1973:
JAIME COLSON PRESENTA FERNANDO
UREÑA RIB
Los sueños de progreso de nuestros padres
estaban poblados de chimeneas, de inmensas y compactas nubes de
humo, de férreas maquinarias ensordecedoras, de ruidos inauditos. La
obsesión de nuestros mayores era que entonces se llamaba "El
Progreso", y este estaba condensado en la velocidad, la utilización
a ultranza del tiempo: "Time is Money" el acortamiento de las
distancias…
De ahí que nuestra adolescencia transcurriera en la añoranza de los
grandes centros del "progreso": Nueva York, París, Londres, Berlín.
Así la gran guerra del 1914-1918 nos pareció la culminación lógica
del anhelo de superación del hombre occidental. Las Guerras Médicas,
las Púnicas, y aún las Napoleónicas nos llegaron a parecer simples
algazaras infantiles.
De ahí que el inefable Martinetti y sus acólitos futuristas llegaran
a proclamar que "la belleza de las máquinas estaba por encima de la
de los animales creados". El hombre volvía a caer en la idolatría y
se postraba de hinojos ante las obras de sus propias manos…, pero
los nuevos Molochs exigían cada vez más víctimas para mantener vivo
su ígneo engranaje devorador. Sus monstruosas fauces vomitadoras de
los más espantosos gérmenes de contaminación…
Así llegó la terrible noche de Hiroshima y Nagasaki. Pensando en esa
espantosa noche que nos tocó vivir a los de nuestra generación,
dediqué mi última exposición a al triunfo de la juventud y a la
gloria del desnudo. Esto lo que indica es el respeto que debemos
tener a la vida, a la integridad de la juventud desnuda y radiante,
vencedora de las fuerzas de las tinieblas.
Hagamos votos para que esta exposición que nos presenta Fernando
Ureña Rib, joven ferviente y entusiasta sirva de pauta, por lo menos
de anuncio de los nuevos tiempos que se avecinan para la
glorificación del hombre primigenio, pues ya ha tiempo que la época
de la desorientación petulante e irreverente hizo ya su nefasta
labor de desolación, muerte y vergüenza. Con el deseo de que logres
una humanidad más sencilla, más pura y más sumisa a las leyes del
Eterno, te abraza hoy, desde la distancia de los años,
Jaime Colson
Santo Domingo. Enero de 1973