MÁXIMO AVILÉS BLONDA
Este respetable poeta dominicano, cuya obra
es apenas conocida, elige cada una de las palabras de sus versos
para imprimir a ellos su percepción dinámica y fugaz de la realidad
cambiante. El mundo que va creando se adivina, se ve venir o
alejarse. A veces, busca su propia forma desde la oscuridad
formativa del silencio hasta la luz sobrecogedora que todo lo
advierte, lo abarca y lo señala. Con auténtica vocación (y voz)
de narrador, ese mundo adquiere los perfiles, la tónica, las
vestimentas que el poeta le asigna a su universo por medio de esas
palabras elegidas con la precisión y el tacto que le otorgan su
belleza, su sentido estético.
Del mismo modo, la emoción que causan la muerte y la ausencia es
trasegada a imágenes sutilmente traspuestas que anulan, dentro de un
amplio espectro de posibilidades, toda contradicción. En sus parajes
poéticos convergen la certitud y la duda. La percepción alerta
del poeta nos hace descubrir la novedad dentro de ese obvio y
cotidiano trajinar:
¿Dónde ha nacido esa música que arrojas tibia y sonora como una luna blanca?
La poesía de Avilés Blonda revela una gran pasión por el detalle,
por la grandeza y a veces superioridad de lo minúsculo frente a lo
mayúsculo. El depurado lenguaje poético de Avilés Blonda permanece
en el ámbito creativo dominicano con ejemplar consistencia. Sin
embargo, pensamos que las alas de su poesía están destinadas a
recorrer el mundo.
Fernando Ureña Rib
______________________________________________________
Antología Mayor de la Literatura Dominicana (XIX-XX)
VOZ
Si tú, dulce garganta,
construyes un pájaro en el viento,
y nacen letras hechas
de mármol, de cabellos o azucenas,
si tiembla en ese aire
la fina y leve forma
de ese pájaro, dime garganta, ¿Dónde
ha nacido esa música que arrojas
tibia y sonora como una luna blanca?
Dime garganta, ¿Dónde
comienza ese metal?
ELEGíA POR LA MUERTE DE UN AVE
¿Qué enlutada substancia, qué polvo
cubrió al mundo cuando cesó tu canto tembloroso?
¡Oh, mensajero fiel de otras auroras!
¡Oh, ángel perseguido por la música!
Silbador de la estrella.
Prisionero.
Cantador de la libertad que no tenías
que comenzaba al borde de tu reja
y nunca terminaba.
¡Tan pequeño es el mundo sin tu canto!
¡Tan lejano el amor sin el roce de tu ala!
¡Tan húmedo el alpiste sin tu pico!
¡Tan terrible el vacío que dejaste
que apenas cabe en él una palabra!
Tú debiste morir en una rama verde
o cantando en el hombro de una estatua.
No debiste morir en este instante,
puro cantor de ríos,
que escapaste del plomo y de la flecha
y quedaste entre rejas,
prisionero
para mirar con tus vivaces ojos
la música de un mundo que no sueña.
No debiste morir en este espacio,
en donde estamos muertos.
Solos.
EL INSECTO
El insecto tiembla en la caja del coleccionista.
Ayer salió del arca. Estuvo escondido en una hendidura
de madera.
Vagó sensual y libre después de la Gran Lluvia
paseando su pequeño sexo por el mundo húmedo.
¡Que nadie haga un movimiento!
¡Que nadie haga un gesto
para que no se espante el insecto.
para que no se quiebren sus alas,
para que su fino polvo no ruede por el suelo,
para que su miríadas de ojos no se cierren de miedo!
Los anillos se mueven. El pequeño torax se levanta
un poco
Dos alitas pequeñas que se juntan.
Miles de años costó esta maravilla
y se nos va de pronto de las manos.
CENTRO DEL MUNDO
(2 fragmentos)
A Luis Eduardo Escobar
I
Centro del mundo, esta isla.
De ella salieron los valientes conquistadores
de ancho tórax, de negra barba, de nervudos brazos,
la tizona al aire al grito de la cruz,
para incendiar naves y someter imperios.
Y también los Cronistas,
los que habían de adivinar la Historia de los Pueblos
escrita en dura piedra con raros caracteres.
