EDANCO 2006
Encuentro de Danza Contemporánea 2006
Se realizará durante el último fin de semana de mayo y el primer
fin de semana de junio en la Sala Manuel Rueda de la Plaza del
Conservatorio
El Encuentro de Danza Contemporánea 2006 (EDANCO) comenzará en esta
edición el 26 de mayo, a las 8:30 de la noche, con una función de gala
en la sala Manuel Rueda de la Plaza del Conservatorio, Santo Domingo, a
beneficio de la Fundación Niños por las Artes.
El evento, bajo la dirección y producción de Edmundo Poy, moviliza esta
vez en el último fin de semana de mayo y el primero de junio, a
coreógrafos y agrupaciones de danzas de Estados Unidos, Costa Rica, Cuba
y República Dominicana.
EDANCO cuenta en esta ocasión con la participación de las compañías
norteamericanas Headlong Dance Theater Company (Philadelphia) y The
Silver-Brown Dance Company, así como de la dominicana Marycarmen
Rodríguez, quien presentará su obra “El Cielo de la Boca” y la cubana
Ileana Balmori, con una obra sobre las Hermanas Mirabal, entre otras
puestas.
Horarios
El primer fin de semana, el viernes 26 de mayo, se inicia con la gala
inaugural y continúa el sábado 27 a las 5:30 de la tarde y el domingo 28
a las 6:30 de la tarde.
El viernes 2 de junio a las 8:30 de la noche comienza el último fin de
semana del evento y continúa el sábado 3 de junio a las 8: 30 de la
noche y concluye el domingo 4, a las 6:30 de la tarde.
Los coreógrafos Tatiana Mejía, Awilda Polanco,Cecilia Camino, Karol
Marenco, Daymé del Toro, Orestes Amador, Mundo Poy e Iván Tejada, quien
participa por primera vez en el Encuentro de Danza Contemporánea 2006,
aportan la parte local junto a otros artistas, entre ellos los actores
Isabel Spencer, Julio Joseph, Hamlet Boddem y Vicente Santos.
Obras como Flock, de la norteamericana Eva Silverstein; Hippie Elegy,
del Headlong Dance Theater (EU); De quién fue la culpa, no quiero
saberlo, de Ileana Álvarez (Costa Rica); Luna de Mariposas, de Ileana
Balmori (Cuba); Peligro, de Karol Marenco (Costa Rica); Omi Omi, de
Daymé del Toro (Cuba); así como La Pieza de los Decapitados, de Orestes
Amador; Xtreme (performance de danza extrema) de Iván Tejeda y Economía
de Servicio, de Edmundo Poy podrán ser admiradas a lo largo del evento
cumbre en el país del arte danzario que tuviera en Isadora Duncan a su
primera creadora.
- Alfonso Quiñones
EDANCO 2005
NUEVAS CORRIENTES COREOGRÁFICAS
Fernando Ureña Rib
KAROLINE BECKER
Usted
entrará sigilosamente, acomodándose en un butacón de la umbrosa Sala
Manuel Rueda, y se esforzará en leer las pequeñísimas letras del
catálogo de mano y en descubrir qué hay de nuevo en esta modificada
versión del encuentro de coreógrafos que otrora lanzara Ritmos, bajo la
benemérita Marilú Valdez. Entonces descubre que este es un espectáculo
de danza distinto, concebido para enaltecer una profesión exigente y mal
pagada que se desarrolla en el país gracias a la audacia, tenacidad e
inteligencia de aquellos que han hecho del baile su razón de vida.
Usted no dejará que el título de la primera pieza
le desubique, porque con Meridiano Cero Ileana Balmori, creadora de esta
formidable pieza, no nos refiere al archifamoso punto cero de Greenwich,
en Londres, ni a la línea ecuatorial que atraviesa un punto en las
cercanías de Quito, ni a la Zona Cero que señala al vacío en que se
erigieron las malogradas torres de Nueva York. Bajo dos círculos de luz
los bailarines Dany López y Karol Marenko renuevan el viejo tema de la
pasión y el sentimiento puro, de la desolación y del amparo. El trabajo
de los bailarines es limpio, de gran fuerza y pleno de ansiedad y
expectación. La coreógrafa consigue de sus bailarines movimientos
espléndidos, abarcadores y los remarca con detalles dramáticos sobre la
polaridad hombre-mujer, logrando que el público se sienta energizado.
