Hay
una benévola humanidad detrás de las figuras deformadas que nos
presenta el excelente dibujante y pintor
Aquiles Azar (1932-). Su
trazo es ágil, nervioso, tenso. Tras la maraña de líneas y de gestos
discurre una bondad amable que inspira ternura.
Aquiles Azar dibuja su
propio asombro ante la vida y busca la belleza de la existencia aun en
los objetos y personajes mas humildes y menos notables. Un loco, un
mendigo, un niño que llora, un lagarto que juega, un búho solitario que
nos observa con intensidad desde el corazón de la noche. El resalta,
como ningún otro pintor, la dignidad de todo lo que es tenido a menos.
Fernando Ureña Rib
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