Y hubo Audiencias y Enseñanza y Leyes y Mercedes
sobre la tierra negra del centro de la isla,
y nadie quiso la tierra seca del sur plagada de lagartos,
y el norte y el oeste fueron abandonados por el comercio ilegal
y se fundaron nuevas ciudades,
se talaron bosques,
y después se marcharon furtivamente aquellos hombres
para buscar oro o plata en otra parte,
tal vez la juventud no poseída,
porque el pescado no era riqueza duradera.
Yo vi los anchos Conquistadores sonreír satisfechos
plantando su oriflama sobre piedras sagradas,
al aire sus penachos coloridos,
la loriga caliente por el Sol de las razas,
brillante la armadura en tanto deslumbrar.
Y los viejos Cronistas escribieron historias
que luego propagaron por los pueblos de Dios,
historias de espadas y de flechas,
de raros sacrificios,
de emboscadas en rincones
donde asechan la sierpe y su veneno.
Historias donde valen las frases y aquel que las pronuncia:
La fundación de las ciudades que aún con los años permanecen
pequeñas
por el abandono sufrido a lo largo de siglos,
por la continua agitación de uno que viene y otro que se va
en el contorno agitado de estos pueblos
que parecen dejados de la mano de Dios
Y los penachos de los Conquistadores cubrieron la
tierra partiendo de esta isla.
II
Este promontorio,
este escupitajo de un dios pétreo
(no es Inglaterra brumosa con sus islas,
ni una Australia perdida entre canguros),
isla del centro es para saltar al centro mismo de la tierra
firme en su brillar de selvas y de ríos,
a la conquista del Sol y de sus Monumentos,
para plantar la oriflama sobre los escombros de Reinos y de
Imperios,
para hallar la estrecha faja que separa la grandeza de los mares.
Isla del centro es. Espacio necesario para el brinco.
Ambicionando gloria partieron desde aquí
los fijosdalgo, los sin fortuna,
los que no tuvieron nombre hasta después del salto.
Partieron desde aquí huyendo al mayorazgo
que no se intercambiaba por lentejas.
Y los penachos cubrieron la tierra a nombre de un Imperio,
y el Sol de las razas no se puso nunca en estas tierras.
JUNIO 1965
Este junio volvieron las mariposas a pesar de la guerra.
Dejaron su polvillo coloreado en las calles con sangre.
Jugaron con los niños angustiados antes del día de San Juan,
y se marcharon luego con ruido de muerte y de metralla.
Este junio de estruendo los árboles crecieron más aprisa.
Las cigarras cantaron entre púas de acero.
Las lagartijas temblaron en el sol del verano,
junto al pozo ya seco, este junio sin lluvias.
Este junio no es piedra infantil lo que silba en el aire.
No son pisadas de niños las que secan la hierba.
Este junio de asombro un ciego olor de muerte
toca con mano sorda, las puertas del espanto.
Este junio brillante el color de las hojas es más agrio
porque andamos con brío y entereza hacía lo oscuro,
hacía la plaza estrecha y sin salida de la muerte
donde el polvo levanta su estatura de héroe.
Este junio decente, este enlutado junio sin exámenes,
este junio de huesos y cenizas, de mesa y de metralla,
de joven vida cercenada y agónico deseo,
el soldado no duerme y los pájaros callan.
DE CANTOS A HELENA
A Aída Cartagena
I
Dulce Protectora de Navíos. ¡Oh Helena!
posa tu mano en la guirnalda
y deja que arriemos la velas.
En iguales circunstancias
habríamos dejado atrás las ruinas
y la mentira de los monumentos,
mientras el mar color de las Antillas
canta golpeando las rocas de la isla.
Estuvimos en el frente. Lidiamos el toro con sus fuerzas
y con sus cuernos cavamos zanjas para la defensa.
Pero el mar, siempre el mar, nos acogió en la retirada.
Miramos el mar con límites,
como una unción sobre la piel bastarda
y sentimos la provocación de la sal en nuestros labios.
Fuimos acogidos y colmados.
Frente a nosotros: La vastedad inmensa.
¡Oh Helena!
Deja que arriemos las velas
y pongamos sitio a la ciudad.
