El
pintor
Mexicano JOSÉ Luís
Bustamante vivió durante muchos años en Santo Domingo donde debe haber
recibido el impacto luminoso del sol de los trópicos. Este detalle
biográfico es digno de mención, porque luego de varios años reencontré a
José Luis Bustamante en su hermoso apartamento de la Colonia Polanco, en
México y observé que su pintura se había vuelto una verdadera explosión
cromática donde la luz es la protagonista y moldea el desarrollo de las
formas que bien pudiéramos llamar abstracciones, pero que son en
realidad una reinvención del inmenso paisaje montañoso de México y
particularmente de las crestas volcánicas.
La lava ardiente que desborda
sus lienzos, sin embargo, trae algo de sagrado y de ancestral, un olor a
azufre y a copal, un hervidero de oros y de fuegos que van arrastrando
al espectador hasta hacerle iniciar, reverente, un ritual de soles y de
magias, de invocaciones, de corajes, de imploraciones testimoniales.
Ante la profusión cromática observamos que está sostenida por un oficio
cuidado y meticuloso que no deja nunca de ser atrevido, expresivo,
fulgurante.
Porque la obra de Bustamante no
es ilustrativa, no pretende mostrarnos otra cosa que la que palpita y
vive dentro de su propio corazón telúrico.
FERNANDO UREÑA RIB