Pedro Henríquez Ureña nació en República Dominicana
en 1884, donde recibió una esmerada educación
intelectual desde la infancia. Su familia perteneció
a la tradición cultural de Santo Domingo. Su hogar
fue centro de gran actividad cultural, se reunían en
él grandes figuras políticas e intelectuales como
José Martí y Eugenio María de Hostos. Henríquez
Ureña fue un asiduo asistente a centros de reuniones
y lecturas donde desarrolló el gusto por los
clásicos y modernos, por el teatro español, la
novela francesa y el teatro de Ibsen que le
descubrió un mundo nuevo: la literatura moderna.
La vida y obra de Pedro Henríquez Ureña comprendió
varias etapas, dos en Estados Unidos, la primera, a
los 17 años pasó tres años en Nueva York, aprendió
el idioma, entró en contacto con las mejores
bibliotecas y los más grandes valores musicales y
teatrales; ahí conoció la verdadera vida americana y
aprendió a estimarla en su verdadero valor. La
segunda vez que estuvo en Estados Unidos fue de
noviembre de 1914 hasta 1920, etapa en donde alcanzó
una sólida formación profesio-nal y docente. Obtuvo
la maestría en Arte y el grado de Doctor en Letras.
Ahí se vinculó con el Centro de Estudios Históricos
de Madrid. Impartió sus cursos en el Departamento de
Lenguas Romances: "Vidas y costumbres en
hispanoomérica" en la Universidad de Minnesota.
Una nueva etapa se dio en La Habana, Cuba de 1904 a
1905 en la cual desarrolló una amplia producción
literaria y pueden distinguirse dos etapas en
México, una de 1906 a 1914 donde se identificó con
el país, dio lo mejor de sí con el apasionamiento de
la juventud, se integró al grupo de jóvenes
intelectuales, que a partir de la "Revista Savia
Moderna" llegarían a modificar el país, pues
coincide con la transformación cultural y social de
México. Y por último, por invitación de José
Vasconcelos, Secretario de Educación llegó
nuevamente a México en 1921 a colaborar como
profesor de literatura de la Escuela Nacional
Preparatoria y como director de Intercambio
Universitario, ahí fundó y dirigió la Escuela de
Verano este periodo que se prolongará hasta 1924 se
caracterizó por implantar nuevos métodos de
enseñanza e inició el Seminario de Letras Españolas
en la Escuela de Altos Estudios, que más tarde se
llamó Facultad de Filosofía y Letras.
La estancia de Pedro Henríquez Ureña fué una
decisión que marcó el destino de su vida, encontró
una afirmación de su propio ser dentro de un ámbito
cultural, halló aquí el contenido esencial de su
obra; un sentido de la América hispánica, descubrió
en México otro mundo.
Vivió su última etapa en Argentina y abarcó de 1925
hasta su fallecimiento en mayo de 1946. Fue esta de
intenso trabajo intelectual, característica
primordial en la vida de Pedro Henríquez Ureña. En
este país fue maestro del Colegio Nacional de la
Plata, impartió conferencias, publicó un libro de
gramática, fundó la Universidad Popular Alejandro
Korn, participó en congresos, prologó la colección
Cien Obras Maestras, concibió la Colección Grandes
Escritores de América, organizó la Biblioteca
Americana y recibió la Cátedra Charles Eliot Norton
en la Universidad de Minnesota,— primer
latinoomericano en ocuparla—.
Los afanes de Pedro Henríquez fueron su permanante
deseo por educar y descubrir vocaciones. Alfonso
Reyes, su amigo de toda la vida escribió: "enseñaba
a ver, a oír y a pensar, y suscitó una verdadera
reforma de la cultura." Se identificó con México,
amó a México, fue su meta, estudió sus
manifestaciones culturales y descubrió sus
características. Así pues, habló de México como el
primero de los países de Latinoamérica donde surge y
se encarna un sentimiento colectivo iberoamericano
que aspira a crear una cultura propia de nuestra
raza.
Sus principales aportaciones a la cultura mexicana
en el campo de las letras fueron: trabajos
filológicos y obras de temática diversa; la
revalorización de Juan Ruiz de Alarcón; sus estudios
sobre Sor Juana Inés de la Cruz; la revalorización
del Siglo XVIII (el barroco); su participación en la
Antología del Centenario Mexicano y la valorización
de las obras de Alfonso Reyes . En México, en el
campo de las ideas luchó contra el positivismo,
orientó a los jóvenes que formaron el Ateneo de
México y más tarde al grupo Generación de 1915. En
el campo de la educación colaboró en la organización
de la Universidad Popular, en la reorganización de
la escuela de Altos estudios y en la organización de
la escuela de Verano.
Su huella es imborrable y su saber fue un ejemplo
que se mantuvo vivo en respetables figuras de la
vida nacional mexicana.
Por: Humberto Sánchez Córdova (Cátedra Especial
1998- 1999)