Durante
años, Fernando Ureña Rib no dejó de volver internacionalmente al
realismo, a través del retrato real o imaginario, rostros (incluyendo a
un esporádico autorretrato), bustos o medios cuerpos, figura aisladas a
veces combinadas con follaje o en pareja repentinamente, reminiscencia
soterrada de Adán y Eva. Es probable que, tanto en el dibujo como en la
pintura, él no abandonará totalmente esa tendencia, de la misma manera
que, "convertido" al abstraccionismo, emprenderá retornos ocasionales a
la figuración.
Nos
consta que el artista, siendo uno de los más duchos en el oficio entre
los pintores dominicanos, se complace en probar de nuevo la docilidad de
la mano y de la inspiración. Sin embargo, la pasta y el temperamento
siempre están allí para la receptividad perceptiva como aspecto de la
representación. Recuerdo las afirmaciones de León Degand: "A las fuerzas
que líneas, formas y colores producen según el objeto representado se
agregan las fuerzas que esas líneas, formas y colores producen entre sí,
w3tún las relaciones de los objetos entre ellos. " Para tomar el ejemplo
más sencillo, el impacto de áreas y manchas de color luz es mayor en la
confrontación de una muchacha joven con ramilletes de hojas, que en la
asociación de dos personajes, concentrándose entonces más la atención
del pintor en los rasgos físicos de ambos, en sus expresiones
introspectivas.
Al
mencionar la palabra "introspección" abordamos simultáneamente los
mundos interiores que sugieren las fisionomías absortas de ciertos
protagonistas y los mundos interiores del propio artista o más bien sus
necesidades interiores. Esa incursión de la intimidad psicológica e
intelectual, de los sentimientos y de la fantasía se traduce en la obra
de Fernando Ureña Rib, por u tipo de discurso onírico, emitido hasta el
1986 aproximadamente, y que constituye el cimiento de la producción ya
madura.
Esa
liberación psíquica instrumenta la liberación plástica: surge mutaciones
y metamorfosis, superposición y multiplicidad de una misma figura en el
espacio. El artista, supo siempre titular su propia creación. Lo hizo
refiriéndose a su prolongada etapa onírica. "Los Caminos de Evasión",
denominación significativa de su primera época real imaginaria que le
llevó hasta "Las Puertas del Sueño", título de la muestra presentada en
el Deutsche Bank de Bonn en 1982. La crítica alemana receptiva captó
dentro de los límites impuestos al análisis en la prensa europea, los
atractivos conjugados de técnicas, atmósfera y simbolismo: "El tema de
Ureña Rib se centra entre las fronteras de lo consciente y lo
inconsciente, de la pesadilla, de los movimientos síquicos del interior
del hombre. Ese inconsciente está repleto de imágenes simbólicas, pájaro
y mujeres por ejemplo, en series completas". (Annelie Pohlen,
Bonner Rundschau)
Dos temas
recurrentes dominan en las secuencias oníricas: la figura humana y las
plantas. Pueden ser motivos únicos o combinarse. Un tercer centro de
interés surge esporádicamente, el ave. Ahora bien, cual sea la variante
temática las relaciones especiales se asemejan y constituyen, en cuanto
a estructuras y composiciones, la principal búsqueda gráfica y plástica
. El dinamismo se manifiesta a través de formas a la vez sólidas y
fluidas, penetrantes, compenetradas y yuxtapuestas.
El
movimiento puede llegar en sus defectos ópticos a la descomposición y a
la simultaneidad de un mismo elemento, vegetal o anatómico. El ritmo se
modula según distintas líneas de fuerza. El espectador es arrastrado
perceptivamente en distintas direcciones, hacia el espacio exterior, el
centro del cuadro, la vibración de la imagen o trayectoria curvada. Las
corporeidades se multiplican, se fragmentan, se persiguen, se
desparraman, se trasforman. A menudo las formas cubren la totalidad de
las superficies, pero cuando se disocian el fondo y los motivos
observamos el fenómeno de una atmósfera igualmente animada y dotada de
energía vital, jugando entonces la luz, el color y su aplicación, una
función preponderante.
A pesar
de que sentimos y reconocemos la importancia del cromatismo, me inclino
siempre por las vertientes formales. Cito de la opinión crítica de
Beatriz M. Ingram, unas frases que acentúan la apreciación directamente
pictórica: " Sus pinceladas son espontáneas, los colores vibrantes y a
veces violentos en su intensidad luminosa... La interacción de los
colores crea una ilusión de movimiento y de acción suspendida".
Abundamos un poco más en el aspecto factural. Subrayaré el virtuosismo
del toque que logra aunar el control, la energía y el gesto, la densidad
modulada del pigmento, acordando perfectamente la limpidez del tono y de
la textura. Cuando el pintor interpreta la tez femina, calidez y
luminosidad interior de un rosado carnal glorifican la sensualidad, el
frescor y la juventud.
Fernando
Ureña Rib que tan sueltamente (cuando lo decide) manipula el feísmo y la
caricatura psico social, en su vertiente onírica preserva siempre los
cánones hegelianos de lo bello y de una poética de la armonía. Si
introduce la nota "extraña" dentro de la belleza esta se sitúa en las
variaciones direccionales y estructurales de los cuadros, no en una
ruptura estética. Me adelantaré en el tiempo, observando que se trata de
una constante, ayer en la figuración, hoy en la abstracción.