LA
INSCRIPCIÓN CALDEA
Cuento inédito de Fernando Ureña Rib
Contemplaba el horizonte, paseándose por uno de
los jardines colgantes, mientras su mentor leía, reverente y suspicaz,
el código de Amurabi. Una sombra luminosa partió el cielo en dos y el
desierto, todo oro, resplandeció, estremeciéndose en silencio. El
mentor advirtió que había una clave indescifrable inscrita en las
márgenes del segundo código. Parecía un logaritmo, una inocua
referencia al margen.
Corría el año 1603 antes de Cristo y el Sultán Magnífico, Harum Al
Rashid, no vislumbraba ni la naturaleza del artefacto luminoso en el
límpido cielo, ni la de la oscura inscripción cuneiforme en las tablas
de argamasa.
Sin embargo la ley, en el código mismo, era muy clara: “Si alguien
trae una acusación grave contra un hombre y no puede probar los cargos
que le imputa, el acusador deberá ser entregado a la muerte.”
Según E-Kur, el memorable mentor asirio, el logaritmo marginal sugería
una clave geodésica tan perfectamente triangular, como el venerado
bumerán de Nemrod, en las ricas planicies de Ur. Era posible trazar, a
pesar de las enormes distancias, una línea de arena desde el remoto
sur, desde el templo sagrado de Harsag Kamala, hasta las ricas granjas
de Kish en el norte, volviendo y cerrando la línea cerca del Éufrates
en los insondables pozos de alquitrán de Dilbat. La anotación señala
claramente que todo regresa al punto de partida.
El sultán magnífico contradijo al asirio. No se trataba de coordenadas
de lugar, sino de tiempo. Argumentó que la inscripción señalaba al
fatídico destino de los pueblos y que el hombre del código, no
representaba a un hombre, sino una nación. El bumerán sólo indicaba
que tarde o temprano las acciones de los hombres se vuelven
inexorablemente contra sí mismos.
La discusión fue interrumpida por el estruendo de una enorme
explosión. La conflagración sacudió el firmamento y estremeció los
cimientos mismos de Babilonia. A poco, los curiosos se amontonaron en
las inmediaciones del templo de Dumash.
A esa misma hora y en el mismo lugar, tres mil seiscientos años
después, un reporte de guerra daría cuenta de la desaparición sin
rastros de un avión furtivo norteamericano.
FERNANDO UREÑA RIB