ARTE CHILENO

 

MAESTRO DE MAESTROS

PEDRO LIRA RENCORET

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

La pintura de Pedro Francisco Lira Rencoret (1845-1912) es la que empieza a establecer los parámetros de lo que es hoy la pintura moderna y contemporánea en Chile. Lira selecciona de la Europa impresionista, los elementos formales en boga y los traslada a su patria, enriqueciéndolos con otra gama cromática, y con una manera densa y fluida de empastar el lienzo, donde luz es la protagonista, la que moldea y da plasticidad a la imagen.  

Una intensidad dramática no frecuente en el arte chileno de esa época, hace que la pintura de Lira se destaque, junto a la de Alberto Valenzuela y a la de Juan Francisco González, los otros dos puntales de las artes plásticas chilenas.

 

Fernando Ureña Rib
 

 

Ficha del Museo

Biografía

PEDRO FRANCISCO LIRA RENCORET, Pintor chileno. Nació en Santiago el 17 de mayo de 1845 y murió en la misma ciudad el 20 de abril de 1912.

Fue organizador de las primeras exposiciones artísticas del país, como la Exposición del Mercado en 1872 y colaboró en la primera exposición exclusivamente nacional en 1884. Fue uno de los fundadores de la Unión Artística en 1885 que creó el Museo Nacional de Bellas Artes en la Quinta Normal donde funcionaron los Salones Anuales de Pintura durante 25 años. Fue miembro de la Comisión Directiva de Bellas Artes desde sus inicios hasta 1903. En 1906 funda el Salón Libre de Pintura.


El protagonismo de Pedro Lira en la historia de las artes en Chile se consolidó en su fecunda labor como pintor, crítico, maestro y difusor del arte.Considerado uno de "los cuatro maestros de la pintura chilena", estudió paralelamente leyes en la Universidad de Chile y pintura en la Academia. Si bien se tituló de abogado para satisfacer los deseos de su familia, dedicó su vida a la pintura.

En 1873 se trasladó a París con su esposa Elena Orrego Luco. Allá participó en los talleres de Evaristo Luminnais, Elie Delaunay, Jean Paul Laurens y Juan Antonio González.

Regresó a Chile en 1882. Publicó artículos y ensayos en diferentes medios periodísticos. Entre 1902 y 1907 asumió la dirección de la Escuela de Bellas Artes. Los temas que desarrolló contemplan retratos, escenas de costumbres y paisajes.

Entre sus cuadros más destacados se encuentra La fundación de Santiago.


Pertenece a la Generación de los Grandes Maestros de la Pintura Chilena integrada por Juan Francisco González, Alfredo Valenzuela Puelma y Alberto Valenzuela Llanos, quienes desarrollaron su labor artística durante las dos últimas décadas del siglo XIX y las dos primeras del siglo XX.

Educado en una acomodada familia capitalina, realizó sus estudios secundarios en el Instituto Nacional y a los 16 años comenzó cursos de pintura en la Academia de Bellas Artes que dirigía Alejandro Cicarelli. La enseñanza superior la realizó en la Escuela de Leyes de la Universidad de Chile, donde obtuvo el título de abogado en 1867.

Desde sus inicios se proyectó como líder entre sus pares, atrayéndolos al conocimiento y a la instrucción, al estudio de la estética y de la historia del arte. Organizó clases especiales de anatomía con un médico, los llevó a conventos y casas de coleccionistas para admirar obras originales y realizó estudios del paisaje en los alrededores de Santiago, acompañado de Antonio Smith, pintor que marcó su obra posterior.

En 1873 viajó a París en compañía de su cuñado Alberto Orrego Luco. Allí se quedó hasta 1882 estudiando a los viejos maestros representantes de la pintura oficial y la corriente romántica que dirigía Delacroix, por quien sintió gran admiración. Regresó a Chile con una ya depurada técnica académica e inició el período más fecundo de su carrera como pintor, crítico y maestro.

Obra


El contacto directo con la pintura francesa produjo en él permanentes mutaciones estilísticas, cultivando casi todas las tendencias recorridas por la pintura europea durante el siglo XIX, pasando del romanticismo "La carta", el naturalismo "El niño enfermo", (1902) y el idealismo, sin abandonar su fiel adhesión al contenido y al realismo morfológico.

La temática de su obra fue diversa: asuntos históricos "Felipe II" y "El Inquisidor", (1880), mitológicos "Prometeo encadenado", (1883), bíblicos "Caín", (1882), ilustrativos y anecdóticos "La mala nueva", (1882) y "Después de la serenata", (1875); costumbristas "El golondrinero", retratos femeninos y masculinos "Retrato de Pablo Burchard", motivos humanos "Los canteros" y el paisaje "Paisaje de Primavera".

Aportes


Fue organizador de las primeras exposiciones artísticas del país, como la Exposición del Mercado en 1872 y colaboró en la primera exposición exclusivamente nacional en 1884.

Fue uno de los fundadores de la Unión Artística en 1885 que creó el Museo Nacional de Bellas Artes en la Quinta Normal donde funcionaron los Salones Anuales de Pintura durante 25 años. Fue miembro de la Comisión Directiva de Bellas Artes desde sus inicios hasta 1903. En 1906 funda el Salón Libre de Pintura.

El prestigio y la autoridad de Pedro Lira en la plástica se incrementó con la publicación de artículos, ensayos y críticas, siendo de los primeros en emitir juicios estéticos con sólidos conocimientos de la técnica pictórica en "Los Anales de la Universidad", en la "Revista de Santiago" y en el "Correo Literario".

