ARTE CHILENO

 

¿ARTE CONCEPTUAL

VERSUS

ARTES ACADÉMICAS?

JUSTO PASTOR MELLADO
 

 

Cuerpos Pintados

Alice Lafleche. Al inventar el "readymade", Marcel Duchamp habría provocado el divorcio entre el oficio y el arte, poniendo en ejercicio la idea y la práctica del "arte-en-general", como si éste fuera un nuevo género artístico, y, en consecuencia, habilitando la aparición del artista en sentido estricto. Es decir, no determinado por el carácter del oficio.   

 

 

 

DISCURSO CEREMONIA DE GRADUACIÓN
JUSTO PASTOR MELLADO
DIRECTOR
ESCUELA DE ARTE
VIERNES 7 DE SEPTIEMBRE DEL 2001.


Señora Silvia Pellegrini, Vicerrectora de Comunicaciones

Señor Jaime Donoso, Decano de la Facultad de Artes.

Señor Ramón López, Director de la Escuela de Teatro.

Señor Osvaldo Hasbún, Director del Instituto de Música.

Señoras y señores profesores de las unidades académicas que conforman la Facultad de Artes.

Estudiantes de la Facultad de Artes.


Lo que escucharán a continuación será un no muy breve discurso de graduación.

Al cabo de cuarenta años de historia, la Escuela de Arte ha logrado instalarse como un dispositivo de transmisión complejo de enseñanza, cuya legitimidad proviene de un tipo de reconocimiento orgánico también complejo al interior de la propia universidad, y cuya presencia en la formación de la escena plástica chilena está directamente relacionada con la potencia autoral de sus egresados- artistas.

Lo académico es un estatuto de productividad en lo que a conocimiento se refiere. Estamos hablando de conocimiento del arte.

¿De qué arte se trata? De lo que está descrito en el programa de Licenciatura en Arte. Y en este programa la enseñanza no se ha organizado a partir de los oficios del pintor, del escultor, del grabador o del fotógrafo.

Al inventar el "readymade", Marcel Duchamp habría provocado el divorcio entre el oficio y el arte, poniendo en ejercicio la idea y la práctica del "arte-en-general", como si éste fuera un nuevo género artístico, y, en consecuencia, habilitando la aparición del artista en sentido estricto. Es decir, no determinado por el carácter del oficio.

Pues bien: una escuela de arte que trabaja en la transmisión de un conocimiento destinado a habilitar la reproducción del arte-en-general es una escuela que inicia a sus estudiantes en esta especie de nuevo género estético, produciendo no ya grabadores, pintores, escultores, sino simplemente artistas en sentido estricto; artistas susceptibles de convertirse en profesionales, pero sin un oficio específico.

Esto significa afirmar un estatuto académico de una escuela post-duchampiana sin otra tradición que las convenciones que hacen operar el mundo del arte desde Duchamp en adelante. De otro modo, estaríamos reproduciendo el modelo de una escuela de arte anacrónica.

Nuestra convicción es que una escuela de arte dedicada al arte-en-sentido estricto, inscribe su programa teniendo como telón de fondo la cuestión de la transmisión.

Esto quiere decir lo siguiente: ¿de qué manera el arte se transmite de una generación de artistas a otra, en el seno de una sociedad determinada?

Para que los artistas transmitan una tradición, lo que hacen a menudo es transmitir la tradición de un oficio. Esa es la base del anacronismo. Nuestra preocupación ha sido la de configurar una enseñanza en que la tradición, pero sobre todo la tradición del arte moderno, pase principalmente por el "hacer".

Entonces, ¿cómo hacer que una tradición pase de un "hacedor" a otro "hacedor"? Entiéndase bien: la tradición del arte moderno. Para nosoitros, las "vanguardias históricas" son nuestro clasicismo.

Una escuela de arte no anacrónica trabaja en la especificidad siguiente: artistas confirmados (los profesores) se dirigen, a través de la palabra, mediante demostraciones, por su actitud, por todos los medios que se juzguen convenientes, a unos artistas en formación (los estudiantes), y estos últimos, devuelven, retornan las cosas que han realizado.

Esto es muy importante: la devolución se ajusta al protocolo de unos talleres específicos organizados por una voluntad de conducción pedagógica específica. Una parte importante del trabajo de escuela es la producción de dicha organización.

