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ARTE COLOMBIANO |
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LA HISTORIA DE LA MUJER
SEGÚN
BEATRIZ GONZÁLEZ
SANTIAGO
LONDOÑO
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Érase una vez una joven de escasos veinte
años que, queriendo estudiar publicidad para ejercerla en su nativa
Bucaramanga, ingresa a la Universidad de los Andes, a una facultad que
le parecería deficiente. Ya había cursado dos años de arquitectura,
estudiado historia del Renacimiento, viajado a Europa y decorado
vitrinas y escenografías de modas.
Pero el veneno infectocontagioso de la pintura, transmitido entre
otros por Juan Antonio Roda y Carlos Rojas, y avivado por
Marta Traba,
privó a los almacenes bumangueses de su posible decoradora.
Variaciones sobre Velázquez y Vermeer, con el espectro de Botero
rondando, marcaron su punto de partida: la representación multiforme
de otras representaciones previas.
La intensidad de la historia comienza propiamente con el cuadro Los
suicidas del Sisga, de 1965, emparentado con el pop y el kitsch. Con
esta obra, la pintura colombiana descubre lo que los muralistas de
cantina y los pintores de buses de pueblo ya sabían. En los círculos
más avanzados se habló de valentía, capacidad crítica, humor, y los
más intelectuales celebraron el nacimiento de una verdadera pintura
colombiana.
Desde entonces, con toda naturalidad, la mesa de la última cena puede
ser amarillo camino y la barba de Judas puede ser violeta. Alterando
soportes ‘y marcos, la obra avanza paulatinamente, apropiándose de
representaciones ya hechas, estableciendo un juego humorístico con el
título y la imagen. La naturaleza como modelo es suplantada por la
realidad fabricada mediante el artificio de la representación.
Toda la historia extensa de esta intensa pasión, desde sus orígenes
hasta 1988, se encuentra narrada, catalogada y mostrada en este
excelente libro de la editorial Carlos Valencia. El exquisito diseño
gráfico de Camilo Umaña crea el espacio propio para la obra que
documenta cuidadosamente el libro, sin competirle ni contradecirle,
sin atosigar al lector ni dejarlo en ayunas. Porque este es un libro
no sólo para ver, sino para leer y para consultar, funciones que no
siempre cumplen las obras de este género que se vienen publicando en
Colombia.
Cinco textos sirven de antesala al catálogo general de la obra
producida por Beatriz González entre 1962 y 1988, un total de 356
trabajos que van desde dibujos y heliografías, pasando por pinturas,
hasta telones y objetos de diversa índole. Cierra la publicación una
completa cronología de la artista, enriquecida con citas pertinentes.
Se encuentra también, en un capítulo previo, el diario que llevó la
pintora durante la realización de una versión suya del Guernica de
Picasso. Si bien la publicación incluye un índole de ilustraciones que
facilita su consulta, hubiera sido deseable adicionar una bibliografía
sobre Beatriz González que sirviera de complemento al interesado
en profundizar en el tema.
Luego de la introducción de Marta Calderón, un tanto elegíaca, el
lector se encuentra con un detenido y reflexivo estudio de Carolina
Ponce de León, titulado "Beatriz González in situ" Partiendo de una
estructura cronológica e histórica, la autora elabora cada fase
artística, desentrañando su fundamentación estética. Discute, cuando
es pertinente, las relaciones de Beatriz González con el pop y el
kitsch; en el primer caso, sostiene que, contrariamente a las
apariencias, su obra no se puede definir como pop, tratándose más bien
de una "coincidencia" de lenguajes y de una diferencia de intenciones.
Respecto al kitsch, el argumento se resume en esta afirmación: "no es
kitsch en sí misma sino acerca del kitsch". Se podrá discrepar, pero
ciertamente se trata de argumentaciones sólidas desde el punto de
vista conceptual.
Se incluye también un interesante estudio de Marta Traba, publicado
originalmente en la revista Eco, así como un análisis de Rafael
Humberto Moreno Durán, sobre la obra escrita de Beatriz González. De
carácter más bien abstracto y alusivo, aunque muy en la onda
intelectual posmoderna que mira el revés de los símbolos y deja correr
las asociaciones cultas, formando un rico, sugestivo y complejo
tejido.