Y la peste llegó sobre las tropas.
La corrupción creció en las calles de la ciudad sitiada.
Entonces se hizo necesario decretar:
Y alguien dijo buscando instaurar la disciplina:
En el pupitre existía un lugar para el tintero,
una ranura para el lápiz
y los libros debían estar lomo con lomo,
Frente a los libros, a la ranura del lápiz y al tintero;
la iglesia con sus prédicas secretas
y muchas teorías sobre los fusilamientos.
El emperador tenía sus caprichos:
Mocedades de sol en la mañana,
en la tarde un paseo frente al mar fecundante.
A veces, alguien cazaba una paloma
y otro hallaba un guijarro en su corazón.
Y el mar, color de ojos de Afrodita
batía dulcemente las rocas de mi isla.
Estamos en la segunda parte de la distancia.
En 1963 medido.
Entra ¡Oh Diosa! antes de la destrucción del pueblo
y no digas que es mentira este suceso.
LLUEVE Y ES QUE ES MAYO DULCE SEÑORA
(XII)
Madre de traje blanco, azul y rojo,
Madre Bandera Patria-
que animaste la familia y la hiciste sagrada,
Madre que encarnas tierna
en tus manos juntas la fe cambiante,
a veces traicionada
de esta tierra triste.
Madre del llanto solo, dolorosa,
madre de luto en viernes de primavera
en mi lejana infancia,
madre clavada de puñales como negro acerico,
quinta angustia en tu ansia de cuchillos siete
si es que la angustia contarse puede en números cardinales
u ordinales
y ponérsele número y nombre y apellido.
Madre de luto como tantas madres de la Patria y el mundo.
Madre de dulce amparo sin tropiezo ninguno,
marinera madre,
madre fluvial en el correr de ríos,
marina madre en el crecer de olas,
madre de puentes que conducen a la orilla segura.
(Madre carnal como tú, madre del hijo
que regresa a medianoche
y que espera sentada en mecedora sin
ruido de balances
para sentir el golpe de la silla
que atranca la puerta de llegada,
madre carnal como tú que visitas
las prisiones injustas para abrazar al hijo,
madre carnal que como tú que cubres
con un beso húmedo el correcto reproche;
madre carnal como tú sin tu pureza
y el seguro sentido de tu dolor
lleno de fe y espera...
¡Arropa con tu manto a tanta madre triste!).
MÁXIMO AVILÉS BLONDA
MÁXIMO AVILÉS BLONDA
(1931-1988)
|
Nació en Santo
Domingo el 16 de mayo de 1931. Fue el
intermediario entre sus compañeros de
estudios e inquietudes y María Ugarte,
cuando ésta da inicio a su fructífera idea
de crear en El Caribe, periódico que recién
iniciaba sus labores, una sección de
colaboraciones escolares para estimular el
talento en agraz de estos jóvenes de
aquellos años. Doña María, con una certera
intuición pretende aprovechar a un
estudiantado que se vuelca, desde todas las
partes del país, en las aulas prestigiosas
de la Escuela Normal Presidente Trujillo
(hoy Liceo Juan Pablo Duarte), y que
pululaba alrededor de nuestras figuras
mayores, algunas de ellas profesores de esta
Escuela Normal. Su labor no sólo se limitó a
la publicación de textos, sino que
contribuyó con orientaciones en cuanto a
lecturas y acopio de originales, en los que
Blonda participaba activamente, siendo
precisamente él quien inicia la Sección con
su soneto «Si de limpio jazmín estás
formada». Las influencias que demuestra este
soneto provienen de la moderna poesía
española: Alberti, Lorca, Miguel Hernández,
y en especial de los que representaban en
España la revalorización del gongorismo.
Paralelamente a sus actividades poéticas se
manifiesta en Blonda su amor por el teatro.
Recibe clases de actuación con Emilio
Aparicio, director del recién creado Teatro
Escuela de Arte Nacional, graduándose en
1949. Al año siguiente debuta como actor en
las obras Canción de cuna y Rosina es
frágil. Ingresa después como actor de
carácter en la citada agrupación teatral que
ya está dirigida, tras la sentida muerte de
Aparicio, por Modesto Higueras Cátedra.
