U n observador atento
percibe que sus
transfiguraciones son producto de denuncia o de la ensoñación, y que no eran
simplemente intuitivas. Su autor leía y escribía profesionalmente: estaba
presente la huella literaria, no desprovista de tentaciones poéticas.
Luego se perfilaba en la iconografía personal, el conocimiento de la
historia del arte que Fernando Ureña Rib enseñó en la Escuela Nacional de
Bellas Artes, así como la desacralización y la mofa aplicadas al mundo
contemporáneo permitían diagnosticar la admiración por la obra de Goya,
otras simpatías comunicaban a la obra una impronta intelectual y cultural.
Fernando Ureña Rib durante sus viajes y estancias
europeas ha reflexionado no solamente al respecto del clasicismo, del
romanticismo y del impresionismo, españoles y europeos, sino que se ha
compenetrado con varios movimientos y estilos del siglo XX. Es un adepto
desde los inicios del fauvismo y de un expresionismo mesurado. Su
desenvoltura lineal, que se siente tan cómoda en el barroquismo o en la
esquematización, evidencia su captación de las artes "Nouveau" y "Deco". Conoce muy bien los planteamientos futuristas y su dinámica de la figura.
Hombre de su época llama su atención el expresionismo actual y tanto su
faceta alemana como los cuestionamientos baconianos.
¡Es obvio de observaciones y estudios, ensanchó las
posibilidades del creador y diversificó sus etapas sucesivas!
MARIANNE DE TOLENTINO
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