Una carta de Luis Caballero cierra el capítulo de los textos, donde
sin disimulada admiración, y en tres trazos, marca la importancia y
los pilares de la pintura de la artista.
La principal carencia de los textos incluidos y de la cronología, es
que no sitúan claramente la obra que estudian en el contexto de la
historia del arte colombiano, asunto que resulta fundamental a medida
que pasa el tiempo, ya que van quedando muy lejos y en el recuerdo de
unos pocos, las ardorosas discusiones y polémicas que la obra suscité,
el contrapunto que estableció con los pintores abstractos, el
nutriente conceptual que tomó de Botero, las luchas que debió librar
y, por lo tanto, el sentido que tiene en su momento hablar de
intención crítica, de valentía y humor, del carácter "provincial".
El capítulo III presenta el extenso diario que Beatriz González llevó
durante la ardua ejecución de su versión de Guernica, también llamada
Mural para una fábrica socialista. Se trata de un diario "práctico"(pág.
171) pero, como casi todos los diarios, ofrece un limitado interés
público, ya que para el fisgón no revela intimidades, ni para el
especialista reflexiones estéticas que den las "claves" de la obra.
Apresurado por momentos, cumpliendo la disciplina de registrar los
hechos, es más bien un inventarío de las dificultades sufridas en el
ingente trabajo de pintar 273.280 centímetros cuadrados de táblex. Y
comprueba, una vez más, que el arte es 90% de transpiración. O, en
este caso, digamos 95%.
Como en sus varios telones basados en pinturas de la historia del
arte, hay un sentido que se escapa al espectador. El trabajo
descomunal de llevar a la lona obras clásicas se convierte, no tanto
en un símbolo de la "alegría del subdesarrollo", como en la fatiga del
mismo, que exige recurrir, como en el teatro o el circo, a las grandes
proporciones, que le permiten, no en vano, declarar a la artista que
"en metros cuadrados le ganó a Pedro Nel [Gómez]".
El libro compendia una obra que, como lacónicamente declaraba la
artista a raíz de una reciente exposición donde recibió numerosas
felicitaciones en lugar de críticas o discusiones, ha ido integrándose
al fin al repertorio de imágenes nacionales, ocupando ya capítulo en
la historia del arte colombiano, y pudiendo aspirar a una silla en la
Academia de Historia.
Que el mal gusto y el feísmo no conmuevan ahora las conciencias y las
miradas, prueba la capacidad de asimilación y adaptación del organismo
social. El pelo aguamarina de Lucho Herrera o la despiadada crítica a
Belisario son muy chic en una galería. Los artistas seguidores, porque
también los tiene, pueden utilizar la estrategia de la tergiversación
cromática y compositiva y los marcos y soportes, pues son ya parte del
repertorio aceptable del oficio.
Sí, el riesgo que ahora recorre o soslaya esta obra es el del
folclorismo en technicolor alterado por la fórmula de un humor que no
deja de herir: acaso pierde eficacia social, pero gana admiradores que
la disfrutan más libremente. Ya nada parece escocer el alma
colombiana, acostumbrada al diario horror que el arte no supera y
apenas parece poder comentar desde su impotente puesto de espectador,
que vende su producto en un mercado creciente, ni siquiera por decorar
los interiores, sino más bien como un juego de especulación
financiera.
Historia intensa que muestra que, con paciencia y con tiempo, el
estómago social se vuelve omnívoro y puede digerir hasta los alimentos
más ácidos o venenosos. Historia intensa, que nos deja a la salida de
la falsa alegría del color estridente, del brillo conceptual y
compositivo, de la "torpeza sofisticada del dibujo" (como la llama
Luis Caballero), del absurdo contubernio colombiano de papagayos con
monalisas y crímenes sin fin, recortados contra el telón de fondo de
la "móvil y cambiante naturaleza".
SANTIAGO LOND0Ñ0 V.
