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Lúdica trata
sobre la verdad y su comunicación. Con un ritual pictórico
deliberadamente reducido, Fernando Ureña Rib se propone
establecer un vínculo con el espectador, que no dé por
sentado la legibilidad de la imagen. O, lo que es lo
mismo, que acepte que no se puede decir la verdad sobre la
verdad. Si con el arte se corre el riesgo de la
incomunicabilidad, para Ureña Rib, sin embargo, solo el
arte puede establecer una inter subjetividad.
Cada imagen
tiene la sustancialidad del cuerpo y a su vez debe hacerse
insustancial, esquiva, para no caer en una interpretación
estrictamente figurativa. La obra de Ureña Rib, entonces
ya no puede mirarse con una ordenación intemporal. La
visión de estos cuadros no puede basarse en un sentido
lineal del tiempo: o, mejor aún, en un presente continuo.
Así el cuadro, sin perder su distanciamiento frente al
observador, va adquiriendo la intimidad de la figura y la
superficie del lienzo se puebla de monólogos exteriores,
efectos del vaivén entre lo más cercano y lo más remoto,
que constituye la relación de un cuerpo consigo mismo.
Esos monólogos
pictóricos son momentos que retornan siempre iguales a
distintas alturas; no del tiempo, sino del cuerpo mismo.
El movimiento de la figura con la repetición zafa la
imagen de su subordinación a la anécdota. El espacio no
sustancial que circunda los cuerpos parece rodear a su vez
un vacío eficaz, logrado, porque remite al único sentir
del que nada puede decirse: El goce. De allí recoge la
obra sus acertados silencios.
Por supuesto
no es lo inefable el asunto de Ureña Rib. No hay un
agnosticismo en su pintura. Sí un agudo realismo en que
toca la verdad y los modos que toma lo poco que de ella
pueda decirse. Se trata entonces de no saber lo que ya se
sabe par llegar a saber. Lúdica es la figura humana
pintada sin identidad, sin historias, sin tiempo. Una
figuración despojada de memoria.
Es el juego de
los cuerpos en el espacio de una identidad totalizadora y
una a crítica fusión entre los cuerpos y el espacio. Cada
cuadro es contingente. Cada lienzo que Fernando Ureña Rib
pinta es una de las muchas maneras en que la naturaleza
humana tiende a ocultar las faltas, las fallas, el hueco
entre lo que vemos y lo que está ahí. Lúdica nos brinda
esa cosa ensimismada que recubre los cuerpos y las formas,
que siempre retorna intacta, que es producto del oficio.
La sensualidad
no es trágica, por el contrario es fructífera y fecunda. Y
así quedan estas telas, oponiéndose a sí mismas. En una
ronda conmovida, estallante, de cuerpos que se mueven sin
contraponerse a nada que esté fuera o adentro.
Infinitamente libres, infinitamente lúdicos. Creados a
propósito de sí mismos. Con tanta intensidad y de manera
tan plena que no intuimos su creación como un jubiloso
juego proveniente no del rapto ni del frenesí, sino de un
extremado control frente al caos.
GINA FRANCO. SANTO DOMINGO.1997
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