E l excelente dibujo se imponía por la fluidez y la
firmeza conjugadas del trazo, los rasgos tan sugerentes como descriptivos
de las figuras, las variaciones rítmicas de la línea. Además de esa
destreza gráfica intrínseca, el artista "substanciaba" el espacio con
zonas de tinta negra y de color. En cuanto a las esculturas, eran tallas
directas en madera, esmeradamente labradas. Estas formas y volúmenes
anunciaban las soluciones plásticas de hoy: envolventes, sensuales, neo
abstractas.
He mencionado ya las expresiones oníricas y orgánicas
de las obras de Fernando Ureña Rib, las continuaré mencionando ya que se
trata de tendencias reiteradas que, más aún se afianzarán en los años
siguientes. Lo grotesco no ha dejado de reaparecer, esencialmente en los
dibujos, pero en aquel período transitorio ha ostentado una singular
agudeza. Atribuyo esa inclinación esa inclinación a la sátira visual a
tres factores: la habilidad de la "mano" dibujística y su dominio del
antropomorfismo, la penetración psicológica del artista, finalmente sus
afinidades con el universo "goyesco" que contempló y estudió en España.
Frenando Ureña Rib hizo imágenes sociales. Elaboró
rostros caricaturescos que parecían sacados de una nueva "Comedia Humana".
Mímicas y atuendos completaban y exaltaba las desgracias y deformidades
físicas. Una tipología se explayaba con notable complacencia, la del
obeso. Siempre lo vimos como el "antihéroe" bajo la pluma o el pincel de
Fernando Urena Rib, personaje hundido en sus meandros adiposos, sofocados
por la congestión. Con distintas caras, con o sin barba, invadía la
superficie, la misma humanidad ampulosa, de hinchazones repulsivas,
auténtica signo grafía de una gula desenfrenada, que desde exterior
edificante sugería interioridades similares en el orden moral. O sea, una
especie de transferencia de los pecados capitales, plasmados con humor
sardónico. Insisto en que solo un dibujante muy hábil logra transmitir
tales sarcasmos sin caer jamás en excesos.
MARIANNE DE TOLENTINO
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