Por extraña coincidencia el grupo de
compañeros que estudiaba en la Normal de
Varones y que se inicia conjuntamente en las
letras, continúa unido en la Facultad de
Derecho de la Universidad de Santo Domingo.
Entonces Fabio Herrera Roa propicia en la
revista Alma Máter una selección de los
poemas de esta promoción. Aquí bautiza
Avilés Blonda por primera vez a este grupo
como Generación del 48. Ese año acontece
para ellos un hecho importante: llegan al
país los poetas españoles Leopoldo Panero,
Luis Rosales y Agustín de Foxá. El primero
se interesa por la labor de estos jóvenes, y
los considera «uno de los brotes poéticos
más prometedores con que cuenta la poesía
general de habla española». Con tal juicio
estimulante el grupo adquiere conciencia de
sus valores, y decide por primera vez,
realizar actividades colectivas creando un
órgano de difusión para sus obras inéditas.
Nace de esta manera la colección «El Silbo
Vulnerado», donde Blonda se integra a Trío
con un manojo de sonetos titulado «Aura de
soledad». Su próxima publicación será la
obra de teatro Las manos vacías, publicada
en la «Colección Arquero» que dirige Antonio
Fernández Spencer, a quien precisamente el
grupo había combatido. Pero hay que esperar
a 1962 para que aparezca la obra poética
fundamental de Máximo Avilés Blonda: Centro
del mundo. El poeta ha explicado la forma en
que se puede hacer un canto o una serie de
cantos retratando la historia desde el alma;
una historia de hechos interiores que se han
grabado allí a causa de la resonancia
espiritual que encierran. Apegado a la gran
tradición de los cronistas, reavivada en
nuestros tiempos por Archibald Mac-Leish en
su Conquistador (1932), y por Saint-John
Perse, en Anabase (1924), Blonda se sirve de
la historia para trazar el balance trágico
de nuestro destino. La experiencia se
encuentra repetida, aunque no de manera tan
unitaria ni cabal, en los Cantos a Helena
donde, sin embargo, el poeta se proyecta
hacia otras vivencias históricas y míticas.
Esta vez la historia griega, en alucinante
paralelismo con nuestra realidad, se
convierte en soporte ideal de sus versos.
Como los demás poetas de su promoción, él se
ve impelido a una poesía de testimonio de
los hechos inmediatos que le ha tocado
vivir. Máximo Avilés Blonda fue, a pesar de
su temática civil, un poeta vinculado al
ritual mágico de nuestro pueblo, plasmado
con más propiedad que cuando aborda el tema
de protesta social. Héctor Incháustegui
Cabral pone de manifiesto la religiosidad de
este poeta al estudiar su poema «San Juan
Bautista». Dice, con frase no exenta de
cordial humorismo que, «Avilés, cuyas
aficiones religiosas rayan en manía, juega
en el poema -es juego, desde luego,
perfectamente serio- con palabras y
calificaciones de cuantos teologizan por
deber o por gusto...» Su labor en el teatro
abarca desde la formación de grupos
experimentales hasta la dirección del Teatro
Universitario. Escribió y estrenó con éxito
las siguiente obras teatrales: Las manos
vacías, La otra estrella en el cielo, Yo
Bertolt Brecht, y Pirámide 179, las tres
primeras montadas por el Teatro de la
Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Fue Director General de Bellas Artes
(1962-1966), Director de Extensión Cultural
y Acción Social de la UASD (1971-1972), y
profesor del Departamento de Letras de dicha
universidad. El 7 de diciembre de 1987 fue
condecorado por el gobierno dominicano con
la Orden de Duarte, Sánchez y Mella en el
grado de Gran Cruz Placa de Plata. Falleció
en Santo Domingo el 19 de enero de 1988.
Obras publicadas:
Trío (Colección El Silbo Vulnerado, 1957),
Las manos vacías (teatro, Colección Arquero,
1959), Centro del mundo (1962), Teatro
(1968), Cantos a Helena (1970), Centro del
mundo (1ra. edición, 1962, 2da. edición,
1970), Del comienzo a la mitad del camino de
la vida (1976), Los profetas (1978), Llueve
y es que es mayo, dulce Señora (1988).
|
|