Fernando Ureña Rib, en los últimos años es muy
diferente de aquel joven pintor de los setenta, pese a que lo hemos
notado, él vuelve esporádicamente a sus estilos anteriores como un
necesario ejercicio de oficio, como para probarse a sí mismo y a los
demás que sigue capaz de la fidelidad realista y retratista.
Creo en ese proceso evolutivo, sigiloso, cauteloso,
receloso que ha desembocado en una formulación madura y afianzada.
Mucho más raro es el salto repentino de un estilo a otro contrastante,
con buenos resultados plásticos.
En el cambio de Fernando Ureña Rib de
la figuración testimonial a una neo abstracción surrealizante,
asistimos a la primera modalidad prudente y ascendente, nunca a una
ruptura brusca siendo las contadas audacias experimentales absorbidas
en la fase próxima.
Así pues por el año de 1986, el artista empezó a
reinventar el mundo de elementos, formas y colores, plenamente
revelados a finales del año siguiente, en su exposición "Intima", que
produjo un singular impacto. Sin embargo, en ese período de gestación
que la precedió Fernando Ureña Rib aparentaba permanecer fiel a su onirismo figurativo y vibrante, en la temática vegetal, a su expresión
de crecimiento, expansión y fertilidad.
En ambos tratamientos, latían
el Trópico (título de otra individual) y sus incidencias climáticas en
el hombre y las plantas. En textos poéticos la poesía es un violín de Ingres del artista que introducían los catálogos, entre las frases
emotivas de un relato vivencial se escondía la clave de las diversas
combinaciones organizadas y armoniosas, cada vez más comprometidas con
transmutaciones imaginarias. Decía Fernando Ureña Rib "...empiezas a
notar el espejismo, las reverberaciones del calor que ahora funde las
imágenes y las convierte en una masa cromática volátil y evanescente".
("Trópico", abril 1986) Y luego: "El río
multiplicaba y dividía los últimos colores de la tarde y se convertía
en un enorme caleidoscopio hecho de metales líquidos y
fosforescentes".
("Celajes" Noviembre de 1986.) Mientras el
coleccionista y mecenas George Arzeno Brugal en una expresión más
directa observa justamente: "Simultáneamente muchas de sus pinturas
retoman la antigua preocupación de reflejar el movimiento y el
desplazamiento de los cuerpos en el espacio." (idem.)
A través de lo real imaginario, el pintor
intensifica la vida, la idealiza, la convierte en un reino de
contemplación, en una valoración de la armonía superior a la que
vivimos cotidianamente.
Las complejas interioridades del alma y sus
tantas impresiones efímeras se dejan traducir en la simultaneidad, en
los ritmos, y en las secuencias elaboradas por Fernando Ureña Rib. Así
profundizamos en el mensaje que se sucede en nuestras reacciones
perceptivas.
Ahora bien, pese a los cambios que se diseñaban en
la obra de Fernando Ureña Rib, principalmente en sus versiones libres
de movedizos follajes, el conjunto de óleos Fernando ha conservado su
apego a la pintura al óleo esa muestra "Intima" provocó en nosotros un
verdadero estremecimiento. Lo que consideramos un choque visual
privilegiado, la clase de emoción que a menudo causa una obra musical.
Los primeros "ecos" de la última metamorfosis de
Fernando Ureña Rib habían llegado a través reproducciones
periodísticas, despertando una honda curiosidad y dejando apreciar la
simbiosis de energía y lirismo que exaltan los valores de la
imaginación.
Nuestro agrado fue tal, al penetrar en la sal de
exposiciones, por cierto situado en la segunda planta del Listín
Diario, que, al escribir la columna crítica no pudimos contener la
euforia: "¿será un riesgo afirmar que un artista está presentando su
mejor exposición? No constituye más que un riesgo relativo en la
apreciación crítica por lo demás subjetiva siempre... si se conoce la
trayectoria del artista desde sus primeros pasos profesionales. Luego,
se tratará de la mejor exposición hasta el día de hoy... y el porvenir
queda abierto. Pues bien, afirmaremos sin reservas que Fernando Ureña
Rib está presentado su mejor exposición" (Listín Diario, 1ro. De
diciembre de 1987)
Un año después, mantenemos
el mismo criterio preferencial... e, increíblemente, ese impacto sigue
tan marcado en nuestra memoria visual como cuando descubrimos la
densidad estética de una secuencia excepcional. Previamente al encanto
resultante de una contemplación individualizada de cada cuadro, nos
sentíamos envueltos por el "espectáculo".
Evidentemente, la exquisitez
del color ya indisociable de la calidad de la línea y de la forma ,
síntesis de resonancias, de contrastes, de sutilezas tonales,
intervenía poderosamente en la repercusión óptica de aquella
sustanciosa muestra. Una vez, Jeannette Miller escribió, con un
enfoque entonces muy defendible, que "el manejo del color y de la
materia pictórica resultan secundarios ante sus habilidades gráficas."
(Historia de la Pintura Dominicana, 1979). Ayer, la línea de vida de
la creación pictórica de Fernando Ureña Rib era la línea; hoy la
riqueza y la delicadeza de la paleta determinan en gran medida la
línea melódica de su pintura.
