ARTE DOMINICANO

 

LA FLAUTA DE EVA

FERNANDO UREÑA RIB

CUENTO

 

 

LA FLAUTA DE EVA

 

(A Evelyn Peña Comas, flautista dominicana en Leipzig)

 

En el paraíso nadie toca la flauta como Eva.  La insuficiente historia no lo registra. Sépase que numerosos detalles del paraíso han sido perversamente ignorados o tragados por el voraz olvido de los hombres.  Créanme, yo puedo referir esta historia con plena autoridad,  porque  la acompañé durante sus largos años de aprendizaje.  Recuerdo que era una flauta transversal y rígida, de oro macizo.  Es lo único digno de escucharse en todo el paraíso.  Sé incluso que la inventó un ángel saltarín cuyo propósito era crear una trompeta, para tocar alerta en sus ejercicios matinales de vigilancia.  Él guardaba el lado Este del jardín, a las puertas del sol, y buscaba transformar en música el breve y sublime instante del amanecer.

 

Eva encontró aquella flauta perdida entre juncos y desde entonces no ha dejado de soplarla.  Yo era el único que le prestaba oídos, embelesado con su sonido claro en las noches de luna.  A Adán no le importaba lo de la flauta.  Él solía perderse y ni Eva ni yo le veíamos por largas temporadas.  Dicen que se ocupa en negocios oscuros, que juega en los casinos, que se emborracha o descifra logaritmos.  Otros afirman que se escapa para evadir el pago de los impuestos que generan sus bienes raíces y la hacienda que debe pagar por los extensos terrenos que ocupa el paraíso. Yo, sin embargo, he estado siempre al lado de Eva, enredado dulcemente en su cuello.  Algunos sospechan, con malvada razón, que soy su amante.

 

Aunque el paraíso tiene millares y millares de hectáreas, los ecos de la flauta de Eva se escuchan muy lejos, en los innúmeros valles y laberintos florales.  Las melodías flotan por los aires y yo las recojo para ella, cimbreándome entre los lirios.  Debo confesar, sin embargo, que llevo muchas melodías en mi vientre.  Otras, la mayoría, aún flotan en los espacios anhelantes, o se prenden como frutos a las ramas de los árboles.

 

Dios, a quien le divierte jugar con el tiempo, suele traer a Eva sus partituras favoritas.   Eso que ustedes escuchan ahora, por ejemplo,  es el Concierto en Re mayor para flauta y orquesta de Mozart, que Dios escucha con placer cuando sale a cenar por alguna ciudad o desea olvidarse de las odiosas guerras de los hombres.   

 

Mienten quienes afirman que yo seduje a Eva o la induje al pecado.  Todo lo contrario, es ella quien aún me seduce, me encanta y me enloquece.  Es ella quien trata de parecerse a mí con sus bailes del vientre y el sonido de su flauta sinuosa, flexible y dúctil.  Ella me imita y sigue con sus notas mis movimientos y piruetas,  mientras me deslizo milagrosamente por la yerba mojada.  Yo amo secretamente a Eva. Soy la serpiente del Edén. 

 

FERNANDO UREÑA RIB

 

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Revisado: January 10, 2012
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