Pues bien: existen estos profesores que son artistas; es decir, que hacen cosas que conllevan un destino universal; y existen estos estudiantes, artistas en formación, que están aquí para aprender lo que significa hacer cosas que conllevan un destino universal. Diálogo que se realiza, por cierto, en el seno de un acuerdo universitario; es decir, ética y académicamente garantizado.

En este sentido, cuando ustedes se han preguntado para quién trabajan, cuando se han planteado a quien están dirigidas estas cosas de proyección universal, la única respuesta es la siguiente: es que han trabajado para satisfacer un acuerdo de formación.

El acuerdo de formación se ha sostenido en la reproducción de la tradición ligada al "hacer".

Un "hacer" que es, antes que nada, una manera de comprender cómo se produce, cómo circula, como se inscribe la información sobre arte. Y que esa información se valida solo en la medida en que se convierte en elemento de construcción de obra plástica.

El trabajo de una escuela consiste, pues, en producir cotidianamente esta transmisión de artista a artista; es decir, de profesor-artista a artista-en-formación.

Pero lo que está en juego no es la relación de un emisor hacia un receptor, sino la de un habilitador hacia un habilitante.

Esto es muy importante, porque nuestro propósito no ha sido proporcionar un diploma de artistas, sino producir una formación de artistas. El hecho que este estudiante en formación se convierta efectivamente en un artista profesional depende de otros factores.

Esto introduce la pregunta por el lugar de las escuelas de arte en el sistema de arte.

Lo propio de esta escuela ha sido, al respecto, producir habilidades para la habilitación artística. Las habilidades son conceptuales, no son ni exclusivamente técnicas ni exclusivamente instruccionales.

La única garantía de que esas habilidades sean conceptuales, en un sentido post-duchampiano, es que la habilidad adquirida sea el efecto de cruce de un habla que circula entre la lectura de la historia de las obras, los procedimientos de construcción de obra y el análisis permanente del "hacer".

Estas tres condiciones les permitirán leer, en sentido estricto, la tesitura real e imaginaria del espacio plástico chileno.

La enseñanza superior de arte posee una historia terminable que está delimitada por la tolerancia conceptual y la articulación técnica de un programa de estudios.

La tolerancia conceptual es la coherencia que este programa de enseñanza tendría con el desarrollo del arte contemporáneo, haciéndose. La articulación técnica da curso a un efecto instruccional. Pero este último aspecto no es decisivo.

Todos sabemos que una cosa es cumplir con la escuela, con la Universidad, con sus familias; otra cosa es cumplir con el indeterminado de la inscripción, cuya realidad se plantea desde ya, estando en la escuela, y la escuela a veces no acude a ponerse en el horizonte de esta demanda existencial, porque se refugia en los límites de su curriculum.

El trabajo de escuela consiste en aclarar la existencia de la frontera entre el cumplimiento del programa y la aparición, en el seno mismo de dicho cumplimiento, de la inscriptividad.

Es como decir: "dime de qué escuela vienes y yo te diré cual es la inscriptividad que te corresponde".

Con lo anterior, apunto al hecho de que si bien en toda enseñanza se establece un programa de referencia, lo que sanciona en definitiva la validez de la enseñanza de arte no es el cumplimiento estricto del protocolo, sino que a partir de su cumplimiento deslocalizado, lo que la legitima como práctica es un "plus curricular", en una concepción de conducción ética que proviene de la transmisión de un capital analítico, llamémosle "capital de docencia", que marcará la diferencia entre esta escuela y otras escuelas.

Este plus de docencia, este plus de conducción ética, es la marca de esta titulación.

Hay, si se quiere, una "ética de las obras", y existe, por sobre todo, una ética del artista.

La sociedad chilena nos exige ser artistas y ciudadanos; ciudadanos artistas, en una coyuntura intelectual caracterizada por la defección de la crítica.

Solo en las obras plásticas más relevantes de este período se ancla el capital de la crítica cultural contemporánea.

Esas obras han sido vuestros puntos de referencia. En esas obras corre, subterránea la coherencia de una ética y de una estética de la dificultad del arte chileno contemporáneo.

Debo agregar lo siguiente: es la habilitación de un conocimiento afectivo y efectivo del sistema de arte, quien permite comprender lo que quiere decir inscripción.

