ernando Ureña Rib, dejando fluir su vena de
introspección literaria escribió presentando su exposición "Intima":
Hay formas que se buscan, que se tocan, /que se llaman oscuramente o
que envían señales y / destejen enigmas, que elaboran sustancias
maternales. Ese auto análisis corresponde tanto al dibujo como a la
pintura, pues el artista lo hemos dicho varias veces es un excelente
dibujante. Así mismo manifiesta talento y oficio en la escultura, pese
a que cultiva mucho menos esa categoría plástica.
En la producción de un artista siempre hay una
categoría dominante. Si incursiona en la escultura, la pintura, el
dibujo, el grabado, simultáneamente se dedica más a una de esas
formulaciones con excepción del grabado que puede llegar a ser una
faceta paralela de tanta importancia y de mayor difusión . Fernando
Ureña Rib ha manejado al mismo tiempo el dibujo y la pintura,
sobresaliendo el primero en ciertos períodos, últimamente "naciendo"
de una fase y una solución esencialmente pictóricas: lo comprobamos en
la muestra de diciembre de 1988. En cuanto a la escultura ocurre un
fenómeno peculiar. ¡Ocho años atrás las tallas policromas de Fernando
Ureña Rib, orgánicas, fantásticas y surrealizantes dejaban entrever lo
que hoy en su pintura es su última metamorfosis!
Con su apego al dibujo Fernando Ureña Rib en buena
compañía, compartiendo esa afinidad con los más grandes del arte
universal pasado y presente y del arte dominicano Colson, Yoryi Morel,
Darío Suro, Ada Balcácer, Peña Defilló, Ramón Oviedo para citar
algunos nombres, son grandes pintores y grandes dibujantes . Ayer, Ingres llamaba el dibujo "la probidad del arte" , hoy el crítico de
arte Gerard Xuriguera lo llama "un lenguaje para tratar con el
espíritu", "una gramática del trazo", "el refugio de los puros" .
Calificaciones susceptibles de aplicarse a la vertiente dibujística de
Fernando Ureña Rib, en su rigor, en su diversificación, en su fluidez.
Cree y hace creer en el poder expresivo y la infinita riqueza de la
línea.
A pesar de abordar el dibujo con mano de virtuoso,
hay artistas que lo relean a una posición secundaria, como bosquejo
preliminar, a veces simple nota necesaria para capturar la fugacidad
de la inspiración. Probablemente a Fernando Ureña Rib le habrá
sucedido ejecutar esa clase de dibujo que se asemeja al primer brote
de creación. Sin embargo, fundamentalmente él es de los que consideran
el dibujo como forma de comunicación completa y autónoma capaz de
todos los efectos y de todas las expresiones. Más aún, cuando en los
años del despegue de la pintura no alcanzaba la plenitud, el dibujo
imponía su intensidad y su independencia a través de la nitidez y la
eficacia de la imagen gráfica.
Por esta misma razón no sería exacto hacer derivar
el proceso evolutivo del dibujo a través de la pintura. Fernando Ureña
Rib ha tratado sus diversos períodos deteniéndose en distintos
peldaños de la figuración mediante la pintura y el dibujo. En ambas
categorías él adoptó los mismos temas: el hombre y mayormente la
mujer, la fauna, la flora y recientemente un nuevo cosmos se suma,
funde y reordena los temas anteriores.
El dibujo se volvió tan imperativo en la fase
caricaturesca y las primeras aproximaciones oníricas que pretendía
simplemente cambiar la instrumentación y los materiales que para
inscribir y construir sus formas, utilizando el pincel, el lienzo. ¡No
se podía disfrutar la pintura independientemente del dibujo! Tal
fenómeno no perduró ni se generalizó pero sí se manifestó. Por otra
parte, debemos referirnos a una característica especial que concierne
a los trabajos más recientes y el surrealismo fantástico.
A pesar de que el ojo entrenado capta la fuerza y
la seguridad dibujística debajo de las sustancias y los acordes del
color, sobresale últimamente la pintura, su densidad, su textura.
Cuando Fernando Ureña Rib hace pocas semanas anunció que iba a
presentar una muestra de dibujos, nos preguntamos de inmediato si
sería una transferencia del período surrealizante y lo que iba a
lograr cambiando tan afortunados elementos cromáticos y facturales...
O si se devolviese hacia expresiones anteriores. Nos sorprendimos al
observar efectivamente la transferencia de ese mundo reinventado... Al
dibujo más puro y exigente en su definición. Nos sorprendimos también
al apreciar la misma calidad estética y poética.
Seguimos dedicando igual aprecio y elogio a
aquellos dibujos en blanco y negro ejecutados con toda la ligereza y
la volubilidad de la plumilla. Reinaba la línea con sus efusiones
gestuales, su nerviosidad controlada, su delicadeza de filigrana.
Instrumentaba los signos frutales, florales, foliáceos, anatómicos,
primero analizados durante años, ahora plasmados en síntesis, insólita
y encantatoria. La línea y sus variaciones llegaban a traducir la
organicidad y la sensualidad que hubiéramos podido considerar como
resonancia propiamente pictórica. Esa calidad escriptual de la línea,
limpidez impecable, pero más risueña que austera, ha identificado el
dibujo de Fernando Ureña Rib desde los inicios. Siempre ha sabido
extenderlas, doblarla, enlazarla, enrejarla. El trazo, ligero, llega a
ser casi inmaterial... Tupido o tramado se vuelve portador de sombra o
de drama. Cabe señalar que en el dibujo de Fernando Ureña Rib
intervienen, en su gracia y velocidad, los arabescos y filamentos de
tinta, pero también el valor intrínseco del blanco como fondo.
Espacio, atmósfera. Notemos que, en la evolución dibujística cobraba
antes mayor relevancia el significado sátira de facciones y muecas,
poesía y belleza de las figuras, según el tema , En el presente, por
los caminos de la neo abstracción y del surrealismo, se intensifica
más la instrumentación de la imagen en su exquisitez en las virtudes
del trazo.