Una dramática angustia sacude el
alma de las figuras desnudas del colombiano Luis Caballero. Esta
angustia y el cuerpo estremecido por un dolor interior, en un hombre
joven son los temas centrales de la pintura y del dibujo de Luis
Caballero. Caballero maneja con destreza el tema de la anatomía
masculina y en sus manos, la sepia, el carboncillo, la sanguina,
recorren la piel y los músculos del modelo con una eficacia que nos
parecía perdida ya para siempre.
Caballero recobra una manera renacentista del trazado
y le insufla energía y vitalidad y sobre todo, ese aspecto sórdido y
teatral de un mundo apenas estudiado o tocado en la historia del arte:
La homosexualidad. En sus torsos, la fidelidad al trabajado cuerpo de
sus modelos es paralela a su fidelidad al drama, al espacio interior,
a la denuncia que implican esos gestos crispados, esos músculos en
reposo, esos rostros abrumado por un mundo que parece ajeno al
personaje sedente bajo el reflector de la escena.
Con todo, y aparte de esas circunstancias temáticas,
la obra de Luis Caballero sobresale y se impone dentro del resto del
arte vacuo y aburrido que nos circunda y que no deja lugar alguno, ni
para la imaginación ni para el diálogo.
FERNANDO UREÑA RIB