La pintura de George Hausdorf se emparenta
con lo mejor de la tradición pictórica europea de finales del siglo
XIX y de principios del XX. Al venir a Santo Domingo,
escapando de la persecución nazi a los judíos, su pintura se vuelve más
luminosa y atrapa en sus lienzos ese instante supremo de la luz y de
las sombras recortadas e iluminadas por una atmósfera plena de esos
mismos corpúsculos de luz.
Hausdorf pintaba sin titubeos, sin dudar, sin miedo al color y
con una precisión cercana al virtuosismo. Todo el espectro cromático
se manifiesta, desbordándose, en el paisaje de fuertes contrastes
luminosos. Su
técnica del retrato era impecable y sus escenas intimistas muestran
un espíritu agudo y observador de las costumbres de la patria que le
acogió. Su maestría pictórica y su energético trazo nos recuerdan la
obra de los suizos Arnold Böcklin (1827-1901),y a la de Ferdinand
Hodler (1853-1928). La espontaneidad de Hausdorf lo es solo en la
apariencia, sin embargo, porque proviene de una observación
reflexiva, de un ojo entrenado y de una mano sabia.
Como maestro y educador, Hausdorf mostraba con el ejemplo diestro
de sus manos, una manera libre y expresiva de pintar que
influyó en artistas de la talla de Gilberto Hernández Ortega, Eligio
Pichardo, Ada Balcácer, Domingo Liz y Luis Martínez
Richiez.
Fernando Ureña Rib