LUZ SEVERINO
La pintura de la dominicana Luz Severino, quien ahora reside
en la isla caribeña de Martinica es, fundamentalmente, un elogio y
una memoria de la niñez. Las imágenes fragmentadas y yuxtapuestas nos
traen juegos, delirios y temores en sus ingenuas, pero contundentes,
expresiones plásticas.
Más allá del objeto o de la narración, sin embargo, Luz Severino
propone un universo complejo de relaciones oníricas. La luz solar en
estas imágenes es preponderante y bajo esta luz, todo un andamiaje de
símbolos sutiles, que el espectador es capaz de destejer como si se
tratara de un ilusorio rompecabezas, de un acertijo, de un
calidoscopio cromático y luminoso.
Fernando Ureña Rib
“Su obra es una
historia entramada de mitos y tradiciones populares donde la fuerte
presencia de la música se erige como uno de sus anclajes de reflexión.
Luz Severino se propone abrir una reflexión que relaciona la
percepción musical y la percepción cromática. Establece un cruce de
frases con la pintura misma, vinculando la preocupación esencial de su
trabajo y el dominio de las técnicas y los medios para ponerlos al
servicio de su discurso. Tiende puentes como el inconsciente colectivo
y la imaginería popular, las supersticiones y los nuevos rituales.
Soluciona el problema de la percepción sobre el soporte (papel o
lienzo) a la manera de los impresionistas, repite el efecto ilusorio
de visión borrosa sobre las figuras para así sugerir más que mostrar,
revelar fusiones e insinuar realidades”.
Cecira Armitano.