Por inscripción podemos entender, simplemente, reconocimiento de los pares. Ese es el público estricto que tenemos.

No es un titulo profesional o un grado universitario el que los hará artistas.

Lo que los hace artistas es la decisión de serlo, en el contexto definido para ello en el seno del sistema de arte, en una formación artística determinada.

Decisión implica construir efectos decisivos sobre una superficie de recepción cooperante, usando para ello las herramientas que el plus de docencia les proporciona.

Lo cooperante tiene que ver con la constitución de los círculos de públicos específicos en torno al reconocimiento de las obras.

Hay círculos más estrechos que alojan las tramas de la historia de las productividades artísticas.

Existe una historia de las obras; existe una historia de sus procedimientos constructivos e inscriptivos. Es así como se agencia la función de la enseñanza del arte en sistema de arte.

Hoy día les haré una pregunta: a cuatro años de haber iniciado sus estudios, en el momento de su conclusión, ¿para quién trabajan? La respuesta asalta a la vista: se trabaja para los pares y para el reconocimiento en el sistema de arte. El público, el espectador de arte, pertenece a los distintos estratos de este sistema.

Este sistema de arte está conformado por una diversidad de agentes que configuran una compleja trama que, por lo demás, vive amenazada por el fantasma de la crisis.

Este sistema lo conforman variadas instituciones: musealidad, industria editorial, medios de prensa, galerismo, coleccionismo, enseñanza superior, etc. Estas instituciones son referentes de atracción y repulsión de variados agentes: directores de museos, curadores, críticos de arte, profesores de historia, artistas, profesores de diversas materias en escuelas diversas, galeristas, coleccionistas, restauradores, etc.

Como se verá, la enseñanza es uno de los sectores de este sistema. Esta enseñanza se da en la universidad. En nuestro país, el saber del arte se reproduce en el aparato universitario. Pero suele ocurrir que su producción no ocurra en el terreno universitario. La universidad suele no ser un lugar de producción eminente de arte. Lo que produce es un conocimiento del arte, sobre el arte. Lo que quisieramos sería convertir a la universidad, a la escuela, en un lugar de producción de arte; es decir, en un lugar donde la credibilidad de los docentes esté refrendada por las obras que ponen en movimiento y que se establecen como puntos de referencia de la transmisión de su conocimiento.

En eso consiste el trabajo de enseñar arte contemporáneo en sus obras, desde las obras; esto es, enfrentar la inestabilidad de los signos con la estabilidad metamorfoseable de las herramientas construidas en una relación de docencia.

Es cierto, ya no será posible hacer persistir esta relación. Se trata, ciertamente, de una cierta pérdida. Pero también, se trata de una ganancia; la ganancia de saber que la inscriptividad no es el efecto de una justicia distributiva e igualitaria que les correspondería como delegación de un principio natural, sino que depende directamente del deseo de ser; esto es, de la construcción paciente de una mirada colectiva sobre una obra en constitución.

Esa es la marca; esta es, la condición, de un título, como el que hoy día celebramos.

Gracias.
 

 

 

 

 

 

 
POESÍA DOMINICANA

 

franklin mieses burgos

CANCIÓN DE LA VOZ FLORECIDA

 

 

 

 

 

La poesía del dominicano Franklin Mieses Burgos sobresale en el ámbito de la poesía hispanoamericana por las sutilezas de su musicalidad, la rica profundidad de sus imágenes y la identificación plena entre los mundos físico y espiritual, que coinciden y se transubstancian creando hilos finísimos, vasos comunicantes que conducen a una eclosión etérea y al mismo tiempo apasionada. Esa conjunción abre espacios, sin embargo, para innumeras posibilidades expresivas. El asombro del poeta de ojos ardientes se pasea sobre su propia voz, que personifica y transforma en árbol o en llanto o en canción. Franklin Mieses Burgos es uno de los poetas más sólidos y conmovedores de toda la poética latinoamericana.

 

Fernando Ureña Rib


 

 

 

CANCIÓN DE LA VOZ FLORECIDA

Yo sembraré mi voz en la carne del viento
para que nazca un árbol de canciones;
después me iré soñando músicas inaudibles
por los ojos sin párpados del llanto.

Colgada sobre el cielo dolido de la tarde
habrá una pena blanca, que no será la luna.