Fue autor de un Diccionario Biográfico de Pintores, obra que marcó la culminación de su labor teórica. Hizo y publicó una traducción de la Filosofía del Arte de Taine.

El protagonismo de Pedro Lira en la historia de las artes en Chile se consolidó en su fecunda labor como pintor, crítico, maestro y difusor del arte.

Fuente: ArtePhilips

 

 

  • Gracia Barrios
    Sammy Benmayor
    Roser Bru
    Mario Carreño
    Gonzalo Cienfuegos
    Patricio de la O.
    Arturo Duclos
    Benjamín Lira
    Hernán Miranda
    Benito Rojo
    Francisco Smythe.
     

 

 

 

MÚSICA DOMINICANA

SOBRE EL AMONÍACO

Y LA TRANSPARENCIA DE LOS GOBIERNOS

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

 

 
ALUCINANTE

Emotivo recital del maestro Molina, la OSN y Maridalia
 

Pachico Tejada - 6/26/2008




EL MOSAICO SONORO DE LA DOMINICANIDAD SE REALIZÓ CON EL AUSPICIO DE INDOTEL

El maestro José Antonio Molina, con la batuta, dirigiendo al principal grupo musical del país.
SANTO DOMINGO.- La Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el maestro José Antonio Molina, ofreció la noche del martes una experiencia estética alucinante. El décimo aniversario de la Ley de Telecomunicaciones fue celebrado con el “Mosaico sonoro de la dominicanidad”, presentado con el auspicio del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel) en la sala principal del Teatro Nacional Eduardo Brito.

La Sinfónica supo interpretar el “Bolero” de Ravel con gracia y maestría, como una pirámide invertida, desde la más mínima percusión, extendiéndose a los vientos y las cuerdas, hasta culminar en un apoteósico final en que toda la orquesta participa.

El emotivo concierto de gala concluyó con la magistral interpretación de la reconocida pieza de Ravel, que ratificó la calidad del maestro Molina y de nuestra Sinfónica.

Hubo una ovación de pie de la audiencia en un momento emocionante, al dejarse envolver por la magia de la música y la manera de llevar la batuta de Molina, como una danza, por momentos frenética y calmada, en otros instantes saltando, agachándose, dejando que la melodía lo llevara en su vuelo.

Dos horas antes, el evento había iniciado con imágenes de los puntos más bellos del país: playas, montañas, gente, al son del “Compadre Pedro Juan” de Luis Alberti.

Luego de la introducción audiovisual, la música dio inicio con “Porgy and Bess: un cuadro sinfónico”, del compositor norteamericano George Gershwin.

Los sutiles acordes del conocido “Summertime” llenaron de belleza sonora la sala entre vientos y cuerdas. En el segundo movimiento, el maestro Molina ejerció con energía la dirección y así respondió la percusión al entrar con su sonido fortalecido.

Antes del momento final, con la obra de Maurice Ravel, Molina condujo “Romeo y Julieta, Obertur a - f ant a s í a en Sí menor”, de Tchaikovsky, uno de sus autores más admirados.

Maridalia Hernández, la solista
La cantante Maridalia Hernández estuvo magnífica cuando interpretó dos momentos de “El amor brujo” de Manuel de Falla, esto es, “Canción del amor dolido” y “Canción del fuego fatuo”.

La cantante parece haber robado el duende gitano para realizar una interpretación llena del dramatismo que merece este tipo de canción.

De España, la noche se trasladó musicalmente a América del Sur. “Balada para un loco”, del argentino Astor Piazzolla fue la continuación del excelente programa pautado para el espectáculo.

La parte dominicana llegó con el “Popurrí de canciones románticas dominicanas”.

Maridalia hizo temas de, entre otros autores, Anthony Ríos, (“La distancia”), José Dolores Cerón (“Como me besabas tú”), Juan Lockward (“Luna sobre el Jaragua”) y Salvador Sturla (“Amorosa”). Por la familiaridad de los temas, Maridalia invitó al público a cantar con ella, pero al parecer la solemnidad de la sala pudo más que las ganas de acompañarla con las conocidas letras y solo unos pocos se animaron a hacerle coro.

Esta actitud de respeto no fue rota ni siquiera cuando, en la segunda parte de este segmento, Maridalia y la orquesta realizaron la interpretación de “Popurrí de merengues”, autoría de Julio Alberto Hernández, abuelo de la cantante.

Indotel
El secretario de Estado y presidente del Indotel, José Rafael Vargas, expresó que se trata de un majestuoso “concierto para el recuerdo”, mediante el cual la Indotel celebró los diez años de aplicación de esta ley que creó.

Sostuvo que en estos diez años de la Ley número 153- 98 “han dejado frutos positivos” que el país celebró en grande, con el exquisito concierto que ofreció la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección del maestro José Antonio Molina, con Maridalia Hernández como solista.

Vargas manifestó que al patrocinar este concierto, el Indotel no solo se adentra en lo que han sido estos diez últimos años de telecomunicación en el país, sino que, además, reconoce el extraordinario talento musical que brota de las entrañas mismas del pueblo dominicano.




 

FERNANDO UREÑA RIB 

 

 

 



 

 

Ureña Rib has seen his work exhibited around the World and holds a prominent position on the Art scene in his own country, but he admits to be particularly drawn to Montreal, which he visits annually. Renting a studio in the downtown Belgo Building, he immerses himself enthusiastically in the creative and diverse atmosphere of Montreal producing here his works.

FERNANDO URENA RIB

ART STUDIO

 

 

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Revisado: July 31, 2008
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