Fernando
Ureña Rib tiene el candor pictórico de su juventud; ese candor que
tanto perseguía Picasso y que a veces lograba atrapara a sus ochenta y
tantos años. Pero este candor de Ureña es genuino, por derecho. Sabe
plasmar en sus lienzos toda la ingenuidad y pureza que sus años han
vislumbrado en el mundo que le rodea. Un mundo acorde y sin
estridencias dentro de un paralelismo simbólico.
No
se puede decir que en los lienzos de Ureña predomine el dibujo sobre
el color pues los dos se conjuntan para lograr una armonía conceptual y
lo que es más importante, consigue dar a su obra ese ambiente íntimo
que sumerge al visitante dentro de atmósfera creada por el artista.
Para
Fernando Ureña Rib el estudio del hombre, en cualquiera de sus
manifestaciones llega a tener carácter de epopeya y su descubrimiento
ha dado al artista una fuente inagotable de plasmación.