CREO
Que el arte es un elevado y complejo acto de creación
humana que consiste en la comunicación física, objetual de
las imágenes que pueblan el mundo interior del artista.
Que el arte no es un producto de la razón ni de la
inteligencia, sino una extensión de los sentimientos.
Entendiéndose por sentimientos la percepción, la intuición
(a la manera de Benedetto Croce) el mundo de los sentidos.
Que la imagen solo puede comunicarse a través de sí misma.
Que el arte no necesariamente ha de estar apartado de la
gracia ni de la Belleza. Entendiéndose por Belleza un
concepto que es redefinido y reinventado constantemente
por cada generación, por cada cultura y por cada artista.
Que el trabajo del artista debe apelar a diferentes
niveles de percepción visual.
Que el arte debe despertar un goce estético, producir o
inducir una respuesta; crear un estímulo y provocar una
reacción en el espectador.
Que el espectador enriquece la percepción de la obra de
arte y completa el ciclo de la comunicación que esta
induce.
Que mucho del arte que se produce hoy carece de esa
respuesta y que el espectador es urgido a leer textos
explicativos debido a que la imagen presentada no logra
comunicar los contenidos interiores del artista.
Que el mensaje de las vanguardias de principios del Siglo
XX es ya obsoleto y caduco, incluyendo las secuelas del
Arte Pop y de la veneración del objeto como expresión
plástic.
Que ya nadie se inmuta ante la profusión de objetos
encontrados, arte de deshechos, instalaciones
estrafalarias y otras extravagancias que inundan los
museos de arte contemporáneos en el mundo.
Que la tradición no ha de ser rechazada, sino considerada
fuente inagotable, valioso instrumento de trabajo.
Que el artista ha de conocer, renovar y enriquecer
continuamente la tradición heredada.
Que el oficio y el taller libran al artista de la torpeza
y perfeccionan su habilidad de comunicación de la imagen,
logrando que tareas complejas parezcan espontáneas y
gráciles.
Que la lucha del artista al iniciarse el Siglo XXI debe
atrincherarse contra el rasero cultural que implican
ciertos programas de globalización, atacándolo desde sus
mismísimos cimientos y utilizando sus propios medios de
comunicación.
Fernando Ureña Rib