LITERATURA DOMINICANA

FÁBULAS URBANAS

INDISCRECIONES CELULARES

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

Tal vez esta obra sea el anuncio de un repertorio de formas que constituirán el vehículo de la comunicación pictórica en los tiempos venideros. La pintura de Ureña Rib constituye, ya hoy, una visión rotunda de la pintura del siglo inmediato. Ojalá que así sea. No solo par la gloria de su país, sino también para la de aquellos que nos regocijamos con el esplendor de los muchos aspectos perdurables de su pintura.

 

 

INDISCRECIONES CELULARES

 

FERNANDO UREÑA RIB

Casi obligado por amigos, clientes y familiares compré un teléfono celular hace unas semanas. Me había opuesto tenazmente a esa idea hasta que sucumbí ante las ventajas (y las sonrisas) de una muchacha obsequiosa, de esas que venden servicios celulares en los kioscos de los centros comerciales. Para ahorrar me decidí por uno de los aparatos llamados análogos. No sabía en lo que me metía. Por algún entuerto de la tecnología aquel endiablado telefonino (como lo llaman los italianos) transformó mi conducta pasiva en una expectante, me convirtió en un espía, atento siempre a la lucesita indicadora de que había al otro lado personajes comunicándose.

Transcribo para ustedes a continuación diálogos escuchados en esas líneas cruzadas, a los cuales añadiré detalles circunstanciales, proporcionados por mi exaltada imaginación celular. Los mensajes fueron captados al azar en la Zona Colonial hace unos días. Por supuesto, para evitar complicaciones mayores utilizaré lugares y nombres falsos:

I

Compungida, Ana María se arrodilla sobre el banquillo del confesionario. Suena el celular. Es el amante. El ojo izquierdo del cura, grande y redondo, recorre a través de las rejillas el cuerpo esbelto y estremecido de Ana María. "Julio no te puedo hablar, llama después" susurra ella bajándose un poco la falda que había trepado peligrosamente al arrodillarse sobre la traviesa. "Necesito verte y apenas tengo una hora. Nos vemos a las dos en el Hotel Francés". "No puedo. Mi marido ha contratado detectives que me persiguen y rastrean las llamadas. Esto tiene que terminar, compréndelo." "¿Dónde estás?" "En la iglesia de las Mercedes" "Pasaré a buscarte." "¿No entiendes que no podemos? Hay espías armados con cámaras por todas partes" "Me disfrazaré. No me reconocerán. Voy enseguida, tengo que verte" "Haz lo que quieras, no puedo hablar, adiós".

"Y bien..., hija mía ¿ me decías?" En ese instante timbra el celular del sacerdote. "¿A qué cuenta puedo depositarle los 200.000 de la parroquia?" Pregunta el ex funcionario con voz apresurada desde el otro lado. "No puedo hablar ahora, estoy en el confesionario". "Tiene que ser hoy, antes de las tres o el dinero se pierde" "Pues nos vemos a las dos en el Hotel Francés" susurra el confesor.

Ah... celulares indiscretos! ¿Qué me decías, hija?" "Padre, estoy en medio de una encrucijada" El celular de la señora suena otra vez. Es el marido. "Ana María, tu cuenta ha sido cerrada y no podrás usar ya las tarjetas de crédito." "¡Pero Manuel!" "No hay peros. No quiero líos con los auditores y tú gastas más que una lima, adiós."

"Padre, creo que el cielo me castiga por todo lo que he hecho." " Dios castiga sin palo y sin fuete. ¿Qué has hecho, mujer?" "Hay un hombre en mi vida..." "Parecería que hay dos" "Bueno, sí, dos que hacen que me debata entre una pasión ardiente y el aburrimiento, entre una aventura romántica y la incomprensión. Compréndame. Durante los pasados cuatro años apenas veía a mi marido, siempre de viaje y en reuniones políticas, regresaba y partía de madrugada."

Suena el celular del cura. Es el banquero. El cura se disculpa y sale del confesionario. Julio disfrazado de monja, llama con su celular desde el atrio. "Ana María, soy yo" La mujer le mira desde lejos y no puede evitar la risa "¿Dónde conseguiste ese atuendo, flaco, asaltaste una monja en el convento?" "Es un disfraz alquilado. ¿Podemos irnos? Tengo una habitación reservada no lejos de aquí."

II

Estoy sentado en el bar del Hotel Francés. Son las dos. Suena el celular del banquero. Es el cura diciendo que ya se aproxima a la mesa reservada en el hermoso patio. Viene acompañado por el ex funcionario. Salutaciones, whisky, abrazos. En las escalinatas del fondo veo dos monjitas que suben apresuradas y desaparecen furtivamente en el corredor. Le cuento toda la historia al tendero del bar y como propina le regalo mi celular. No quiero saber más.

 

FERNANDO UREÑA RIB

 

OBRA PICTÓRICA

 

OBRA NARRATIVA