CUNY
recibe obras recientes de Arte Dominicano
El
Centro León presenta en Nueva York una selección de obras galardonadas
en el Concurso de Arte Eduardo León Jimenes, donde participan los
artistas que merecieron los premios en la más reciente edición del
certamen. La muestra le permitirá a los artistas dominicanos que
residen en Estados Unidos conocer las Bases que regirán la XXI primera
edición del Concurso
El Centro Cultural Eduardo León Jimenes inaugurará el próximo 24 de
abril, en M. R. Cohen Library del City University of New York (CUNY),
la exposición Concurso de Arte Eduardo León Jimenes:
Selección de Obras Premiadas. Esta significativa muestra se exhibe
en Estados Unidos a propósito de la convocatoria al XXI Concurso de
Arte Eduardo León Jimenes, el más antiguo auspiciado por una
iniciativa privada en América Latina, y contiene catorce piezas
galardonadas en ediciones anteriores del certamen, incluyendo a todos
los artistas ganadores del último Concurso celebrado en 2004. Esta
muestra, además, permite observar los caminos que ha recorrido la
producción artística contemporánea de República Dominicana a partir de
la segunda mitad del siglo XX.
La inauguración de esta exposición en Nueva York propicia la
presentación de las Bases que regirán el XXI Concurso de Arte Eduardo
León Jimenes, que se celebrará en Santiago, República Dominicana, en
octubre de 2006. En esta edición del certamen se renuevan sus
reglamentos con la intención de facilitar la participación de un mayor
número de artistas dominicanos, ampliando su convocatoria por primera
vez a artistas que posean otra nacionalidad y que sean hijos de
dominicanos. Al abrir la participación a los creadores dominicanos de
la diáspora, el Concurso les ofrece mayores oportunidades de
intercambios y diálogos con sus colegas de República Dominicana, a la
vez que les facilita el encuentro con parte de sus raíces culturales.
El Concurso de Arte Eduardo León Jimenes se realiza desde 1964 con la
doble intención de impulsar el desarrollo de las artes visuales y
estimular la creatividad en las nuevas generaciones de artistas en
República Dominicana. Desde su primera edición, ha estado fundamentado
en el principio de que la creación artística constituye una de las
expresiones más auténticas y solidarias del espíritu humano.
El Centro León, una de las más importantes instituciones de su tipo de
la región del Caribe, fue inaugurado en octubre de 2003 y desde
entonces ha recibido varios reconocimientos internacionales por
haberse convertido en muy poco tiempo en un modelo continental de
buenas prácticas culturales. Como parte de sus múltiples objetivos, el
Centro León valoriza el papel del arte, particularmente de las artes
visuales, en la formación de las identidades culturales, enfatizando
la relación y el rol expresivo que éstas articulan en la sociedad.
El Instituto de Estudios Dominicanos de CUNY, por su parte, es una
unidad de investigación interdisciplinaria dedicada a la producción,
recopilación, y difusión del conocimiento de los dominicanos en los
Estados Unidos, así como en República Dominicana y muchos otros
lugares. Por ello, las políticas y ejes temáticos que rigen el trabajo
de ambas instituciones sostienen importantes coincidencias. Promover
este tipo de acciones, estrategias y programas de colaboración
interinstitucionales, aumentará el interés por conocer la gran
diversidad de expresiones artísticas que se desarrollan a partir de
los valores culturales de República Dominicana en todas partes del
mundo.
La exhibición en Nueva York de la exposición Concurso de Arte
Eduardo León Jimenes: Selección de obras ganadoras está organizada
por el Centro León, por City College Libraries, y por el Instituto de
Estudios Dominicanos de CUNY. La muestra, además, cuenta con los
auspicios de US Trust, el Grupo León Jimenes y American Airlines.
Causó revuelo entre los artistas plásticos dominicanos el que la
pintura y la escultura fueran, de hecho, declaradas desiertas en la
premiación del concurso de arte E. León Jimenes, recientemente
celebrado en Santiago. Como no he visto la muestra, ignoro la calidad
de las pinturas y esculturas presentadas a concurso y sería injusto
que me refiriera a las obras premiadas que, sin lugar a dudas, tienen
sus méritos.
Debido a que los concursos de arte señalan nuevos caminos a seguir
e inducen a los jóvenes a adoptar las tendencias de las obras
premiadas, es importante detenernos y reflexionar sobre la
significación de este hecho. En esta reflexión hacemos bien en
participar artistas, fotógrafos, críticos, jueces, curadores y
organizadores de concursos.
Nadie olvida que la pintura y la fotografía estuvieron íntimamente
ligadas desde el nacimiento de esta última, a mediados del siglo IXX.
Esta hermandad no estuvo exenta de disputas. La fotografía era, para
la pintura, una especie de instrumento, de utensilio que servía para
congelar en el tiempo la imagen elusiva de la realidad. Los grandes
maestros la utilizaban para sus retratos y los retratos fotográficos
se empeñaban en asemejarse a los pictóricos. Críticos y artistas
tardaron muchas décadas y dudaron en reconocer a la fotografía como un
arte por derecho propio. Y sin embargo, muchas de las admirables
pinturas del impresionismo en el siglo IXX se originan o se apoyan en
la fotografía. Las contribuciones y el trasiego de influencias entre
ambas categorías artísticas son de tan fecunda variedad y de tantas
vertientes que es imposible enumerarlas todas.
