La danza de la
bailarina contemporánea dominicana Maricarmen
Rodríguez explora un gran espectro de posibilidades
dentro del mundo vasto e íntimo de la mujer.
Se trata de una visión fresca de antiguos,
milenarios problemas y situaciones que aquejan la existencia
femenina y su condición en el mundo de hoy.
Sus coreografías tratan temas que no son ajenos a
ninguna mujer: El silencio, la soledad y el acoso
son vistos por Maricarmen Rodríguez como lugares
aptos de exploración.
Fernando Ureña Rib
CANCIÓN DE LA VOZ FLORECIDA
Yo
sembraré mi voz en la carne del viento
para que nazca un árbol de canciones;
después me iré soñando músicas
inaudibles
por los ojos sin párpados del llanto.
Colgada sobre el cielo dolido de la
tarde
habrá una pena blanca, que no será la
luna.
Será una fruta alta, recién amanecida,
una fruta redonda de palabras
sonoras, como un canto:
maravilla sonámbula de un árbol
crecido de canciones, semilla
estremecida
en la carne florecida del viento:
-mi voz.
ESTA CANCIÓN ESTABA TIRADA POR EL SUELO
Esta canción estaba tirada por el suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
la hallaron unos hombres que luego me la
dieron
porque tuvieron miedo de aprender a
cantarla.
Yo entonces ignoraba que también las
canciones,
como las hojas muertas caían de los
árboles;
no sabia que la luna se enredaba en las
ramas
náufragas que sueñan bajo el cristal del
agua,
ni que comían los peces pedacitos de
estrellas
en el silencio de las noches claras.
Yo entonces ignoraba muchas cosas
iguales
que eran todas posibles en la tierra del
viento,
en donde la leyenda no es una hierba
mala
crecida en sus riberas, sino un árbol de
voces
con las cuales dialogan las sombras y
las piedras.
Yo entonces ignoraba muchas cosas
iguales
cuando aún no era mía
esta canción que estaba tirada por el
suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
pero ahora ya sé de las formas distintas
que preceden al ojo de la carne que
mira,
y hasta puedo decir por qué caen de
rodillas,
en las ojeras largas que circundan la
noche,
las diluidas sombras de los pájaros.
Franklin Mieses Burgos
Franklin Mieses Burgos
(1907 – 1976)
Nació y murió en la ciudad de Santo
Domingo. Autor de una breve e intensa
producción poética. Resalta por su
exactitud a la técnica, su profundo
lirismo y conceptos filosóficos de tinte
existencial.
Mieses
Brugos fue uno de los iniciadores del
movimiento literario de su país llamado
"Poesía Sorprendida". Se determina por
el acendrado Surrealismo y por su
posición antidictatorial, en este caso,
contra el gobierno del dictador Rafael
Trujillo. Otros poetas que formaron
parte de este grupo otros autores como
Freddy Gastón Arce, Aída Cartagena y
Gilberto Hernández Ortega, entre otros.
Fue, con el crítico y poeta chileno
Alberto Baeza Flores y los poetas
dominicanos Mariano Lebrón Saviñón y
Freddy Gatón Arce, uno de los fundadores
de La Poesía Sorprendida
(1943-1947). Como anunció Alberto Baeza
Flores en el primer número de la
revista, “No sabemos si la poesía nos
sorprende con su deslumbrante destino,
si nosotros la sorprendemos a ella en su
silenciosa y verdadera hermosura”. Ya en
la contracubierta, se anuncia “estamos
por una poesía nacional nutrida en lo
universal, única forma de ser propia;
con lo clásico de ayer, de hoy y de
mañana; con la creación sin límites, sin
fronteras y permanente; y con el mundo
misterioso del hombre, universal,
secreto, solitario e íntimo, creador
siempre”. Así, por las páginas de la
revista, pasaron Jules Supervielle, Paul
Eluard, Robert Desnos, Pierre Reverdy,
André Gide, Paul Claudel, James Joyce,
George Santayana... para sólo mencionar
los autores que aparecieron en los
primeros tres números.
Mieses Burgos fue, también,
director ejecutivo del Instituto
Dominicano de Cultura Hispánica y
dirigió su revista, Hispaniola.
Codirigió también la colección "La Isla
Necesaria", la cual editó varios
volúmenes de autores dominicanos.
La poesía de Franklin Mieses
Burgos, está caracterizada por un
profundo lirismo: a veces existencial,
otras veces política... y casi siempre
surrealista. Su producción poética podía
dividirse en tres categorías: la
hermética, donde se manifiesta la
influencia surrealista; la que sigue
modelos clásicos (los sonetos); y la de
temas populares. La primera, creemos,
contiene quizás sus mejores poemas.
Podemos citar, entre sus
múltiples obras poéticas,
cronológicamente, las siguientes: Torre
de voces (1929 –1936), Trópico íntimo
(1930 –1946), Propiedad del recuerdo
(1940 – 1942), Clima de eternidad
(1944), 12 sonetos y una canción a la
rosa (1945 – 1947), Seis cantos para una
sola muerte (1947 – 1948), El ángel
destruido (1950 –1952) y Al oído de Dios
(1954 – 1960). Aquí presentamos un
florilegio entresacado de varios de
estos libros.
En cuanto a su poesía
resumir algunas de las características
que se encuentran en su poesía. Escribe
al estilo tradicional con la misma
facilidad con que escribe de acuerdo a
la vena modernista y posmodernista. Al
lado de una poesía sumamente elaborada y
difícil encontramos poesía de formato
popular, extremadamente musical y fácil.
Puede seguir los moldes métricos de los
antiguos como incurrir en los del
momento vanguardista, etc.
Pero lo más admirable es
que, bien escriba de una u otra manera,
siempre se muestra auténtico en sus
metros y temas. Emplea a veces metáforas
sorprendentes, hasta llegar a lo audaz.
Se nota con frecuencia mucho colorido
sensual como substrato de lo onírico y
psíquico y surrealista. Pero sobre todo
ello, sobresale su apego al trópico: el
sol, la vegetación exuberante y el mar.
El mar es la marca común de casi todos
los poetas isleños
Las nuevas
formas de poesía tendrían en
Franklin Mieses Burgos
(1907-1976) a su figura puente.
Mieses,
autor de Sin mundo ya y herido por el
cielo (1944), Clima de eternidad
(1947) o Presencia de los días
(1949), se caracterizó por su
musicalidad lírica. Más sensual e
imaginativo, casi lorquiano, fue Rafael
Américo Henríquez (1899-1969), quien
dirigió la revista La poesía
sorprendida, editada de 1943 a 1947 y en
torno a la cual se integraron
importantes personalidades literarias
dominicanas; además, escribió Rosa de
tierra (1944).
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