No dudamos que el artista en algún momento haya
expresado en su fuero interior, "han repetido tanto que soy un gran
dibujante que voy a probar ahora que soy un gran colorista"...Es más,
las composiciones iniciales de la serie, en 1986 , que denotaban una
búsqueda insólita, tendían a "mutar" hojas y tallos en elementos
manufacturados por el hombre (o en objetos que lo sugerían). Insistían
no solo en las gradaciones tonales, sino en un volumen conseguido
gracias al énfasis en los aspectos cromáticos.
Encontramos pues los dos requisitos que determinan
el dominio del color: la belleza intrínseca de cada uno de ellos, la
armonía que resulta de la combinación de varios colores, enriquecidos
por una sutil gama de tonos. Fernando Ureña Rib mostraba de repente su
ciencia de las medias tintas, de difíciles matices. Rosados tiernos,
amarillos tenues, azules de cielo límpido que proponían una seducción
exaltada por los acordes contiguos y por superposiciones ligeras,
hábilmente transparentadas.
Además, otra selección ardua en los efectos a
lograr, los colores nocturnales, sordos, matizados aparte de proyectar
las tonalidades claras, francas vibrantes, planteaban a la segunda
mirada su profundidad y su valor cromático propio. En muchos de los
cuadros expuestos sobresalía esa interacción fructífera en sus
afinidades y sus contrastes.
Comprobando esa eficiencia del colorido que
acabamos de mencionar, siguen vigentes las afirmaciones de Baudelaire:
"Las sombras se desplazan lentamente y hacen huir delante de ellas o
apagan los a medida que la luz desplazada también hace resonar nuevos
tonos".
Lo que el gran poeta y esteta llamaba "la sinfonía del día" se
manifiesta intensamente en las composiciones recientes de Fernando
Ureña Rib. La luz, la luminosidad muy bien trabajada como fuente
múltiple del color, interviene a modo de participante esencial del
repertorio plástico, todo armonía, nunca conflicto.
Existía ese común denominador en todas las telas.
No obstante, algunas en particular intensificaban tanto el elemento
luminoso que ese se convertía en refulgencia fascinante. Así pues, una
de las bellas y líricas obras, "Suprema energía del Amor", se
convertía en un fuego cruzado, en un juego de destellos multicolores y
vibrantes, en auténtica sinfonía de luz.
En la parte inferior del
lienzo, un cuerpo yacente apenas insinuado, intervenía más bien como
origen de aquella irradiación centelleante.
Si la energía lumínica reinaba de manera singular,
se destacaba igualmente la investigación renovada de la forma.
Tendemos a calificar esa fase de la creación de Fernando Ureña Rib
como abstracta o neoclásica, porque la morfología representativa del
mundo conocido e identificable cedía ante estructuras imaginarias,
ante el estudio acentuado de la forma, del color y de la luz. Sin
embargo, ya que nunca hay una ruptura sino una metamorfosis en la
trayectoria de Fernando Ureña Rib todavía reminiscencias de la
naturaleza nutrían la nueva configuración.
Tal
vez la mejor clasificación para esas contigüedades, superposiciones o
fusiones sería de biomorfismo, por su índole orgánica fundamental, por
la vida que late y habita en los espacios pictóricos. Transmutaciones
carnales, frutales, florales, hasta mecanicistas pueblan la atmósfera
sustanciosa o totalmente aérea.
Sobre la base de esa iconografía
mágica mantendríamos nuestra denominación inicial de una comunicación surrealizante y fantástica, planteando una modalidad diferente para el
surrealismo dominicano, síntesis poética, vegetal, sensual, casi
dionisíaca.
Por supuesto, considerar "surrealista" el reciente
y actual período de la pintura de Fernando Ureña Rib podía suscitan
una discusión, si remontamos hasta el purismo original de ese
movimiento, cuando "suprarrealidad" se identificaba con "suprarracionalidad".
Así mismo se requería la observancia de modelos estrictamente
interiores, y el fluir automático de la creación, ajeno a la lógica y
al método.
Ciertamente, la obra pictórica y gráfica de Fernando Ureña
Rib no entra en esos cánones. Sin embargo, la definición del
surrealismo ha evolucionado y se ha ensanchado particularmente en su
expresión latinoamericana, cuyos orígenes se sitúan en mitos y magias
autóctonos.
Esos mundos imaginarios, liberados de las presiones
imitativas y representativas, dotados de una magia propia, impregnados
por las asociaciones espontáneas del sueño, se organizan sobre la tela
y el papel... como en el caso de Fernando Ureña Rib. Los valores
plásticos resultantes de la conjugación de la técnica y la estética
han adquirido una importancia preeminente. Hoy surrealismo no equivale
a una desorganización del mundo consciente sino a una reorganización
profunda según los dictámenes internos del Yo y el libre
funcionamiento de la inspiración.
Es esa reorganización, con sus leyes
de poesía, armonía, ordenamiento de las formas y saturación del color,
la que percibimos en los "Submundos", "Océanos" "Apología del Canto
Interior" de Fernando Ureña Rib. Reafirmemos que Fernando Ureña Rib en
su última metamorfosis ha ido formulando un surrealismo fantástico.
Etapa abierta de la joven madurez, susceptible de "otras" soluciones
evolutivas insospechadas...