LITERATURA DOMINICANA

LA AGUDEZA CRÍTICA DE

FEDERICO

HENRÍQUEZ GRATEREAUX

 FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

 

La agudeza y profundidad en los ensayos de Federico Henríquez Gratereaux no se advierten de inmediato, porque van recubiertas de un humor soterrado, que cual río subterráneo va llevándonos a zonas cada vez más profundas del tema elegido y tratado.

Esa profundidad no pierde lucidez, ni se recarga de sofocante densidad, sino que por el contrario va aireándose, haciéndose más transparente a medida que el ensayista nos conduce, con ironías y sutilezas, a las diversas  posibilidades de desarrollo del tema elegido. 

Con todo, Henríquez Gratereaux no es el ensayista dogmático que no admite sino una conclusión.  Aunque las vertientes hipotéticas sean diversas, Gratereaux  ata los hilos conductuales y no se expande de tal manera que perdamos de vista  su objetivo.  Y no es que se trate de un camino llano.  Gratereaux nos enfrenta con franqueza a los escollos, a los aspectos más sórdidos o inverosímiles del tema y luego lo retoma con singular audacia y sobre todo, con una pluma denodada que no admite impurezas ni impropiedades del lenguaje.

Así, aunque no nos obliga a adoptar su opinión, podemos con solidez formarnos la nuestra, porque la suya está balanceada con el contrapeso de otras opiniones no menos respetadas. 

Federico Henríquez Gratereaux es sin duda, uno de los más prolíficos, profundos y amenos ensayistas en la República Dominicana de hoy.

 

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

Federico Henríquez Gratereaux

Nació en Santo Domingo, el 9 de septiembre de 1937 Ensayista, periodista, educador. Colabora en el periódico el Listín Diario. En 1980 obtuvo el Premio Anual de Ensayo. Durante varios años fue Director General del periódico El Siglo.

 

Obra


La feria de las ideas (1980), Opúsculos: Negros de mentira y blancos de verdad (1994), Cuando un estadista envejece (1995), La globalización avanza hacia el pasado (1995), La guerra civil en el corazón (1995), Un antillano en Israel (1995), Peña Batlle y la dominicanidad (1996) y la obra Un ciclón en una botella (1999).

En el año de 1960 la Editorial Revista de Occidente publicó un librito interesantísimo titulado ¿Dónde estamos hoy? Esta pregunta, convertida en título de libro fue formulada quince años después de terminada la Segunda Guerra Mundial y se refería a la sociedad humana toda. ¿Dónde estamos hoy?

El libro está compuesto por veintiún ensayos de distintos autores, cada uno un especialista de renombre mundial en su disciplina. Se reunieron así las opiniones de un economista, de un sociólogo, de un físico, un biólogo, un historiador, un filósofo, un religioso, un médico, un novelista, etcétera. Cada uno expuso su visión de la situación del hombre actual.

Los nombres de autores: el historiador Arnaldo Toynbee; el sociólogo: Helmuth Schelsky; el economista: Wilhelm Ropke, el físico: Max Born; el biólogo: Portmann; el filósofo: Julián Marías, el religioso: Martín Buber. Omito los nombres de los otros autores por ser menos conocidos por el público de nuestro país.
 

Es maravilloso oir opiniones sobre la ciencia, la cultura, el arte, el pensamiento, forjadas desde distintos puntos de mira y por hombres de la talla de los citados aquí. El poliedro de aproximaciones intelectuales así construidos nos enriquece de manera inesperada. Nos da una visión pluralista, interdisciplinaria, de los fenómenos culturales. Y nos saca de nuestra miserable estrechez habitual, la de nuestros propios intereses mentales.

Es de esperar que quince años después, en 1975, se pueda hacer una colección semejante y recibir otra vez la enseñanza de los que aún están vivos y de otros sabios que han ocupado el lugar de los que han muerto.

Henríquez Gratereaux, Federico, La feria de las ideas, Santo Domingo, Editora Taller, 1988.

 

 

 

 

 

 

MÚSICA DOMINICANA

SOBRE EL AMONÍACO

Y LA TRANSPARENCIA DE LOS GOBIERNOS

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

 

 
ALUCINANTE

Emotivo recital del maestro Molina, la OSN y Maridalia
 

Pachico Tejada - 6/26/2008




EL MOSAICO SONORO DE LA DOMINICANIDAD SE REALIZÓ CON EL AUSPICIO DE INDOTEL

El maestro José Antonio Molina, con la batuta, dirigiendo al principal grupo musical del país.
SANTO DOMINGO.- La Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el maestro José Antonio Molina, ofreció la noche del martes una experiencia estética alucinante. El décimo aniversario de la Ley de Telecomunicaciones fue celebrado con el “Mosaico sonoro de la dominicanidad”, presentado con el auspicio del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel) en la sala principal del Teatro Nacional Eduardo Brito.