Este parece ser el gran momento de la fotografía. Los que defienden
la exclusión de la pintura de estas premiaciones alegan que durante
muchos años la pintura fue el arte dominante y que sólo recientemente
se ha permitido a la fotografía participar en concursos y bienales de
arte. Los tiempos cambian, aducen, y señalan que el hecho de que
curadores y museógrafos reconozcan internacionalmente a la fotografía
como el arte de nuestro tiempo la sitúa al mismo nivel o en uno
superior a la pintura. Esos mismos curadores se han ido eliminando
paulatinamente la pintura y las demás artes plásticas, de los museos
de arte contemporáneo y de las grandes manifestaciones culturales que
en otrora eran dominadas por las artes plásticas.
No es de extrañar. La fotografía posee incontables recursos
tecnológicos. La imagen fotográfica puede ser manipulada de manera
creativa y reeditarse hasta infinito. No hay nada que se anteponga
entre el fotógrafo, su lente y su objeto que no pueda ser reproducido,
ampliado, superpuesto y transformado con medios químicos o con
sofisticados sistemas computarizados de edición. La tecnología digital
invade el cine, la música, el video con admirables aciertos.
La pintura padece la desventaja de no manejar esos tecnicismos. Sin
embargo, cada categoría posee los recursos que le son propios. Cada
disciplina artística merece su propio lugar, su propio espacio. Los
concursos de fotografía, de cine, de artes escénicas, de literatura y
poesía, y de artes visuales deben existir y de la misma manera
deberían existir los de artes plásticas.
Sin grandes habilidades ni talento, para una cosa ni para otra,
muchos artistas contemporáneos se esfuerzan por mezclarlo todo en el
mismo caldero y el resultado es a veces un sancocho intragable. No
sabe el espectador si está frente a una obra poética, escultórica,
dramática, musical, óptica o pictórica. Todo se vale. "Entren todos"
como decía nuestro viejo maestro de la política. Y efectivamente,
entra cualquiera y tira al medio su menjurje. Los tiempos cambian, es
verdad. Pero no necesariamente mejoran.
Pero hay otro asunto aún más grave. Queremos (aquí en Dominicana)
parecernos a los demás, seguir las corrientes en boga en Nueva York,
París, Sau Paulo, o Berlín. Es la globalización del arte. Eso es en sí
un contrasentido. Lo importante es que el arte ( no importa la
categoría o disciplina) sea auténtico. Es decir, que manifieste, no lo
general que ocurre en el mundo exterior, sino la manera particular,
personal e íntima en cada artista es capaz de ver e interpretar esa
realidad o su propia realidad personal. Para comunicar esa percepción
el artista toma en cuenta su entorno inmediato. Esto es: los valores
apremiantes de su condición humana, de su raza, de su civilización, de
su cultura. Aquí somos miméticos y seguimos fielmente lo que hacen los
demás y premiamos lo que más se parece a lo que ocurre fuera. Esa
manera de competir nos pone en desventaja, porque las mismas ideas
básicas (conceptos) que se premian aquí son las que se premian en
Bélice o en Chile o en la Conchinchina.
Mi postura es, pues, que el espacio que le corresponde a las artes
plásticas (vale decir Pintura, Escultura, Dibujo y Grabado) ha sido
tomado por otras cosas. Se les ha quitado en nombre de una novedad que
no es tal. La fotografía cuenta siglo y medio. Existe una fotografía y
un cine clásico. La pintura y la escultura de hoy tampoco son las
mismas de hace un siglo. Pero una cosa es que la pintura, (como la
fotografía y el cine) haya cambiado, y otra que se les extirpe y se
les elimine del mapa. Y ese es precisamente el plan de los curadores y
museógrafos contemporáneos que quieren verla desaparecer. Es la muerte
del arte de que hablaba Hegel, hace ya casi dos siglos. La batalla es
muy vieja. En los años de 1960 Joseph Beuys hablaba de que ya pintar
cuadros es absolutamente innecesario. Esa es la idea predominante hoy.
La pintura, la escultura, el grabado y el dibujo parecen sobrar y no
tienen ya quien les defienda.
La fotografía, el cine, el video se basan en el mismo principio
óptico de la cámara fotográfica. Con sus infinitas vertientes
creativas, claro está. Estas categorías no son similares, (con esto no
digo inferior ni superior) a las de la pintura, la escultura o el
dibujo. Simplemente son categorías distintas, no comparables, que no
deben ser puestas a competir entre sí. Si en las bienales se ponen a
competir la fotografía con la pintura, no veo por qué no habrían de
enviarse filmes, cortometrajes, etc.,
Lo que sigue siendo verdad es que hay cosas que sólo pueden ser
comunicadas a través de un medio artístico particular. Fuera el que
fuere. La poesía sólo se puede comunicar a través de la poesía y la
fotografía a través de la fotografía. Llevada al lienzo, en mayor o
menor dimensión, una fotografía continúa siendo fotografía. La pintura
no puede alterar su tamaño.