EX LIBRIS
Ante los ojos aparece un mundo impoluto, ingenioso e ingenuo:
son las imágenes de Alexandra von Hellberg. Un mundo donde la
felicidad es todavía posible.
Fuerzas secretas habitan ese mundo. Fuerzas que descubren y
liberan aquel niño que todos llevamos dentro y que tantas
veces se siente amordazado, reprimido.
Ahora, la visión sorprendida de ese niño recorre un mundo
desinhibido y espontáneo, fresco, libre.
Déjele recorrer ciudades ignotas, selvas deslumbrantes,
castillos encantados. El niño en nosotros, de la mano de
Alexandra, flotará sobre ricos fondos marinos, poblados de
sirenas, delfines y misteriosas plantas carnívoras. La escena
de un dulce erotismo se trasforma y el barco que surca el
infinito es un área repleta de submundos que se subdividen y
se conectan a otros mundos también libres y exaltados por la
incontenible capacidad fabuladora de esta artista oriunda de
Sudtirol o Alto Adige.
Así se trasmutan el paraíso perdido, los mitos ancestrales,
los ángeles y los centauros. La transición es sutil. Ella
reinventa la arquitectura de los templos y en la catedral
pululan los fantasmas.
El agua y el cielo, presentes siempre, se desdoblan como
espejos en los que flotan cisnes, elefantes, serpientes. En
ese mundo todo es posible, todo es terrenal, todo es divino.
Los símbolos aparecen y desaparecen trasformados. El amor, esa
cosa tan simple, se ofrece con plenitud, con alegría.
Así la desnudez no es un tabú, ni el sexo un pecado. Al
contrario, es aquella comunicación sagrada, maravillosa y
feliz que hace a los seres humanos rebosar de beatitud y de
gloria.
Y esa beatitud lo inunda todo, lo multiplica todo, lo
dignifica todo.
Sus imágenes son distintivas, gráciles, auténticas y su
perspectiva es primorosa, pura, sin retórica.
Serpientes aladas, sirenas, cisnes, delfines, dragones y peces
forman parte de este mundo de sutiles alegorías, donde la luna
se trasforma en soles y el lecho marino en una selva
impenetrable, habitada, sí por duendes e hipocampos.
En el sinuoso y rico camino de estas visiones y legendas no
pierda usted la mano de Alexandra von Hellberg. Y sobretodo,
abra usted bien los ojos, porque aquí, se permite sonar."