CARNAVAL
Te vi llegar como el suspiro lento y profundo de la noche en la ya
no estás y que empezó con los claveles de tu presencia enardecida, hecha
locura y miel. El carnaval se hundió en el silencio y sus despojos. La
plaza es memoria desolada y los faroles desfallecen, aunque los
tambores sacudan los sentidos.
Estoy sentado al borde de la madrugada y sus deseos. Me pregunto si
todo fue verdad, si eres parte de una alucinación o un delirio de
danzas, serpentinas, panderetas y fuegos de artificio. Me pregunto cómo
caí en el remolino de tu talle y de tu vientre, cómo di vueltas en torno
a tu cintura que en ese instante era el eje de la tierra y de la vida.
Sospecho que las carrozas y la multitud nos empujaron al abismo del amor
y que tu piel se deshizo en mi boca.
Si en mis labios no quedaran huellas, si no hubiera rasguños en mi
cuello, diría que nada fue verdad, que todo fue un sueño mío, que te
inventé del mismo modo en que te perdí, muchedumbres abajo, por los
caminos del mar. Quizás por eso siento aún el sabor de tu presencia
inmarcesible y el lento y hondo suspiro de una noche que te clama.