ARTE DOMINICANO
 

 

CIEN AÑOS DE NOVEDAD

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

FOTOGRAFÍA Y ARTE CONTEMPORÁNEO

 

Desde hace unos días se presenta en Santiago el nuevo Concurso de Arte E. León Jimenes. Los organizadores, muy amables, me invitaron a la apertura y a una posterior gira explicativa de la exposición alojada en el Gran Teatro del Cibao. Decliné la invitación debido a otros compromisos, pero la verdadera razón de mi apatía eran las imágenes de las obras premiadas, reproducidas en la prensa.

Se ha premiado, fundamentalmente, la fotografía. La pintura y la escultura han sido excluidas. La ventaja de esto es que para ver fotografías no es necesario trasladarse, hacer la travesía ni estar allí, de cuerpo presente, en la ciudad de los treinta caballeros. Pero en esa "ventaja" yace la diferencia entre el arte y la fotografía. La fotografía se reproduce de manera perfecta en catálogos y libros. No hay pérdida de detalles. La fotografía es, en sentido absoluto, bidimensional. Con la llegada de las tecnologías digitales, cualquier fotografía puede reproducirse, con medios mecánicos de impresión, un incontable número de veces sin que se advierta variante alguna. Una escultura y una pintura no.

La obra de arte es única e irrepetible. La reproducción fotográfica de una obra de arte apenas nos acerca a un aspecto de su realidad. Para apreciar plenamente una obra de arte el espectador tiene que estar presente, frente a ella, de manera directa. Desde lejos podemos empezar a admirar El David o la Piedad de Miguel Angel, podemos asombrarnos ante el Guernica de Picasso, o ante las pinturas eróticas de las cuevas de Ajanta. Pero para apreciarlas en toda su dimensión, peso y medida no hay sustitutos ni reproducciones que valgan. Lo mismo ocurre con la música. La diferencia es abismal, entre estar presente en la Opera de Salzburgo y escuchar Aida, de Verdi, conducida por Herbert Von Karajan, que escuchar su reproducción en un disco compacto. La reproducción digital de los sonidos, por exacta que fuera, no sobrecoge ni impresiona los sentidos del espectador de la misma manera.

Esa comunicación inmediata, que no admite mediador alguno, entre obra de arte y espectador marca una diferencia que ha sido obviada por quienes tuvieron a su cargo la premiación del concurso de E. León Jimenes. La fotografía, el cine y el video se reproducen incontable número de veces y no exigen la singularidad de la pieza original. Por tanto, las artes plásticas no deben ser puestas a competir juntas con las artes visuales, simplemente porque no son categorías semejantes.

Los artistas plásticos realizan sus obras directamente con las manos y con útiles que les ayudan a transformar ellos mismos la materia. Esos instrumentos podrían ser mecánicos, como un taladro, un soldador, un soplete... no importa. Lo que importa es que la obra realizada sea auténtica, única e irrepetible. La imagen mental del artista ha sido convertida en realidad física, concreta, material. Su ingenio y su talento le permiten alcanzar un mayor o menor grado en la calidad de la ejecución.

Esa calidad, apreciada dentro de una vasta experiencia de ensayo y error, marca la diferencia de calidad entre las obras de arte. De la de la misma manera que se advierten diferencias de nivel entre un virtuoso del violín y un principiante, es posible admitir que no todos los artistas plásticos ejecutan sus obras con los mismos niveles de creatividad, originalidad y calidad.

Los organizadores, jurados y curadores de las bienales y concursos de arte pretenden ignorar que artes visuales y artes plásticas no son la misma cosa. Los ponen a competir a todos juntos. Ni siquiera en las ferias de animales se ponen a competir los chivos con las vacas o los padrotes con las garzas. Pero no es ignorancia.

El problema es que el lugar de las artes plásticas está siendo tomado. Se las quiere aniquilar, sacarlas de circulación, eliminarlas por completo. Los museos de arte contemporáneo retiran incomprensiblemente la pintura y la escultura de sus salas y en su lugar aparecen enormes espacios vacíos con instalaciones de utilería, con una parafernalia de desperdicios acumulados aquí y allá. Para que usted los tome en serio, estos objetos vienen acompañados de sesudos mensajes filosóficos, ecológicos o políticos.

Es arte conceptual, le dicen. A diferencia de las artes plásticas y de las artes visuales, este un arte creado para el pensamiento, no para los sentidos. La sensación es similar a la de asistir a un concierto sin músicos ni sonido, en el que se le dan indicios para crear usted, en su cabeza, su propia música. Tiene su gracia, porque el arte conceptual inicia al espectador en los laberintos de la meditación. Lo que no tiene es novedad. Todo esto se basa en el mismo principio y realiza la vieja secuela del orinal de Marcel Duchamps. Aunque se presenta cada vez con visos de novedad, se trata de una novedad que ya ha cumple cien años.

Fernando Ureña Rib

 

 

LA OBRA DE UREÑA RIB

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DEL LIBRO FÁBULAS URBANAS

OBRA PICTÓRICA

DEL LIBRO DECIR LA PIEL

MUJERES EN EL ARTE

 

 

 

 

 

 

 

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Revisado: January 10, 2012
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