CUENTOS DOMINICANOS

 

FERNANDO UREÑA RIB

LOS GRANDES AMORES

 FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

 

 

LOS GRANDES AMORES

Siempre podrás tener amoríos y aventuras, pero los grandes amores tardarán vidas y siglos en consumarse. Te lo digo porque a mí me ha pasado. Bueno, deja ya de lamerme las orejas. Conserva tu distancia y escúchame, porque estoy tratando de prepararte para otro plano de la existencia. Para que notes con exactitud cuándo se harán presentes las coordenadas y captes el momento en que el gran amor logrará consolidarse sin obstáculos y crecer con asombrosa rapidez.

Bastará que se crucen unas miradas furtivas en un bar. O que al levantar los ojos, que habían quedado prendidos del oscilar del agua en el estanque, tu futura y aún desconocida pareja te devuelva una mirada inquisitiva y dulce. O que en el parque en que él acostumbrará a pasear su perro te quedaras absorta observando las variantes formales que el viento insuflará en los cúmulos nubosos, al tiempo que escucharás una voz tímida e invitante que te dirá simplemente: “Hola, ¿cómo estas?” No se harán esperar las inocentes preguntas sobre el pronóstico del tiempo, o la raza canina de la mascota que él acariciará en tus brazos.

Las conversaciones posteriores dejarán entrever todo un espectro de coincidencias, similitudes y afinidades sorprendentes que les irán acercando mientras ustedes continuarán charlando e indagando animadamente, tejiendo y destejiendo una intrincada madeja de sueños inconfesados, hasta que en un lapso relativamente corto se encontrarán ustedes ya descubriendo en el lecho los placenteros misterios que el amor se hace regalar a través de los cuerpos.

Pero la clave para saber cuándo ha llegado el momento del gran amor consiste en prestar atención a los detalles, que aparecen aquí y allá con aparente insignificancia. Puedes llamarle augurios, indicios o señales, no importa. Debes estar atenta y afinar tus sentidos. Porque antes de que acontezca el gran encuentro sentirás una sutil euforia y te sobrevendrán deja vues y premoniciones con una frecuencia inusitada. En la mañana una mariposa entrará revoloteando en tu cuarto y al caer la tarde un pájaro azul se acercará a tu ventana entonando tristes trinos, y ya en la noche de luna verás cómo una luciérnaga se posará sobre tu copa de vino en el instante en que saboreas intensamente los goces de la soledad, y creerás que se trata de un beso de la cómplice luna.

Conviene, sin embargo, ejercer cautela. Porque algunos amoríos te llegarán disfrazados del gran amor, cargados de promesas, halagos y caricias. Cuidado. Suelen ser trampas siniestras del azar que sólo consiguen alejarte de la luminosa salida del laberinto. Parecen caídos del cielo. Te arrobarán, te enajenarán. Poseerán casi todo lo que siempre amabas en ti, lo que soñabas en el otro y lo que esperabas del compañero fiel al gozo y al sufrir de tus jornadas. Cuando esos amores hayan conseguido embaucarte empezarán a sacar espuelas minuciosamente afiladas, perniciosas y te clavarán sin conmiseración. Y tu consternación será grave, porque al poco tiempo te asediarán, te maltratarán y te irán aniquilando, quemando y asesinando poco a poco tus anhelos, tu dicha y tu ilusión.

Como lo antes expuesto resulta absolutamente impredecible, conviene que te guíes por el instinto, mantengas tu buen olfato y continúes disfrutando de tu vida en ese plano de la existencia sin tratar de morderle las tres patas al gato amoroso.

El gran amor, ese que tarda siglos y vidas en consumarse podrá estar simplemente ahí, durmiendo tranquilamente sobre tu lecho y puede que no sepas que ese es tu gran amor. Y bastaría que lo trabajaras, lo pulieras, le sacaras sus aristas y sus brillos. Aún si el tipo es un ignorante, depravado y necio, un glotón asqueroso que no sabe ni siquiera cómo untar el pan sobre la mantequilla, piensa que habrá siempre un remedio. Algunos suelen ser drásticos, pero efectivos. Puede que ese remedio esté en el botiquín del baño, en esos frasquitos con bromuro de plomo y cianuro llamados Tres Pasitos, o en la gaveta donde el desgraciado guardará la pistola H358 de la Simpson que él insistirá en comprar desbancando los últimos ahorros de toda tu vida.

Si te decides por estas soluciones radicales, habrás de saber que podrías encontrar algunos años de cárcel y, lo que es peor, regresiones en tus futuras reencarnaciones. Puede que regreses como una mariposa anunciadora, o como un pájaro azul de triste trinar, o como una luciérnaga con la misión de rondar las copas de vino de gente solitaria en las noches de luna. Deja ya de agitar la cola, de olisquearme y de morder mi pescuezo. Porque puede que te pase lo que a mí y vuelvas a regresar a la existencia como este perro que soy, cuyo dueño insiste en sacar a pasear a este parque lleno de estanques azules y oscilantes. Has de tener paciencia, te he dicho. Los grandes amores tardan vidas y siglos en consumarse. Te lo digo porque a mí ya me ha pasado, buena perra.
 

FERNANDO UREÑA RIB



 

Pedro Mir y Fernando Ureña Rib

 

 

 

 

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Revisado: January 10, 2012
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