Y lo que prosigue es una pieza de la autoría y
ejecución de Esther Vogrig, una muchacha que inició en Santo Domingo sus
estudios de danza y los perfecciona aún en Ciudad México. No espere,
estéticamente, complacencias, ni favores, ni adornos. Se trata de una
pieza desgarradora, de múltiples lecturas, sobre una mujer en medio de
la conglomeración urbana. Cuchillo en boca ella crea y defiende su
espacio y enfrenta avatares, peligros y comunica su angustia sin
escarceos. Cada músculo, cada tendón, cada ligamento participa en esta
coreografía en la que lo interior y el sentimiento determinan la forma
misma de la danza. El cuerpo responde con contracciones y contorciones a
convulsiones íntimas del alma. Esta danza surge desde dentro y sin
embargo, la audiencia (principalmente femenina) se apodera del mensaje
con entusiasta presteza.
“Partir para poder regresar” es el título de la
ingeniosa creación coreográfica de Dayme del Toro. Aquí la bailarina
cubana y un solo elemento, la maleta, sirven para una exploración
intensa de las posibilidades expresivas de un viaje cuyos componentes
políticos y sociológicos se hacen evidentes. El exilio, la isla
abandonada, las implicaciones sicológicas y culturales de la partida
están ahí en una diáspora urgida por necesidades ulteriores del viajero.
Un largo silencio precede una canción que resume la agonía de la espera,
la impaciencia de la travesía. Ese silencio casi absoluto en la primera
mitad de la pieza corresponde al aspecto reflexivo del viaje. Quizás
usted piense que la coreografía de Dayme del Toro, de grato y expectante
fluir, ganaría si ese espacio se llenara con los ruidos y sonidos que
enfrenta el viajero.
La experiencia y maestría de la coreógrafa Irmgard
Despradel se inspiran en el Reino de la Imaginación de Fernando Ureña
Rib y en el texto Decir la Piel que Enriquillo Sánchez escribiera sobre
la obra del pintor dominicano En esta coreografía, un tanto narrativa,
aparecen el artista frente al lienzo en blanco, la ensoñación y la
poesía de las ninfas que le inspiran. La bailarina Karoline Becker, con
su sólida formación clásica, demuestra admirable elasticidad, gracia y
promisorias condiciones histriónicas. Las pinturas de Ureña Rib cobran
vida en María Raquel García y Jocabeth Fernández. Julio Joseph, quien
hace las veces del pintor, transmite la energía propia del instante de
la creación pura. La poesía, el arte pictórico y la danza se
complementan aquí con energía y fluidez.
De nuevo aparece la formidable costarricense Karol
Marenko, ahora con Vicente Santos, con una pieza de la autoría de ambos
titulada Entre el Ruidazal y el Silencio. Se trata de una danza de
situaciones en la que se mezclan el humor y la ironía. Las ideas
coreográficas son innovadoras y tienen mucho más peso si la
interpretación conceptual de la obra se deja al libre albedrío del
espectador. La danza sólo puede ser comunicada a través de los cuerpos.
Elisabeth Crooke nos prende en Reflexiones, lo más
nuevo de sus coreografías. Aquí valen tanto la destreza y precisión como
esa manera sutil de atrapar en el aire el elusivo tiempo escénico. Junto
a Isadora Bruno y Maribel Díaz, las espigadas bailarinas nos proponen
una dinámica introspección en la que las danzantes alternan el hilo
argumental con tensiones físicas (y sicológicas) extremas. De ahí
pasamos a ver Lujuria, de Isadora Bruno. Este solo tiene momentos
memorables. Sobre el girar de una silla la mujer se transforma en un
tornado de erotismo insatisfecho y de reclamos amorosos.
La noche concluye jubilosa con La Casa de Bernardo
Alba, una sátira (lujuriosa también) de Edmundo Poy en la que coinciden
El bolero de Ravel, el son de de Villa y un elenco festivo y desinhibido
que va creciendo en la misma medida en que lo hace el drama y el bolero.
En la eclosión hay admirables interpretaciones, en la que sobresalen
Giovanni Lockward, Ruth Emeterio e Isabel Spencer. El encuentro es una
refrescante y audaz experiencia de la danza contemporánea dominicana.