La Sinfónica supo interpretar el “Bolero” de Ravel con gracia y maestría, como una pirámide invertida, desde la más mínima percusión, extendiéndose a los vientos y las cuerdas, hasta culminar en un apoteósico final en que toda la orquesta participa.

El emotivo concierto de gala concluyó con la magistral interpretación de la reconocida pieza de Ravel, que ratificó la calidad del maestro Molina y de nuestra Sinfónica.

Hubo una ovación de pie de la audiencia en un momento emocionante, al dejarse envolver por la magia de la música y la manera de llevar la batuta de Molina, como una danza, por momentos frenética y calmada, en otros instantes saltando, agachándose, dejando que la melodía lo llevara en su vuelo.

Dos horas antes, el evento había iniciado con imágenes de los puntos más bellos del país: playas, montañas, gente, al son del “Compadre Pedro Juan” de Luis Alberti.

Luego de la introducción audiovisual, la música dio inicio con “Porgy and Bess: un cuadro sinfónico”, del compositor norteamericano George Gershwin.

Los sutiles acordes del conocido “Summertime” llenaron de belleza sonora la sala entre vientos y cuerdas. En el segundo movimiento, el maestro Molina ejerció con energía la dirección y así respondió la percusión al entrar con su sonido fortalecido.

Antes del momento final, con la obra de Maurice Ravel, Molina condujo “Romeo y Julieta, Obertur a - f ant a s í a en Sí menor”, de Tchaikovsky, uno de sus autores más admirados.

Maridalia Hernández, la solista
La cantante Maridalia Hernández estuvo magnífica cuando interpretó dos momentos de “El amor brujo” de Manuel de Falla, esto es, “Canción del amor dolido” y “Canción del fuego fatuo”.

La cantante parece haber robado el duende gitano para realizar una interpretación llena del dramatismo que merece este tipo de canción.

De España, la noche se trasladó musicalmente a América del Sur. “Balada para un loco”, del argentino Astor Piazzolla fue la continuación del excelente programa pautado para el espectáculo.

La parte dominicana llegó con el “Popurrí de canciones románticas dominicanas”.

Maridalia hizo temas de, entre otros autores, Anthony Ríos, (“La distancia”), José Dolores Cerón (“Como me besabas tú”), Juan Lockward (“Luna sobre el Jaragua”) y Salvador Sturla (“Amorosa”). Por la familiaridad de los temas, Maridalia invitó al público a cantar con ella, pero al parecer la solemnidad de la sala pudo más que las ganas de acompañarla con las conocidas letras y solo unos pocos se animaron a hacerle coro.

Esta actitud de respeto no fue rota ni siquiera cuando, en la segunda parte de este segmento, Maridalia y la orquesta realizaron la interpretación de “Popurrí de merengues”, autoría de Julio Alberto Hernández, abuelo de la cantante.

Indotel
El secretario de Estado y presidente del Indotel, José Rafael Vargas, expresó que se trata de un majestuoso “concierto para el recuerdo”, mediante el cual la Indotel celebró los diez años de aplicación de esta ley que creó.

Sostuvo que en estos diez años de la Ley número 153- 98 “han dejado frutos positivos” que el país celebró en grande, con el exquisito concierto que ofreció la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección del maestro José Antonio Molina, con Maridalia Hernández como solista.

Vargas manifestó que al patrocinar este concierto, el Indotel no solo se adentra en lo que han sido estos diez últimos años de telecomunicación en el país, sino que, además, reconoce el extraordinario talento musical que brota de las entrañas mismas del pueblo dominicano.




 

FERNANDO UREÑA RIB 

 

 

 



 

 

Ureña Rib has seen his work exhibited around the World and holds a prominent position on the Art scene in his own country, but he admits to be particularly drawn to Montreal, which he visits annually. Renting a studio in the downtown Belgo Building, he immerses himself enthusiastically in the creative and diverse atmosphere of Montreal producing here his works.

FERNANDO URENA RIB

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Revisado: July 31, 2008
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