MARIANNE DE
TOLENTINO
Dos
temas recurrentes dominan en las secuencias oníricas: la figura humana y
las plantas. Pueden ser motivos únicos o combinarse. Un tercer centro de
interés surge esporádicamente, el ave. Ahora bien, cual sea la variante
temática las relaciones especiales se asemejan y constituyen, en cuanto
a estructuras y composiciones, la principal búsqueda gráfica y plástica
. El dinamismo se manifiesta a través de formas a la vez sólidas y
fluidas, penetrantes, compenetradas y yuxtapuestas.
El
movimiento puede llegar en sus defectos ópticos a la descomposición y a
la simultaneidad de un mismo elemento, vegetal o anatómico. El ritmo se
modula según distintas líneas de fuerza. El espectador es arrastrado
perceptivamente en distintas direcciones, hacia el espacio exterior, el
centro del cuadro, la vibración de la imagen o trayectoria curvada. Las
corporeidades se multiplican, se fragmentan, se persiguen, se
desparraman, se trasforman. A menudo las formas cubren la totalidad de
las superficies, pero cuando se disocian el fondo y los motivos
observamos el fenómeno de una atmósfera igualmente animada y dotada de
energía vital, jugando entonces la luz, el color y su aplicación, una
función preponderante.
A
pesar de que sentimos y reconocemos la importancia del cromatismo, me
inclino siempre por las vertientes formales. Cito de la opinión crítica
de Beatriz M. Ingram, unas frases que acentúan la apreciación
directamente pictórica: " Sus pinceladas son espontáneas, los colores
vibrantes y a veces violentos en su intensidad luminosa... La
interacción de los colores crea una ilusión de movimiento y de acción
suspendida". Abundamos un poco más en el aspecto factural. Subrayaré el
virtuosismo del toque que logra aunar el control, la energía y el gesto,
la densidad modulada del pigmento, acordando perfectamente la limpidez
del tono y de la textura. Cuando el pintor interpreta la tez femina,
calidez y luminosidad interior de un rosado carnal glorifican la
sensualidad, el frescor y la juventud.
Fernando
Ureña Rib que tan sueltamente (cuando lo decide) manipula el feísmo y la
caricatura psico social, en su vertiente onírica preserva siempre los
cánones hegelianos de lo bello y de una poética de la armonía. Si
introduce la nota "extraña" dentro de la belleza esta se sitúa en las
variaciones direccionales y estructurales de los cuadros, no en una
ruptura estética. Me adelantaré en el tiempo, observando que se trata de
una constante, ayer en la figuración, hoy en la abstracción.
Las
imágenes de Fernando Ureña Rib a otro nivel de lectura, se presentan a
la vez como menos racionales y pobladas de analogías (puede repetirse
aún la misma figura en un mismo cuadro) menos lógicamente descifrables y
más abiertas a la intuición. Fue sintomático el título de "Diálogos
Secretos" que el artista dio a una exposición mixta de dibujos y
pintura, del 1984. Nosotros la llamamos, recordando a Julio Cortázar
"Las Armas Secretas", agresión subconsciente de una fascinación
lancinante.
Como
en el sueño, los símbolos se combinaban y se sucedían, actuando la tela
a modo de telón de la psiquis y de sus obsesiones idílicas. Aquel
onirismo de ensoñaciones encantadoras se concretaban en un mundo de
mutaciones y metamorfosis donde el ave, enigmático por expresión y
definición, se inscribía míticamente en la teogonía del artista. Más aún
el ave, según Carl Jung el símbolo más apropiado de trascendencia, puede
interpretarse como un médium, dotado de una visión espiritual, alegoría
del viaje liberador por el inconsciente.
Como
tal se convierte en el símbolo del onirismo por excelencia en la
creación de Fernando Ureña Rib. Creemos que para compenetrarnos
plenamente con esa etapa jungiana de "sincronicidad", que funde
inconográficamente impresiones interiores y exteriores, voluntarias e
intuitivas, despiertas y adormecidas, conviene escuchar al propio
pintor: "Una visión anticipada que fusiona lo vivido y el puro azar.
Así, durante el proceso que conforma su existencia, cada cuadro formula
las leyes que descubro lentamente y que obedezco llevado por una
fascinación intensiva mientras madura, mientras alcanza su autonomía
expresiva, el cuadro clama, exige, rechaza. Despide y demanda una
energía".
En
la pintura de Fernando Ureña Rib, al igual en otros artistas que
visualizan sus voces interiores, son esas voces, esos protagonistas,
esas metamorfosis plásticas, lo que se impone a la actuación consciente,
se adueñan del oficio y lo aplican, llevando las encomiendas y pulciones
de la psique a una determinada solución pictórica.