concreto de insólitas revelaciones y
a las profundidades de una autentica y personal cosmogonía.
MARÍA DEL CARMEN OSSAYE