Será una fruta alta, recién amanecida,
una fruta redonda de palabras
sonoras, como un canto:

maravilla sonámbula de un árbol
crecido de canciones, semilla estremecida
en la carne florecida del viento:
-mi voz.




ESTA CANCIÓN ESTABA TIRADA POR EL SUELO

Esta canción estaba tirada por el suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
la hallaron unos hombres que luego me la dieron
porque tuvieron miedo de aprender a cantarla.

Yo entonces ignoraba que también las canciones,
como las hojas muertas caían de los árboles;
no sabia que la luna se enredaba en las ramas
náufragas que sueñan bajo el cristal del agua,
ni que comían los peces pedacitos de estrellas
en el silencio de las noches claras.

Yo entonces ignoraba muchas cosas iguales
que eran todas posibles en la tierra del viento,
en donde la leyenda no es una hierba mala
crecida en sus riberas, sino un árbol de voces
con las cuales dialogan las sombras y las piedras.

Yo entonces ignoraba muchas cosas iguales
cuando aún no era mía
esta canción que estaba tirada por el suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
pero ahora ya sé de las formas distintas
que preceden al ojo de la carne que mira,
y hasta puedo decir por qué caen de rodillas,
en las ojeras largas que circundan la noche,
las diluidas sombras de los pájaros.




 

Franklin Mieses Burgos

 

 

Franklin Mieses Burgos
(1907 – 1976)



Nació y murió en la ciudad de Santo Domingo. Autor de una breve e intensa producción poética. Resalta por su exactitud a la técnica, su profundo lirismo y conceptos filosóficos de tinte existencial. Mieses Brugos fue uno de los iniciadores del movimiento literario de su país llamado "Poesía Sorprendida". Se determina por el acendrado Surrealismo y por su posición antidictatorial, en este caso, contra el gobierno del dictador Rafael Trujillo. Otros poetas que formaron parte de este grupo otros autores como Freddy Gastón Arce, Aída Cartagena y Gilberto Hernández Ortega, entre otros.

Fue, con el crítico y poeta chileno Alberto Baeza Flores y los poetas dominicanos Mariano Lebrón Saviñón y Freddy Gatón Arce, uno de los fundadores de La Poesía Sorprendida (1943-1947). Como anunció Alberto Baeza Flores en el primer número de la revista, “No sabemos si la poesía nos sorprende con su deslumbrante destino, si nosotros la sorprendemos a ella en su silenciosa y verdadera hermosura”. Ya en la contracubierta, se anuncia “estamos por una poesía nacional nutrida en lo universal, única forma de ser propia; con lo clásico de ayer, de hoy y de mañana; con la creación sin límites, sin fronteras y permanente; y con el mundo misterioso del hombre, universal, secreto, solitario e íntimo, creador siempre”. Así, por las páginas de la revista, pasaron Jules Supervielle, Paul Eluard, Robert Desnos, Pierre Reverdy, André Gide, Paul Claudel, James Joyce, George Santayana... para sólo mencionar los autores que aparecieron en los primeros tres números.

        Mieses Burgos fue, también, director ejecutivo del Instituto Dominicano de Cultura Hispánica y dirigió su revista, Hispaniola. Codirigió también la colección "La Isla Necesaria", la cual editó varios volúmenes de autores dominicanos.

        La poesía de Franklin Mieses Burgos, está caracterizada por un profundo lirismo: a veces existencial, otras veces política... y casi siempre surrealista. Su producción poética podía dividirse en tres categorías: la hermética, donde se manifiesta la influencia surrealista; la que sigue modelos clásicos (los sonetos); y la de temas populares. La primera, creemos, contiene quizás sus mejores poemas.
 

Podemos citar, entre sus múltiples obras poéticas, cronológicamente, las siguientes: Torre de voces (1929 –1936), Trópico íntimo (1930 –1946), Propiedad del recuerdo (1940 – 1942), Clima de eternidad (1944), 12 sonetos y una canción a la rosa (1945 – 1947), Seis cantos para una sola muerte (1947 – 1948), El ángel destruido (1950 –1952) y Al oído de Dios (1954 – 1960). Aquí presentamos un florilegio entresacado de varios de estos libros.

