La
poesía del dominicano Franklin
Mieses Burgos sobresale en el
ámbito de la poesía
hispanoamericana por las
sutilezas de su musicalidad, la
rica profundidad de sus imágenes
y la identificación plena entre
los mundos físico y espiritual,
que coinciden y se
transubstancian creando hilos
finísimos, vasos comunicantes
que conducen a una eclosión
etérea y al mismo tiempo
apasionada. Esa conjunción abre
espacios, sin embargo, para
innumeras posibilidades
expresivas. El asombro del poeta
de ojos ardientes se pasea sobre
su propia voz, que personifica y
transforma en árbol o en llanto
o en canción. Franklin Mieses
Burgos es uno de los poetas más
sólidos y conmovedores de toda
la poética latinoamericana.
Fernando Ureña
Rib
CANCIÓN DE LA VOZ
FLORECIDA
Yo sembraré mi voz
en la carne del
viento
para que nazca un
árbol de canciones;
después me iré
soñando músicas
inaudibles
por los ojos sin
párpados del llanto.
Colgada sobre el
cielo dolido de la
tarde
habrá una pena
blanca, que no será
la luna.
Será una fruta alta,
recién amanecida,
una fruta redonda de
palabras
sonoras, como un
canto:
maravilla sonámbula
de un árbol
crecido de
canciones, semilla
estremecida
en la carne
florecida del
viento:
-mi voz.
ESTA CANCIÓN ESTABA
TIRADA POR EL SUELO
Esta canción estaba
tirada por el suelo,
como una hoja
muerta, sin
palabras;
la hallaron unos
hombres que luego me
la dieron
porque tuvieron
miedo de aprender a
cantarla.
Yo entonces ignoraba
que también las
canciones,
como las hojas
muertas caían de los
árboles;
no sabia que la luna
se enredaba en las
ramas
náufragas que sueñan
bajo el cristal del
agua,
ni que comían los
peces pedacitos de
estrellas
en el silencio de
las noches claras.
Yo entonces ignoraba
muchas cosas iguales
que eran todas
posibles en la
tierra del viento,
en donde la leyenda
no es una hierba
mala
crecida en sus
riberas, sino un
árbol de voces
con las cuales
dialogan las sombras
y las piedras.
Yo entonces ignoraba
muchas cosas iguales
cuando aún no era
mía
esta canción que
estaba tirada por el
suelo,
como una hoja
muerta, sin
palabras;
pero ahora ya sé de
las formas distintas
que preceden al ojo
de la carne que
mira,
y hasta puedo decir
por qué caen de
rodillas,
en las ojeras largas
que circundan la
noche,
las diluidas sombras
de los pájaros.
Franklin
Mieses Burgos
Franklin Mieses
Burgos
(1907 – 1976)
Nació y murió en la
ciudad de Santo
Domingo. Autor de
una breve e intensa
producción poética.
Resalta por su
exactitud a la
técnica, su profundo
lirismo y conceptos
filosóficos de tinte
existencial.
Mieses
Brugos fue uno de
los iniciadores del
movimiento literario
de su país llamado
"Poesía
Sorprendida". Se
determina por el
acendrado
Surrealismo y por su
posición
antidictatorial, en
este caso, contra el
gobierno del
dictador Rafael
Trujillo. Otros
poetas que formaron
parte de este grupo
otros autores como
Freddy Gastón Arce,
Aída Cartagena y
Gilberto Hernández
Ortega, entre otros.
Fue, con el crítico
y poeta chileno
Alberto Baeza Flores
y los poetas
dominicanos Mariano
Lebrón Saviñón y
Freddy Gatón Arce,
uno de los
fundadores de La
Poesía Sorprendida
(1943-1947). Como
anunció Alberto
Baeza Flores en el
primer número de la
revista, “No sabemos
si la poesía nos
sorprende con su
deslumbrante
destino, si nosotros
la sorprendemos a
ella en su
silenciosa y
verdadera
hermosura”. Ya en la
contracubierta, se
anuncia “estamos por
una poesía nacional
nutrida en lo
universal, única
forma de ser propia;
con lo clásico de
ayer, de hoy y de
mañana; con la
creación sin
límites, sin
fronteras y
permanente; y con el
mundo misterioso del
hombre, universal,
secreto, solitario e
íntimo, creador
siempre”. Así, por
las páginas de la
revista, pasaron
Jules Supervielle,
Paul Eluard, Robert
Desnos, Pierre
Reverdy, André Gide,
Paul Claudel, James
Joyce, George
Santayana... para
sólo mencionar los
autores que
aparecieron en los
primeros tres
números.
Mieses
Burgos fue, también,
director ejecutivo
del Instituto
Dominicano de
Cultura Hispánica y
dirigió su revista,
Hispaniola.
Codirigió también la
colección "La Isla
Necesaria", la cual
editó varios
volúmenes de autores
dominicanos.
La poesía de
Franklin Mieses
Burgos, está
caracterizada por un
profundo lirismo: a
veces existencial,
otras veces
política... y casi
siempre surrealista.
Su producción
poética podía
dividirse en tres
categorías: la
hermética, donde se
manifiesta la
influencia
surrealista; la que
sigue modelos
clásicos (los
sonetos); y la de
temas populares. La
primera, creemos,
contiene quizás sus
mejores poemas.
Podemos citar, entre
sus múltiples obras
poéticas,
cronológicamente,
las siguientes:
Torre de voces (1929
–1936), Trópico
íntimo (1930 –1946),
Propiedad del
recuerdo (1940 –
1942), Clima de
eternidad (1944), 12
sonetos y una
canción a la rosa
(1945 – 1947), Seis
cantos para una sola
muerte (1947 –
1948), El ángel
destruido (1950
–1952) y Al oído de
Dios (1954 – 1960).
Aquí presentamos un
florilegio
entresacado de
varios de estos
libros.
En
cuanto a su poesía
resumir algunas de
las características
que se encuentran en
su poesía. Escribe
al estilo
tradicional con la
misma facilidad con
que escribe de
acuerdo a la vena
modernista y
posmodernista. Al
lado de una poesía
sumamente elaborada
y difícil
encontramos poesía
de formato popular,
extremadamente
musical y fácil.
Puede seguir los
moldes métricos de
los antiguos como
incurrir en los del
momento
vanguardista, etc.
Pero
lo más admirable es
que, bien escriba de
una u otra manera,
siempre se muestra
auténtico en sus
metros y temas.
Emplea a veces
metáforas
sorprendentes, hasta
llegar a lo audaz.
Se nota con
frecuencia mucho
colorido sensual
como substrato de lo
onírico y psíquico y
surrealista. Pero
sobre todo ello,
sobresale su apego
al trópico: el sol,
la vegetación
exuberante y el mar.
El mar es la marca
común de casi todos
los poetas isleños
Las nuevas formas de
poesía tendrían en
Franklin Mieses
Burgos
(1907-1976) a su
figura puente.
Mieses,
autor de Sin
mundo ya y herido
por el cielo
(1944), Clima de
eternidad (1947)
o Presencia de
los días (1949),
se caracterizó por
su musicalidad
lírica. Más sensual
e imaginativo, casi
lorquiano, fue
Rafael Américo
Henríquez
(1899-1969), quien
dirigió la revista
La poesía
sorprendida, editada
de 1943 a 1947 y en
torno a la cual se
integraron
importantes
personalidades
literarias
dominicanas; además,
escribió Rosa de
tierra (1944).
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