El arte de la isla en Europa
Delia Blanco
El arte haitiano y
dominicano tienen con Europa historias y relaciones diferentes
que originan espacios de aceptación muy diversos. Europa para
la Hispaniola significa primero Francia y España.
Cuando André
Bretón, primero, y André Malraux, pocodespués, llegan a Haití,
encuentran un imaginario popular de una intensidad que
correspondía
a los parámetros del surrealismo.
En 1957, Malraux
organiza en París la primera colectiva de arte haitiano en el
Grand Palais. La imagen mágica en el arte haitiano atrae
coleccionistas, curadores y políticos que apuestan al futuro
de este arte.
El sello de
reconocimiento es el vaudou (vudú). En 1989, Edouard Duval
Carrier, en el Museo de África y Oceanía de París, representa
con su obra el patrimonio de imágenes de la revolución
francesa, en el marco del proyecto ‘‘La
Revolución Francesa en el Trópico’’. Para los creadores
haitianos que no manejan en sus imágenes la referencia
sistemática al vaudou ni a la historia, el éxito en Europa es
tan complejo como siempre lo ha sido para los dominicanos.
El arte dominicano
llega a Europa por el valor y el coraje de artistas
dominicanos que se atreven a arriesgarse -partir de los años
cuarenta-, como aventuras individuales, ajenas a contextos
oficiales, lo que no podían esperar, debido a las diferentes
crisis políticas en España desde 1924, y a una dictadura
franquista que duró desde 1936 al 1975.
Jaime Colson, Iván Tovar,
Silvano Lora,
Fernando Ureña Rib, Vicente
Pimentel, Alonso Cuevas,
posteriormente, en la década del 80, José
García Cordero, José Castillo,
Víctor Ulloa, Radhamés Mejía,
Inés Tolentino, desde Francia y España,
se han ganado un espacio en el campo profesional de las
galerías y de las ferias. Vicente Pimentel y José García
Cordero ganaron el premio del concurso Vitry, que distingue en
Europa a los creadores latinos más afamados, como son
Matta y Seguí. La generación del
ochenta, representada por los artistas
Jorge Pineda, Tony Capellán,
Pascal Meccariello, Belkis
Ramírez y Marcos Lora Read,
gana el espacio post moderno del arte, imponiendo el valor de
sus obras en la UNESCO, en París, y en galerías de
España,Bélgica, Francia, Holanda, Dinamarca y Alemania.
Por otra parte, tanto los dominicanos Vicente Pimentel, como
José Rincón Mora, así como
también, el haitiano Herv Tlmaque,
forman parte de colecciones en museos de arte contemporáneo de
varios países europeos. La Feria de Arte Contemporáneo de
Madrid, mejor conocida por sus siglas ARCO, desde el 1992 es
para el arte dominicano un gran apoyo logrado a través de su
directora, doña Rosina Baeza.
Los artistas y
galeristas dominicanos han ampliado mercado y representación
en Europa y en el mundo, participando en ferias de España, así
como en la Feria de Arte Contemporáneo de París, conocida como
FIAC, en las que en los últimos años vemos participar a los
dominicanos y a los haitianos, junto a colombianos, mejicanos
y cubanos de mucho renombre y bien posicionados en el complejo
espectro y espacio del arte contemporáneo.
Quizás es más común la participación a través de estos dos
países: España y Francia, por razones históricas y
lingüísticas naturales. La apreciación, la aceptación
del arte contemporáneo de Haití y de República Dominicana es
más apreciable en el análisis de su funcionamiento, más que en
valoraciones del más y del menos.
Para un analista
crítico, un curador o curadora, o bien sea, una o un
historiador del arte, lo que vale son los mecanismos de
valoración de la creación. La única referencia cuantitativa
que aceptamos al comparar es la siguiente: ‘‘el arte haitiano
entra en Europa en los años 1930-1940. Los dominicanos entran
más tarde; y con numerosa participación del 1980 al 1985, con
participaciones individuales más esparcidas por todo el
continente europeo y con un reconocimiento tardío por
España’’. Hoy, los artistas dominicanos y haitianos de los
últimos veinte años luchan por el mundo de igual manera,
aunque con parámetros diferentes, para existir en los espacios
internacionales, ni más ni menos.
TOMADO DEL LISTÍN DIARIO