La obra de Agustín Lazo se emparienta
con lo mejor de la tradición pictórica mexicana. Tradición que
bajo el ejercicio de sus manos adquiere dimensiones
inusitadas, porque es Lazo quien rapta en sus lienzos el
espíritu mexicano de principios del siglo veinte y quien
retrata como ningún otro la ruda y tantas veces cruda
realidad, del hombre común, del campesino, del olvidado.
Agustín Lazo no se queda, sin embargo, en esa realidad
inmediata, sino que la trasciende al internarse en el mundo de
las aspiraciones y los sueños de ese hombre común. Hay quienes
alegan que Lazo es el iniciador del movimiento surrealista en
México. Pero el término "surrealista" es utilizado de manera
tan diversa, que se tiende a olvidar las particularidades y
los descubrimientos del pintor mexicano con el fin de
encasillarlo injustamente en un movimiento que le fue ajeno o
que, más bien, muchas veces prefería ignorar.
Con todo, la obra de Lazo tiene características muy
personales, dentro de una formalidad universal y de una
tradición europea. Con los años, la obra de Agustín lazo no
desmedra. Al contrario, profundiza en algunos aspectos que
ciertamente trascienden la realidad y la iluminan.
Fernando Ureña Rib