Desde mi época de
estudiante en la Escuela de Artes, pensaba que el artista debía
reflejar las circunstancias de su tiempo en un testimonio que pudiera
sensibilizar a las gentes e inducirlos a cambiar sus "nociones' y
actitudes abriéndole caminos al espíritu
Consideraba pretencioso
que "el artista" expresara sus inquietudes o su fantasía sobre una
tela para que la gente viniera pasivamente a "venerar ese producto",
cuando el mismo derecho podría ejercerlo un artesano o un obrero con
su trabajo.
Tal vez podría cambiarse
esa sumisión perceptiva, realizando "obras compartidas"; es decir, que
el artista "impusiera" en su discurso una parte y el espectador lo
completara interviniendo manualmente o desplazándose ante la obra
hasta encontrar el punto de vista de su agrado. De esa manera, podría
realizaría una verdadera comunión entre "el artista" y el "receptor
del mensaje". .
En mi primer viaje a
París en 1955, recibí una gran satisfacción al descubrí que al mismo
tiempo un grupo de artistas de diferentes nacionalidades, también
pensaban en modificar los mecanismos de transmisión del mensaje
artístico. Acababan de realizar la famosa exposición "Le Mouvement",
confirmando una vez más las coincidencia generacionales.
Generación tras
generación, sin importar en que lugar de la tierra se encuentre, el
artista en su eterno mensaje, intenta ampliar el conocimiento y
modificar los "conceptos" y "nociones" existentes,