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BEATRIZ GONÁLEZ Bucaramanga,
Colombia 1938
1959-62 Estudió en la Facultad de Bellas Artes de la
Universidad de los Andes (Bogotá), donde obtuvo la maestría.
1990
EXPOSICIONES RECIENTES
Retrospectivas
Beatriz González una década
1980-1990 Museo de Arte Universidad Nacional, Bogotá, Colombia
Colectivas
XXXIII Salón Anual de Artistas Colombianos, Corferias, Bogotá,
Colombia
Arrtistas Santandereanos en la década de 1960, Banco de la
Republica y Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, Colombia,
Octubre
1991
Colectivas
Dibujantes Latinoamericanos de hoy, Museo de San Diego,
California, Estados Unidos
Painting, Misión Permanente de Colombia Ante las Naciones
Unidas, Nueva York, Estados Unidos
Reencuentro, Juan Antonio Roda, Beatriz González, Luis
Caballero y Lorenzo Jaramillo, Galería Garcés Velásquez.
1992
Individuales
1/500 Galería Garcés Velásquez, Bogotá, Colombia
Colectivas
America, la novia del sol, Museo Real de Bellas Artes de
Amberes, Bélgica
Ante América, Biblioteca Luis Angel Arango, Banco de la
República, Bogotá, Colombia
XXXIV Salón Anual de Artistas Colombianos, Corferias, Bogotá,
Colombia
1993
Colectivas
The Feeling of Space Colombian Sculpture I, Colombian Center,
Nueva York, Estados Unidos.
Por Humor al Arte, Biblioteca Luis Angel Arango, Banco de la
República, Bogotá, Colombia
1994
Retrospectivas
Beatriz González, restrospectiva,Museo de Bellas Artes,
Caracas, Venezuela.
El Color de la Muerte, Sala de Arte Suramericana, Medellín,
Colombia
Colectivas
XXXV Salón Anual de Artistas Colombianos, Corferias, Bogotá,
Colombia
1995
Retrospectivas
El Color de la muerte, Museo de Arte Moderno La Tertulia,
Cali, Colombia
Colectivas
Mujeres artistas en latinoamérica, itinerante por el Museo de
Arte de Milwakee, Wisconsi, Estados Unidos, 3 de marzo/28 de
mayo; el Museo de Arte de Phoenix, Arizona, Estados Unidos, 7
de junio/1 de octubre; el Museo de Arte y el Museo de las
Américas, Denver, Colorado, Estados Unidos.
Bienal de Kwangju 1995 , Kwangju Corea, 20 de septiembre/20
noviembre
Arte, políitica, religión Artistas Contemporáneos Colombianos,
Warwich Arts Center, Coventry, Inglaterra.
XI Muestra de Grabado Ciudad de Curitiba, Curitiba, Brasil, 21
de octubre 29/diciembre
1996
Retrospectivas
30 años en la obra gráfica de Beatriz González, itinerante por
las sucursales del Banco de la República, Colombia
Colectivas
Mujeres Artistas en Latinoamérica, National Museum of Women in
the Arts, Washington D.C. Estados Unidos.
Centro para las Artes, Miami, Estados Unidos
América Latina 96, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos
Aires, Argentina.
Arte, política religión, Artistas Contemporáneos Colombianos,
Barbican Centre, Londres, Inglaterra, Galería Teorema,
Bruselas, Bélgica, Centro Cultural Melina Mercury, Atenas,
Grecia, Universidad de Essex, Inglaterra.
Premios Nacionales Uniandinos, Galería Espacio Alterno,
Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia.
Autorretrato Colombiano del Siglo XX, Centro Colombo
Americano, Bogotá, Colombia
1997
Individuales
Beatriz González, Las Delicias, Galería Garcés Velásquez,
Bogotá, Colombia
Colectivas
Arco 97, Galería Garcés Velásquez, Madrid, España
Re aligning Vision , Alternative Currents in South American
drawing, el Museo del Barrio, Nueva York, Estados Unidos,
Arkansas Art Center , Little Rock, Arkansas Estados Unidos
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