El cuerpo es la memoria del ser, palabra de Dios
encarnada; y la más misteriosa metáfora sobre la transitoriedad de
la vida. El cuerpo es la extensión móvil del espíritu; recinto donde la
belleza objetiviza o niega su misterio.
El cuerpo canta, baila, llora, florece,
se multiplica y muere.
Solo el arte niega la transitoriedad de su
existencia y lo hace eterno.
En la magia y en la poética visual de Fernando
Ureña Rib, el cuerpo
extiende su gloria, asumiendo el artista la
imagen corporal de la mujer como silueta, metáfora y verdad "del
todo-cuerpo", como entidad de suma de uno y otro sexo; como receptáculo donde viven la llama
radiante y el agua bendita que derrama un beso, el delirio de un abrazo o la
exaltada paranoia de una
copulación
tántrica.
Fernando Urena Rib, uno de los pintores
dominicanos de más sólida trayectoria y proyección internacional, logra
articular un discurso mitémico en el que bajo una rigurosa plenitud de síntesis
compositiva, logra instituir un régimen en el dibujo que hace de su
diseño un acto de plasticidad plena en la que reina la luz, el
volumen y el color como instrumentos visivos donde se glorifica el
desnudo de la mujer. El resultado es un ejercicio filosófico y místico sobre la
creación, el amor y la vida.
Su arte es fuerza y conciencia del delirio plural
que provoca el sentir.
Este magnifico pintor dominicano y caribeño
esencial, hace de la pasión, el ritmo y la tensión emocional de su obra, centros
de poder visual, desde donde fluye un sutil erotismo que contrasta con
lo cotidiano para situarse en los planos propios de la supremacía del arte, donde
no medie la realidad.
Proponiendo ante el espectador un espectáculo
visual de estética integra, correspondiente a los lenguajes de una especie de
cubismo órfico, bien relacionado con la alta pintura, porque desde los
centros de su instintiva creadora se imponen su sensibilidad artística, y
su capacidad y experiencia técnica, elementos que le han permitido hacer de
la síntesis, el dibujo y la transparencia, una propuesta estética donde
reinan los cuerpos levitantes de unas míticas mujeres que nos proporcionan la
realidad interior del artista, el sueño o la memoria de la poesía.
Las escenas en las que Fernando Ureña Rib
desborda bajo hipnótica plasticidad sobre la superficie su rigurosa
exposición factural, conceptual y textural, obtenida a partir de una
pincelada fugitiva y densa, nos presentan un mundo de mujeres tocadas por una
impronta mística y sensual desde las que fluye un sonido de
fiesta encendida
entre las piernas. Viven bajo el privilegio de su imaginación creadora y
el arte como realidad
eterna en la pintura.
ABIL PERALTA AGÜERO. AICA
CRÍTICOS DE ARTE SOBRE LA OBRA
DE
FERNANDO UREÑA RIB