En cuanto a su poesía resumir algunas de las características que se encuentran en su poesía. Escribe al estilo tradicional con la misma facilidad con que escribe de acuerdo a la vena modernista y posmodernista. Al lado de una poesía sumamente elaborada y difícil encontramos poesía de formato popular, extremadamente musical y fácil. Puede seguir los moldes métricos de los antiguos como incurrir en los del momento vanguardista, etc.

Pero lo más admirable es que, bien escriba de una u otra manera, siempre se muestra auténtico en sus metros y temas. Emplea a veces metáforas sorprendentes, hasta llegar a lo audaz. Se nota con frecuencia mucho colorido sensual como substrato de lo onírico y psíquico y surrealista. Pero sobre todo ello, sobresale su apego al trópico: el sol, la vegetación exuberante y el mar. El mar es la marca común de casi todos los poetas isleños

Las nuevas formas de poesía tendrían en Franklin Mieses Burgos (1907-1976) a su figura puente. Mieses, autor de Sin mundo ya y herido por el cielo (1944), Clima de eternidad (1947) o Presencia de los días (1949), se caracterizó por su musicalidad lírica. Más sensual e imaginativo, casi lorquiano, fue Rafael Américo Henríquez (1899-1969), quien dirigió la revista La poesía sorprendida, editada de 1943 a 1947 y en torno a la cual se integraron importantes personalidades literarias dominicanas; además, escribió Rosa de tierra (1944).
 

 


LITERATURA

ANTONIO FERNÁNDEZ SPENCER

JOSÉ ALCANTARA ALMÁNZAR

JOSÉ MÁRMOL

JUAN BOSCH

MANUEL DEL CABRAL

MARCIO VELOZ MAGGIOLO

ENRIQUILLO SÁNCHEZ

EFRAIM CASTILLO

PEDRO MIR

JEANNETTE MILLER

ABIL PERALTA AGUERO

SALOMÉ UREÑA

PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA

RITA INDIANA HERNÁNDEZ

HILMA CONTRERAS

FRANKLIN MIESES BURGOS

FERNANDO VALERIO HOLGUIN

ANDRES L. MATEO

AMADO NERVO

ANTONIO FERNÁNDEZ SPENCER

CARLOS FUENTES

ENRIQUILLO SÁNCHEZ

JOSÉ RAFAEL LANTIGUA

JUAN JOSÉ ARREOLA

JULIA ÁLVAREZ

JULIO CORTÁZAR

JUAN BOSCH

FERNANDO UREÑA RIB

GABRIEL GARCIA MARQUEZ

MARCIO VELOZ MAGGIOLO

MANUEL RUEDA

MARIO VARGAS LLOSA

MARTA TRABA

PABLO NERUDA

PEDRO HERNRÍQUEZ UREÑA

HILMA CONTRERAS

RITA INDIANA HERNÁNDEZ

OCTAVIO PAZ

PEDRO MIR

PEDRO PEIX

MANUEL DEL CABRAL

SALOME UREÑA 

 

 

LA OBRA DE UREÑA RIB

CUENTOS

LA INICIACIÓN

CELAJES

MALENANORADA

EL NAHUAL

PULPO A LA GALLEGA

LA PORTEÑA

LA TOSCANA

LA PUTANA DE PERPIGNAN

LA TORRE VIGILADA

LA SOLUCIÓN EN EL OMBLIGO

LA VENUS DE TABOGA

VIENTOS DEL NORTE

LA VINDICACIÓN DE OMAR

EL ABRAZO

DEL LIBRO FÁBULAS URBANAS

OBRA PICTÓRICA

ABSTRACCIONES

ALEGORÍAS

AMAZONAS

CRISÁLIDAS

DESNUDOS

DIBUJOS

FIGURACIONES

FORTUNA

ONÍRICA

LÚDICA

ORÁCULOS

DADORAS

NINFAS

OCEÁNICA

ORGÁNICA

DEL LIBRO DECIR LA PIEL

 

 

LITERATURA

 

 

 

 

Ureña Rib has seen his work exhibited around the World and holds a prominent position on the Art scene in his own country, but he admits to be particularly drawn to Montreal, which he visits annually. Renting a studio in the downtown Belgo Building, he immerses himself enthusiastically in the creative and diverse atmosphere of Montreal producing here his works.

FERNANDO URENA RIB

ART STUDIO

 

 

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Revisado: January 01, 1901
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