autizado
por las aguas de la más refrescante y
profunda opinión crítica, salió a la luz pública Decir la Piel, de
Fernando Ureña Rib, en el marco histórico del Museo de las Casas
Reales. El poeta Enriquillo Sánchez y el escritor Marcio Veloz
Maggiolo pronunciaron en un hermoso acto las palabras que anunciaban
esta rica colección de imágenes y textos que definen y sitúan al
conocido pintor dominicano.
Y tienen razón. Durante años he trabajado en los
aspectos de difusión de la obra de este pintor y nunca ha dejado de
sorprenderme la coherencia en el desarrollo de su obra pictórica. Cada
obra es un descubrimiento. La novedad se apoya sólidamente en algo ya
construido y en permanente estado de cambio.
La pintura de Fernando Ureña Rib, bellamente expuesta
en esta publicación cautiva al espectador por sus calidades poéticas,
por sus calidades rítmicas, por sus reminiscencias y por su invitación
a hurgar en las infinitas posibilidades de una imagen. Y es que esas
imágenes no son hieráticas. Una imagen busca otra imagen. Se
multiplica o se desvanece, se transforma sigilosamente en otras
imágenes aún más conspicuas. Ese continuo trasiego de imágenes es
ciertamente un aporte del dominicano al arte universal. Porque los
otros, los pintores a quienes fascinaban los laberintos visuales del
cuerpo se quedaron en el destello o en la máscara.
Es preciso hacer notar la calidad de los textos. Pedro
Mir, gran amigo del pintor, escribió varios textos para el artista.
Nos son conocidas las discusiones y el intercambio epistolar entre el
maestro de estética y el pintor, quien es un estudioso esmerado de esa
materia. Aparte de la introducción que Jaime Colson hiciera del pintor
cuando presentó su primera exposición, intelectuales y críticos de
reconocidos méritos coinciden en situar la obra de Ureña Rib como una
experiencia creadora diversa y rica.
Marianne de Tolentino escribe una monografía extensa
que apareció publicada por primera vez en 1986 y que ha sido
completada con ensayos críticos que fueron apareciendo en el Listín
Diario desde ese año. Marianne de Tolentino ha seguido la trayectoria
del pintor desde sus inicios en 1973 y es interesante observar su
visión cambiante y sin embargo coherente sobre el trabajo de este
artista nuestro. Otro reflejo de la actividad crítica en torno a la
obra de Ureña Rib lo es el trabajo de Dorota Kozinska. Muy respetada
en los medios culturales de Montreal, la Kozinska ha seguido el
trabajo de Ureña desde 1984, cuando escribió un breve ensayo sobre el
artista para Radio Canadá. Le siguen otros textos publicados en The
Gazette, el periódico inglés de mayor influencia en la isla de
Montreal.
Del país Jeannette Miller, Fernando Peña Defilló,
Danilo de los Santos, María Ugarte y Luis Lama entre otros destacan
los valores de la obra de Ureña Rib. Pero la enorme diversidad de
opiniones guarda un punto en común: la indiscutible maestría pictórica
de Ureña Rib. El libro salvaguarda las imágenes realizadas por el
pintor en los últimos tiempos y no hay duda que el nuevo libro es un
aporte valioso a la bibliografía del arte en República Dominicana.